El mago Juan Tamariz, junto a su hija Ana.

El mago Juan Tamariz, junto a su hija Ana. Redes Sociales

Famosos FALLECIDO A LOS 83 AÑOS

Del dolor de sus cuatro hijos y su nieto Daniel a las dos mujeres de su vida: la familia que llora al mago Juan Tamariz

El ilusionista ha perdido la vida a los 83 años, este martes, 18 de agosto, en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Más información: Así han sido los últimos años de vida de Juan Tamariz, el mítico mago de la televisión que gritaba "¡Chan, tatachán!"

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En la madrugada de este martes, 18 de agosto, el mundo de los ilusionistas en España se ha teñido de gris tras la muerte, a los 83 años, de una de sus figuras más relevantes: Juan Tamariz. Se ha ido un grande, pero, sobre todo, un referente.

El deceso del célebre mago deja, inevitablemente, huérfano al mundo de la cartomagia internacional y sume en la más profunda de las tristezas al núcleo familiar que ha acompañado, y protegido de cerca, al genio detrás del violín irreal.

Más allá de las ovaciones en los teatros de medio mundo y las apariciones televisivas, Tamariz construyó, de puertas para adentro, lejos de los focos, un refugio indestructible junto a sus cuatro hijos, fruto de dos matrimonios distintos.

Mónica, Ana, Alicia y Juan Diego -los cuatro hijos del artista-, con especial mención a su nieto Daniel -por el que sentía auténtica devoción-, han sido los asideros emocionales de Tamariz hasta el final de sus días.

Todos ellos le dieron sentido a su existencia, sobre todo al final de su tramo, cuando las luces de los escenarios se apagaron.

El primer gran amor de Tamariz fue una enfermera discretísima llamada Purificación Nirêlis. Fruto de aquella bella historia nació, en primer lugar, Mónica. Más tarde, vendría al mundo Ana.

Aquel matrimonio, no obstante, se hizo añicos en 2008. Tiempo después, Tamariz pasó por el altar con la maga colombiana Consuelo Lorgia, alumbrando ésta a Alicia y Juan Diego.

La impronta de Juan Tamariz marcó de forma inevitable las trayectorias de sus cuatro vástagos, quienes, cada uno en su disciplina, supieron labrarse su futuro.

A qué se dedican sus hijos

Ana Tamariz ha sido quizás el rostro más visible en la perpetuación de la labor didáctica de su padre.

Creadora y directora de la prestigiosa Escuela de Magia Ana Tamariz, fundada en Madrid hace más de tres décadas, ha sido la gran responsable de profesionalizar la enseñanza del ilusionismo en España.

Ana ha formado a decenas de promociones de magos bajo los principios teóricos y técnicos fijados por su padre.

Por su parte, Mónica Tamariz ejerce como lingüista en la Universidad de Edimburgo. Licenciada y doctora en Psicología, trabaja, además, como investigadora.

Alicia Tamariz, por su parte, ha eligido la música como canal de expresión personal.

Pianista, compositora y cantante, Alicia ha desarrollado una destacada trayectoria en el universo del jazz y las músicas del mundo, ofreciendo conciertos en los que vuelca una gran sensibilidad poética y creativa.

El hijo menor, Juan Diego Tamariz, ha mantenido un perfil caracterizado por la discreción, volcándose también en entornos creativos y de desarrollo personal, criado al calor de una casa donde la imaginación jamás tuvo límites.

Daniel, el nieto

Si bien sus hijos constituyeron el pilar de su existencia, la llegada de su nieto Daniel supuso una verdadera inyección de vitalidad en la etapa de madurez del maestro.

Apasionado por las artes y poseedor de un carisma singular, Daniel se convirtió en el mayor orgullo de Juan Tamariz.

Daniel ha desarrollado ciertas aptitudes parecidas a las de su abuelo. Tanto es así que se coronó hace unos años como campeón de España de Yo-Yo-.

La pasión hasta el final

Casi hasta el final de sus días, Tamariz siguió ensayando el arte que aún le causaba fascinación. "Siempre tengo una baraja a menos de un metro de distancia", confesó a su discípulo y amigo, el también mago Jorge Blas, en una charla en Telemadrid en 2023.

No temía a la vejez, según explicó en El País en 2019: "Me noto bien y no me asusta hacerme mayor. Lo que sí me fastidia es tener que dedicarme más de la cuenta a los fallitos del cuerpo. El día que tenga 104 años estaré más lento. Lo que pediría es no perder la memoria".

Tamariz llevó, en su último tramo, una vida plácida. En la citada entrevista también habló de cómo era su día a día en los últimos años, así como sus noches en vilo.

"Lo de la noche no lo elegí yo, es un gen familiar. Pensaba que era una costumbre, pero hace unos años me enteré de que puede ser genético. Mi madre, mi hija Ana, mi nieto Daniel y yo no podemos dormir de noche", explicó.

"Y, aunque no lo parezca, lo primero que veo cuando me levanto por la tarde es el sol y lo último que veo es el amanecer. La noche es absolutamente mágica, estás bajo el influjo de la luna, de la poesía, de los sueños. Y, encima, nadie te va a llamar por teléfono", decía.