Willy Toledo y Alberto San Juan en una imagen de la gala de 2003.

Willy Toledo y Alberto San Juan en una imagen de la gala de 2003.

Cine Premios Goya

15 años del ‘No a la guerra’: la gala que desató el rechazo del PP al cine español

EL ESPAÑOL habla con Alberto San Juan y Willy Toledo, los presentadores de la polémica gala, sobre las consecuencias que tuvo para el cine y sus carreras.

El 1 de febrero de 2003 es, le pese a quien le pese, fundamental en la historia reciente del cine español. Se celebraban los premios Goya, y lo que parecía que sería un duelo entre Hable con ella y Los lunes al sol se convirtió en un canto contra la previsible invasión de Irak. La alfombra roja ya se llenó de pegatinas del ¡No a la guerra!, y anticipó lo que vendría pocos minutos después. Desde el escenario Alberto San Juan y Willy Toledo, ambos en la cima de su popularidad por el éxito de El otro lado de la cama, fueron los maestros de ceremonias de una gala que aprovechó el momento para protestar por la situación política del país.

El grupo Animalario creó una ceremonia que será recordada siempre, porque fue la última vez que todos se unieron para denunciar algo desde los Goya. Un punto de inflexión en el cine español, ya que desde aquel entonces se desató el odio del Partido Popular -que pocas semanas después llevo a España a participar en la guerra de Irak-. En cuanto acabó la gala, la derecha española criminalizó a toda la industria, especialmente a los dos presentadores. Durante semanas aparecieron en portadas de medios que les atacaban y sacaban sus trapos sucios.

El PP perdería las elecciones un año después, y los ocho años de Zapatero suavizaron la relación del Gobierno con la cultura, pero en cuanto Rajoy tomó el poder comenzó su venganza, que se consumó con la subida del IVA cultural que sigue en un 21% para el cine cinco años después, a pesar de que se haya vendido que ya se ha salido de la crisis. Esa ha sido la última estocada. Antes, el ministro Montoro se atrevió a decir que el problema del cine español era por su calidad, Rajoy dice sin pudor que no ha visto ninguna película nominada a los Goya, y el presupuesto para el ICAA sigue muy lejos de aquellos 100 millones que hace diez años se dijeron que serían esenciales para su buen funcionamiento.

Willy Toledo recuerda perfectamente todos los preparativos de aquella gala. El encargo llegó a ellos después de que varios presentadores lo rechazaran, y ellos pusieron una condición: Animalario se encargaría de todo, desde el guion hasta la última luz del escenario. Mientras ensayaban los Goya también preparaban Alejandro y Ana: lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente, la obra en la que intentaron descubrir en qué pensaba la derecha española. “Teníamos la oportunidad de hacer un espectáculo artístico en vivo de tres horas. Nos apetecía muchísimo implicarnos, y también el aspecto político. El PP estaba en su máximo apogeo, Aznar acababa de casar a su hija en El escorial, había ocurrido el Prestige, estábamos a punto de entrar en la guerra, y toda esa situación llamaba a implicarnos. Además TVE era el órgano de propaganda del PP, así que era entonces una oportunidad de tres horas que nos interesaba mucho”, cuenta Willy Toledo a EL ESPAÑOL.

Después de eso ya vino un acoso y derribo hacia mi persona. Fui el chivo expiatorio. En la gala de los Goya me marcaron la estrella judía en el pecho. Ya estaba señalado

Su compañero Alberto San Juan recuerda aquella gala con “mucho entusiasmo, fue un acto cívico y espontáneo en defensa de la paz”. Nunca pensó que aquella manifestación de la libertad de expresión se convirtiría en un terremoto horas después. “No me lo planteaba, estaba tan fascinado de ver y oír a personas decir la verdad en horario de máxima audiencia en Televisión Española que no pensaba en el día siguiente”, cuenta a este periódico. Para Toledo, aquella gala fue considerada como un ataque frontal, porque se hizo “en el feudo del PP”. “La derecha ha odiado tradicionalmente a los artistas, al arte y a la cultura, eso está en todas las sociedades conservadoras, pero aquello les hizo muchísimo daño porque TVE era su feudo particular, y que vinieran unos artistas a cantarle las cuarenta al Gobierno fue aplastante”, asegura.

La misma opinión tiene San Juan, que cree que “la cultura crítica nunca ha sido compatible con nuestra democracia postfranquista. Ni con el PP, ni con el PSOE. Siempre ha sido marginada de una u otra manera”. El actor recuerda que cuando acabaron la ceremonia se fueron de fiesta, y al despertar al día siguiente fueron testigos de lo que ocurría. “Se desató la ira que ellos mismos desataron, porque si aquella gala sucede y con toda normalidad se informa y el gobierno no entra en tromba a pedir nuestro fusilamiento, se hubiera quedado en una anécdota. Pero como buenos reaccionarios, no lo soportaron, lo tomaron como una afrenta personal. Ellos solos desataron la tormenta y la multiplicaron por mil”, apunta Willy Toledo.

San Juan prefiere no hablar de “odio al cine español” desde entonces, pero sí reconoce a una "legión de envenenadores a sueldo del poder que utilizan los medios de comunicación para defender intereses privados”. No tiene claro si lo que vino después fue un castigo por aquella gala, aunque “lo del IVA puede tener mucho de castigo”, Más tajante se muestra Toledo, que cree que se ha vivido una “venganza” que todavía colea hoy. “Seguimos viviendo las consecuencias de esa ira, en lo político y en lo financiero, donde además han triunfado porque son el poder. Querían destruir la poquita industria que había en el cine. Perdura ese odio”, dice con seguridad.

La cultura crítica nunca ha sido compatible con nuestra democracia postfranquista. Ni con el PP, ni con el PSOE. Siempre ha sido marginada de una u otra manera

Willy Toledo sí ha vivido las consecuencias de aquella gala y de sus manifestaciones políticas. Hace años que no protagoniza una película en España. “A los que más sacamos la cabeza se nos marca con una cruz, porque existen las listas negras, y no sólo en las instituciones, sino también en las productoras. Dos días después de la gala, FAPAE pidió la dimisión de la presidenta de la Academia. Después de eso ya vino un acoso y derribo hacia mi persona. Fui el chivo expiatorio. En la gala de los Goya me marcaron la estrella judía en el pecho. Este ya está señalado. Y se decía a los demás: señores actores y actrices, aquí tenéis el ejemplo vivo de lo que ocurrirá si continuáis así, mirad lo que le ha pasado a Willy”, recuerda.

Y a pesar de todo. De los insultos. De las portadas difamatorias. De las consecuencias. Alberto San Juan y Willy Toledo tienen clara una cosa: repetirían sin pensarlo. “Hay motivos”, zanja San Juan. Quince años después, parece que el miedo a denunciar en público vuelve a perderse, y son las mujeres las que el sábado convertirán de nuevo la gala en el sitio perfecto para devolver al arte el activismo que había desaparecido.