Montaje de Patricia Conde.

Montaje de Patricia Conde.

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La enfermedad de Patricia Conde: su larga y angustiosa carrera de fondo contra el gluten

La presentadora pasó varios años sufriendo problemas de salud hasta que le diagnosticaron este problema de intolerancia alimentaria.

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Sentarse a la mesa para disfrutar de un suculento menú puede ser un placer, aunque en algunos casos esta actividad se convierte en una verdadera labor de investigación. Las numerosas intolerancias y alergias que afectan a parte de la población han condicionado notablemente los hábitos a la hora de degustar un plato, especialmente cuando se opta por visitar algún restaurante.

Esos quebraderos de cabeza no son ajenos a Patricia Conde (39 años). La vallisoletana es celíaca y, por tanto, debe evitar cualquier alimento que contenga gluten. Conde asegura que empezó a ser consciente de este problema durante la adolescencia cuando sólo tenía 14 o 15 años.

Ella misma relataba en un programa de Fox cómo sucedió todo: "Iba por un parque paseando a mi perro y me desmayé. Cuando recuperé la consciencia, pensé "qué me ha pasado". Me levanté y me fui a mi casa. Al llegar al portal llamé al telefonillo para decirle a mi madre que bajara. Enseguida me llevó al hospital".

Patricia Conde durante una presentación en Madrid.

Patricia Conde durante una presentación en Madrid. Gtres

Sin embargo, los primeros diagnósticos no fueron acertados. Casi todos los focos de especialistas se centraban en problemas como gastritis o gastroenteritis, lo que provocó ciertos desórdenes alimenticios hasta que por fin dieron con el quid de la cuestión: la intolerancia al gluten. Patricia Conde tenía entonces 20 años.

Fue ahí cuando comenzó una tarea diaria para discriminar qué alimentos le hacían mal. !Mi madre quería verme bien y me cocinaba pasta, lo que no me sentaba nada bien", recuerda la presentadora, quien destaca que entre los síntomas destacaba "un fuerte dolor en el bajo vientre".  Como no hay mal que por bien no venga, Patricia Conde comenta que esa experiencia le sirvió para vivir el parto de su hijo con mucho menos sufrimiento.

Desde ese momento comenzó una labor de investigación para saber qué productos contenían gluten y, por tanto, adaptar su dieta a la que lleva cualquier celíaco. Esa tarea ha hecho que la vallisoletana se tenga que buscar la vida a la hora de comer galletas o uno de los postres que más le gustan, la carrot cake, tal y como reconocía una entrada del blog que tenía en la revista Elle.

Este es un claro ejemplo de que, una vez conocido el problema, la presentadora puede llevar una vida con normalidad, al tiempo que pide que se haga pedagogía con la sociedad para concienciar de que los celíacos no sufren una enfermedad, sino que sólo tienen "una desventaja".

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