El Pazo de Meirás se alza en una finca que la escritora Emilia Pardo Bazán concibió a finales del siglo XIX sobre las ruinas de una antigua casa solariega.

El Pazo de Meirás se alza en una finca que la escritora Emilia Pardo Bazán concibió a finales del siglo XIX sobre las ruinas de una antigua casa solariega. Cristina Rodrigo

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Armas, lámparas, espejos y maquetas de barco: las 400 piezas que la familia Franco ya ha retirado del Pazo de Meirás

Los Martínez-Bordiú vacían la residencia tras perderla en los tribunales: se han llevado los bienes autorizados por la justicia en un camión de mudanzas.

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La larga batalla judicial por el Pazo de Meirás suma un nuevo capítulo. La familia Franco ha retirado del histórico inmueble, situado en el municipio coruñés de Sada y declarado Bien de Interés Cultural, más de 400 bienes de su propiedad.

Se trata de muebles, cuadros, elementos decorativos y otros enseres que no fueron reclamados por el Estado durante el procedimiento judicial que resolvió la devolución del edificio al erario público, ya que no fue posible acreditar su titularidad.

Esta retirada masiva coincide con la inscripción definitiva del Pazo en el Registro de la Propiedad a nombre del Estado, un trámite culminado después de que el Tribunal Supremo confirmara que la finca pertenece al patrimonio público y no a los herederos de Francisco Franco.

La resolución fue ejecutada por el Juzgado de Primera Instancia número 1 de A Coruña, que ordenó formalizar el cambio de titularidad. Finiquitado el litigio, a los descendientes del dictador no les ha quedado más remedio que embalar sus cosas.

Los siete hermanos Franco Martínez-Bordiú, titulares directos de la herencia del mandatario, ya han trasladado estos enseres en un camión de mudanzas. Pero, ¿qué es lo que se han llevado exactamente?

Interior del pazo de Meirás.

Interior del pazo de Meirás. Cristina Rodrigo

Un vaciado al detalle

En el inventario de objetos personales figuran cerca de 400 piezas que no fueron reclamadas por el Estado en el proceso judicial al no poder acreditar su titularidad.

Según ha avanzado La Opinión de A Coruña, entre los objetos retirados se encuentran las icónicas esculturas que iluminaban con sus antorchas las escaleras de granito del vestíbulo.

Asimismo, se han llevado armas, piezas de cerámica y varias maquetas de barcos que lucían colgadas en las paredes del recibidor.

Otros de los objetos que ya se echan en falta son mesas, lámparas de pie, espejos, consolas y diversas piezas ornamentales y de porcelana que ya se encuentran alojadas en un almacén de la capital.

También han mermado de manera considerable el mobiliario y las piezas decorativas de la primera planta, donde se ubican los dormitorios y estancias que, hasta ahora, habían permanecido al margen del foco público.

A día de hoy, algunas paredes desnudas de los pasillos superiores presentan las marcas de lo que hasta hace poco ocupaba ese lugar: una señal inequívoca de cómo se ha esfumado parte del patrimonio del pazo.

Imagen del interior del Pazo de Meirás, en la localidad coruñesa de Sada.

Imagen del interior del Pazo de Meirás, en la localidad coruñesa de Sada. pazodemeiras.sada.gal

Trofeos de caza

Por su parte, los salones principales aún conservan parte del mobiliario principal, así como las lámparas de araña y retratos como los de Carmen Franco y Emilia Pardo Bazán, la anterior dueña de esta propiedad. Estas valiosas reliquias se mantienen.

Y es que, antes de convertirse en residencia estival de Franco, el Pazo de Meirás fue concebido y mandado construir a finales del siglo XIX por la célebre escritora, quien fijó allí su refugio de creación literaria.

Tras su fallecimiento en 1921, el inmueble pasó a manos de sus herederos hasta que, en 1938, en pleno contexto de la Guerra Civil, fue objeto de una controvertida "donación" al dictador Francisco Franco promovida por las autoridades locales del régimen.

Tal y como adelanta el citado medio, todavía se mantienen colgados de las paredes los trofeos de caza. Aunque no por mucho tiempo.

Próximamente serán embalados y trasladados a Madrid en septiembre, tras conseguir los correspondientes permisos del Seprona.

Pazo de Meirás.

Pazo de Meirás. pazodemeiras.sada.gal

Un largo litigio

Lo que está claro es que la mudanza no ha finalizado. Se prevé que próximamente se retiren más objetos. Debido a los trabajos de desmontaje y retirada de objetos, el Pazo de Meirás suspendió las visitas públicas el pasado viernes, 31 de julio.

La sentencia del alto tribunal puso fin a años de litigios al ratificar que el Pazo de Meirás estuvo destinado desde 1938 al servicio de la Jefatura del Estado y que, por tanto, no podía considerarse un bien adquirido legítimamente por la familia Franco.

Los magistrados rechazaron por unanimidad los recursos presentados por los hermanos Martínez-Bordiú Franco y concluyeron que los descendientes del dictador nunca llegaron a cumplir los requisitos legales para adquirir la propiedad del inmueble por usucapión.

Aunque el Estado recuperó la posesión del Pazo en diciembre de 2020, tras una primera sentencia favorable, el litigio continuó debido a la disputa sobre los centenares de objetos de su interior.

Para resolverlo, fue necesario elaborar un exhaustivo inventario judicial de cerca de 700 piezas con el fin de distinguir aquellos bienes vinculados al funcionamiento institucional de la dictadura (de titularidad pública) de los considerados propiedad privada de la familia. Finalmente, más de 400 objetos quedaron fuera de las reclamaciones estatales.

Una sentencia del Tribunal Supremo ordenó a la familia Franco a devolver al Estado el Pazo de Meirás.

Una sentencia del Tribunal Supremo ordenó a la familia Franco a devolver al Estado el Pazo de Meirás. Montaje de El Español.

La retirada de los bienes desata la polémica

La mudanza actual ha corrido a cargo de una empresa especializada, ajena a la polémica que se ha desatado en torno al traslado.

La operación ha provocado un fuerte rechazo por parte de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica (CRMH) de A Coruña, que considera que la salida de estos objetos supone un auténtico "expolio".

La entidad acusa al Estado de no haber defendido con suficiente contundencia la titularidad pública de numerosas piezas y critica la actitud de la Xunta de Galicia, a la que reprocha una supuesta falta de supervisión. Consideran que "muchos de los bienes que abandonan el Pazo trascienden el ámbito estrictamente personal y forman parte de la memoria histórica del edificio".

Además, denuncian que el cese temporal de las visitas al público para facilitar el traslado de piezas afectó a numerosos visitantes desplazados desde distintos puntos de España.

Sea como fuere, la salida de estos enseres supone el cierre de una etapa en la compleja historia del Pazo, que se convirtió durante el franquismo en residencia oficial del jefe del Estado y en uno de los grandes símbolos del poder del régimen.