Sevilla

Hace ocho años Álex de la Iglesia se presentaba como presidente de la Academia con un mensaje que le colocaron como el enemigo número uno de los puristas. Desde su estrado, y en pleno debate sobre la piratería y la Ley Sinde, el director dijo aquel mítico: “internet no es el futuro, es el presente”.

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Hoy, en 2019, el tiempo le ha dado la razón. El cine ha cambiado, internet ha supuesto una revolución y ha traído nuevas formas de ver películas, de consumir ficción. Netflix está aquí, y HBO, y Amazon… y las televisiones con productos cada vez más sofisticados que enganchan a millones de personas.

Mariano Barroso recogió en la gala de los Goya el testigo de Álex de la Iglesia y dejó claro que la televisión no es la enemiga, ni los móviles, ni internet. Sólo son nuevas formas de consumir. Que el director haya rodado con Movistar una serie y prepare otra es una seña de que ha entendido que las historias viajan por sitios diferentes. De hecho, Barroso reconocía hace meses que se ha abierto el debate en la Academia sobre si habría que dar un Goya a la Mejor serie.

“17 millones y medio de personas han llegado hasta la sala de cine para ver en la pantalla grande una película española, después de sortear un bosque cada vez más espeso de pantallas de todos los tamaños. Eso tiene un mérito. Pero seríamos muy torpes si viéramos esos miles, millones de pantallas pequeñas como enemigas. Los espectadores ven nuestras películas en las salas, pero también hay muchos que nos buscan en otras pantallas. En nuestro país y en todo el mundo”, aseguró después de acordarse de Yvonne Blake.

Y continuó: “Porque se puede decir que nuestro sector exporta toneladas de emoción.Somos la Academia de todas y todos los compañeros que nos han precedido en el oficio imprescindible de contar historias con imágenes y sonidos. Porque eso es lo que somos. Contadores de historias. Todos venimos del mismo origen, que no es otro que la palabra escrita por nuestros guionistas. Contamos sus historias para todo tipo de pantallas. Pero unas no van a derrotar a las otras. El cine no debe derrotar a la televisión. Y la televisión no debe derrotar al cine. La nuestra es una alianza de ganadores. Debemos enfrentar esta realidad con pasión y sin miedo. Sin complejos”.

Para los agoreros también tuvo un mensaje colaro, “el cine no va a desaparecer”. “Solo está buscando permanentemente nuevas formas. Gracias a quienes ven producción audiovisual española, y se emocionan con ella, en nuestro país y en todo el mundo, en cualquiera de sus formatos”. Porque esta Academia es la de “Berlanga, de Borau, de Trueba, de Saura o de Almodóvar. Pero también somos la Academia de Mario Camus, de José Luis Cuerda, de Pilar Miró, de Jaime Chávarri, de Josefina Molina, de Fernán Gómez... por nombrar solo a algunos directores que han hecho cine y también televisión”.

Ese fue el centro de su mensaje, claro y conciso, aunque también se acordó de cómo nuestro cine ha visibilizado a personajes que hasta ahora estaban en la sombra: “Un año más nos hemos puesto de acuerdo en sacar a la luz a unos personajes a los que ignoramos o silenciamos todos los días. Personajes que habitan historias que teníamos pendientes: Como la historia de exclusión social de Campeones, que nos degrada a todos como sociedad. O la historia de Carmen y Lola, un amor que resulta más digno cuanto más prohibido. O la de El Reino, con ese hombre corrupto al que abandonan hasta los suyos cuando no les sirve. O la de esos hermanos que luchan por vivir con dignidad, Entre dos aguas”.

“Queremos agradecer a nuestros espectadores su apoyo y su presencia. Y decirles que no olvidamos ni un solo día nuestro principal deber como cineastas, que no es otro que el de hacer buenas películas y que lleguen al público. Gracias a nuestros actores y técnicos, que se dejan la piel para que esto sea posible, y que saben mejor que nadie que pese al gran momento del audiovisual español, el paro y la inestabilidad continúa siendo parte del oficio”, zanjó en uno de los discursos menos políticos, pero más clarividentes de los que se recuerdan en una gala de los Goya.