Martin Sheen en un fotograma emblemático de Apocalypse Now.

Martin Sheen en un fotograma emblemático de Apocalypse Now.

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El rodaje más yonqui de la historia del cine: coca y alcohol hasta acabar en infarto en ‘Apocalypse Now’

Hay rodajes que se convierten en auténticos campos de batalla. Infiernos en los que el director tiene que lidiar con un reparto altivo, estrellas endiosadas y fallos de producción, pero ninguno de ellos supera al de Apocalypse Now, la obra maestra de Francis Ford Coppola que casi acaba con su carrera y con su salud. El mismo director confesaba en la presentación del filme en el Festival de Cannes: “Mi película no es sobre la Guerra de Vietnam. Es Vietnam”.

Se refería a las múltiples complicaciones que surgieron desde el primer momento, ya antes de ir a Filipinas a rodar esta personal adaptación de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Nadie quería dar vida al protagonista, el Capitán Willard. Super estrellas del momento como Al Pacino, Robert Redford, Steve McQueen y Jack Nicholson se negaron. Al final el contratado fue Harvey Keitel, pero no por mucho tiempo. A los pocos días de rodaje, ya con escenas grabadas, Coppola, perfeccionista hasta la médula, le despidió.

El remedio fue peor que la enfermedad, ya que su sustituto fue un entonces semi desconocido Martin Sheen (padre de Charlie), que llevó con él sus problemas al set. Tampoco hacía falta en un rodaje en el que ya estaba Dennis Hopper, adicto a las drogas y puesto durante toda la estancia en el país asiático. Sheen tenía problemas muy graves con el alcohol, y como buen actor de método los introdujo en el filme. ¿Recuerdan la primera escena en la que su personaje baila colocado con una botella y da un golpe a un cristal? Puro realismo. Sheen se presentó borracho, aporreó el espejo y se cortó la mano. La sangre que aparece es suya.

Tráiler de Apocalypse Now.

Sería el principio del infierno que les esperaba. Poco después Sheen sufrió un infarto de miocardio provocado por su alcoholismo. Tuvo que ser llevado en autobús a una enfermería y dicen las malas lenguas que hasta recibió la extrema unción. El alcohol era, quizás, la sustancia menos peligrosa de las que tomaban en el rodaje, ya que el documental Corazones en tinieblas, que ofrece entrevistas e imágenes de aquel infierno, confirma el uso de drogas, especialmente cocaína y speed para aguantar las maratonianas jornadas de rodaje.

Coppola no ayudaba a pacificar la situación. Estaba en la cima de su megalomanía, hizo que el presupuesto se desbordara, pagó helicópteros para la escena del bombardeo y reescribía el guion por la noche y volvía todavía más loco a un reparto ingobernable.

Y entonces llegó él. El inigualable Marlon Brando, cuya presencia requería menos jornadas de rodaje, pero cuyo papel, el coronel Kurtz, era de vital importancia. Cuando apareció en Filipinas a Coppola casi le da un infarto. 40 kilos de sobrepeso y ni una línea de guion aprendida. Además, como buen actor de método pidió tiempo para prepararse el papel, por lo que se aprovecharon inclemencias meteorológicas para parar el rodaje unas semanas y que se solucionara este último altercado. Eso sí, el dinero de producción seguía corriendo. Además se negó a compartir escena con Dennis Hopper, lo que les llevó desde el equipo a apañárselas para que las rodaran por separado.

Fotograma de Apocalypse now.

Fotograma de Apocalypse now.

El resultado, increíblemente, no se vio afectado por todo ello, aunque sí la salud mental de todos los que participaron. Apocalypse Now se estrenó en Cannes entre críticas entusiastas y ganó la Palma de Oro y el premio Fipresci. Fue el comienzo de su recorrido por los premios más importantes, ya que también ganó el Globo de Oro a la Mejor película dramático y se llevó dos Oscar, además de optar a otros seis, entre ellos los más importantes, Película, dirección y guion adaptado.

Las teorías y rumores sobre el filme nunca pararon, ya que además Coppola estrenó una versión extendida en 2001, confirmando que mucho material se había quedado fuera del corte final, y los documentales y escritos sobre un rodaje infernal siguen siendo carne de cinéfilia.