Lydia Bosch y El Prat de Llobregat en un montaje de JALEOS.

Lydia Bosch y El Prat de Llobregat en un montaje de JALEOS.

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El refugio de Lydia Bosch: pueblo de 66.474 habitantes, cuna de la aviación española y pozos artesianos desde 1893

El Prat de Llobregat, cuna de las raíces familiares de la actriz, mezcla historia agrícola, tradición gastronómica y pasado aeronáutico.

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John Reyes
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Lejos del ruido de los platós y de la exposición mediática que durante décadas ha acompañado a Lydia Bosch (62 años), existe un lugar que sigue marcando su identidad personal.

Ese refugio no está en una urbanización exclusiva ni en una isla paradisíaca, sino en El Prat de Llobregat, una ciudad de 66.474 habitantes situada junto al Delta del Llobregat y estrechamente ligada a la historia industrial, agrícola y aeronáutica de Cataluña.

Aunque el gran público la conozca por su apellido artístico, creado en televisión por Chicho Ibáñez Serrador, en El Prat muchos todavía la identifican como Lydia Boquera de Buen, "la hija de los Boquera".

Ese vínculo con sus raíces sigue muy presente en una localidad marcada por el carácter trabajador y discreto del Bajo Llobregat.

Vista del aeropuerto de El Prat desde El Prat de Llobregat.

Vista del aeropuerto de El Prat desde El Prat de Llobregat. iStock

La historia moderna de El Prat comenzó a cambiar en 1893 gracias a un hallazgo que transformó por completo el municipio.

El 10 de junio de aquel año, durante unas perforaciones realizadas en la Plaza de la Villa, el agua brotó con tanta fuerza desde un pozo artesiano que alcanzó varios metros de altura. Aquello supuso una auténtica revolución.

La llegada de agua subterránea permitió abandonar el secano y convertir los campos del delta en una de las grandes despensas agrícolas de Barcelona.

Ese paisaje fértil continúa siendo hoy uno de los símbolos de identidad de la ciudad. La alcachofa del Prat, conocida como Carxofa Prat, y el célebre pollo Pota Blava -la única ave española con Indicación Geográfica Protegida- forman parte de una tradición gastronómica muy valorada incluso en la alta cocina.

La combinación de tierra húmeda y sedimentos del río aporta a estos productos un sabor singular que ha convertido a El Prat en referencia culinaria catalana.

Pero la ciudad no solo vive pegada a la tierra. También levantó vuelo muy pronto. En 1916 se inauguró el aeródromo de La Volateria, origen de la actual infraestructura aeroportuaria y pieza clave de las primeras rutas de correo aéreo entre Europa, África y Sudamérica.

Amanecer en Barcelona desde las montañas de Collserola.

Amanecer en Barcelona desde las montañas de Collserola. iStock

Por aquellas pistas pasó incluso Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, que pilotaba aviones de la línea Latécoère y hacía escala habitual en el Delta del Llobregat.

Esa convivencia entre naturaleza e industria sigue definiendo el paisaje actual. A pocos metros del aeropuerto sobreviven espacios protegidos como Espacios Naturales del Delta del Llobregat, donde es posible observar flamencos y aves migratorias en un silencio que contrasta con el sonido constante de los aviones.

También permanece en pie El Semáforo, un antiguo edificio del siglo XIX que servía para controlar el tráfico marítimo y evitar naufragios frente a la costa.

A día de hoy, El Prat de Llobregat lucha por conservar esa identidad entre la presión urbanística del puerto y el aeropuerto.

Y quizá por eso sigue siendo el refugio perfecto para Lydia Bosch: un lugar donde conviven el vuelo, el agua y la tierra fértil que marcaron su infancia mucho antes de que llegaran los focos de la televisión.