Isabel Gemio

Isabel Gemio GTRES

Famosos DECLARACIONES

Isabel Gemio, 65 años, sobre la felicidad: "La nueva rebeldía consiste en apagar, desconectar y bajarse del ruido"

"Parece cada vez más difícil estar de verdad en algún sitio. Tenemos información de sobra y tiempo de menos", comenta la periodista.

Más información: El refugio medieval de Isabel Gemio: un castillo del siglo XIII, águilas imperiales protegidas y dehesas junto a Portugal

Publicada

El cierre del verano no es un mero cambio de estación para Isabel Gemio (65 años); es una grieta en la rutina por la que se cuela la introspección.

La periodista pacense, bregada en mil batallas comunicativas donde la empatía ha sido siempre su mayor baluarte, ha planteado recientemente un diagnóstico sin anestesia sobre el pulso moral de nuestra época.

Coincidiendo con la caída de la hoja de la temporada, la comunicadora ha lanzado un alegato en favor de la pausa y la consideración mutua: "El respeto es imprescindible para una buena convivencia, y para una sociedad más sana y feliz", sostiene, advirtiendo sobre la erosión del tejido social provocada por la prisa y el narcisismo colectivo.

En un mensaje cargado de sensibilidad compartido el pasado 20 de septiembre a través de sus redes sociales, Gemio apeló al valor emocional de los recuerdos estivales para recordar que la verdadera lucidez nace de la capacidad de mantener el asombro frente a lo cotidiano.

"El verano de 2026 se acaba. Cada cual lo recordará por motivos diferentes. Un amor, una despedida, una pérdida, un comienzo, un cambio de casa o de trabajo. Con el tiempo recordamos lo que vivimos 'aquel verano', a quién conocimos, aquel viaje, aquella música que llegaba desde la plaza de aquel pueblo en la costa", reflexionaba la presentadora sobre el inevitable paso de las décadas.

"Cada cual vive su verano, porque nunca son iguales, y mucho menos si se es joven o se tienen unos años y muchos veranos vividos. Todo cambia, todo se transforma. Nosotros los primeros. Pero, si seguimos asombrándonos con cada atardecer, aún estamos bien despiertos", añadía.

Su afán por no adormecer la conciencia la ha llevado a sumergirse en la lectura de Sin respeto, la última obra de su "filósofo de cabecera", Byung-Chul Han. Apoyándose en las tesis del pensador surcoreano, Gemio señala con el dedo las patologías de la era hiperconectada: "Él cree que el respeto está desapareciendo".

"El narcisismo, la exhibición digital y la feroz competencia nos deshumanizan hasta poner en peligro la integración social", apunta. Una grieta cultural frente a la que la periodista no duda en interpelar de forma directa a sus seguidores: "¿Se está perdiendo el respeto? ¿Lo compruebas con frecuencia?".

"Vivimos estresados"

Esta necesidad de airear el debate público y huir de las dinámicas tóxicas de las redes no parece ser, únicamente, una inquietud de fin de semana: forma parte del espíritu que imprime cada noche en su desempeño profesional.

La comunicadora sigue en plena forma al frente de El último tren, el magacín nocturno que conduce en Radio Nacional de España (RNE) y que se emite de lunes a viernes de 23:30 a 02:00 horas.

Un espacio concebido como un refugio donde la conversación reposada, la cultura, las historias humanas y la voz de los oyentes sustituyen a la prisa, demostrando que para Isabel Gemio la escucha activa y la cortesía son herramientas sumamente útiles y necesarias para construir un entorno más habitable.

"Venimos de la velocidad que nos ofrece el día. Realmente vivimos estresados, al menos en las grandes ciudades. Creo que también en los sitios más pequeños. Son muchos estímulos", reflexionaba el pasado 15 de septiembre en su espacio de radio.

"Miramos pantalla mientras esperamos otra cosa. Contestamos un mensaje mientras pensamos en el siguiente. Sabemos lo que ocurre en todas partes, o en muchas del mundo. Sin embargo, parece cada vez más difícil estar de verdad en algún sitio. Tenemos información de sobra y tiempo de menos, ¿no creen?", apuntaba.

"Cada día nos atraviesa una avalancha de información, de titulares, de alertas... Mucho de eso no nos cambia, no nos nutre, no nos aporta nada. Y probablemente ni nos acordaremos. Nos está costando darnos cuenta qué merece nuestra atención... Quizás por eso ha nacido una extraña forma de rebeldía: apagar, desconectar, bajarse del ruido de esa velocidad en la que hemos convertido nuestra vida", concluía.