Rappel, en 2022.
Hablamos con Rappel: "Llegué a tener una lista de espera de tres años en mi consulta y hasta me regalaron un coche"
El vidente más famoso de todos los tiempos ha publicado un libro donde repasa su extensa trayectoria.
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Adivinar el futuro es un don que no todo el mundo posee. Ni es una ciencia exacta ni se puede aprender en una escuela. Sin embargo, Rappel lleva toda su vida dedicándose a ello. Y, a tenor de su prestigio, con gran maestría. A punto de cumplir los 80 años, el vidente de los famosos concede una entrevista a EL ESPAÑOL con motivo del lanzamiento de El futuro ya es ayer, su nuevo libro, en el que hace un repaso por su extensa e interesantísima trayectoria.
Y es que no todo el mundo puede jactarse de haber tenido amigos -y asiduos a sus poderes de adivinación- tan selectos como Rocío Jurado, Lola Flores, Coco Chanel, Francisco Franco, Balenciaga o la mismísima madre del rey Juan Carlos, María de las Mercedes de Borbón y Orleans.
A la madre del Emérito la conoció durante su época como modisto, cuando regentaba una tienda de corte y confección. Allí hacía vestidos y prendas a medida para señoras de la alta sociedad de Madrid. Una de ellas era la abuela de Felipe VI (57 años). "Era una mujer muy simpática. Era una de mis clientas en la tienda. Le gustaban tanto los diseños que le hacía que me encargaba hasta las batas para estar en casa. Se metía en el probador y me decía: '¡Es que me haces ropa tan cómoda! ¡Y encima todo me hace más delgada!'. Me reía muchísimo con ella. Era muy divertida".
Rappel durante la presentación de la obra de teatro "El secuestro del adivino" en Madrid en 2017.
Cuando le preguntamos si a la royal le interesaba el mundo de los vaticinios, no duda en responder que sí. "A María de las Mercedes le hacía mucha gracia que yo le leyera las manos. Solía venir a verme acompañada de María de la Esperanza de Borbón Dos-Sicilias y Orleans. También era muy amiga de la condesa de Ybarra. Daba la casualidad de que ésta vivía muy cerca de mi taller, en la calle Ayala esquina Núñez de Balboa... A veces daban paseos juntas y pasaban a saludarme".
La madre del rey Juan Carlos no era la única que sentía una especial simpatía por Rappel. Su marido, don Juan de Borbón, le invitaba a tomar algo siempre que se encontraba con él. "El Conde de Barcelona tenía un barco, Villa Giralda, atracado en primera fila en Puerto Banús. Cerca de allí había una taberna andaluza en la que quedaba con los amigos. Cuando me veía pasar me llamaba: '¡Vente a tomar una copita!', me decía. Yo le recordaba que no bebo alcohol y me animaba a acompañarle "aunque fuera para tomar un cafe", recuerda.
Otra 'grande de España' que adoraba a Rappel era Lola Flores. A 'La Faraona' la conoció en sus años dorados, los ochenta, aquellos en los que vivió "una auténtica locura" como futurólogo. "En aquella época llegué a tener una lista de espera de tres años en mi consulta. La gente hacía cola en el portal de mi piso de Madrid para venir a mi casa. Había gente que se quedaban hasta la madrugada para verme. Y yo terminaba atendiéndolos a todos, a veces en pijama".
De la madre de Lolita (66) y Rosario Flores (61) recuerda su genio y, sobre todo, su alegría. "Iba a su casa todos los años. No me perdía un Fin de Año en su casa de María de Molina. Recuerdo que siempre estaba el portal abierto, todas las luces encendidas... La música se escuchaba desde la calle. A sus fiestas iban bailaores, toreros, ministros. Corrían las bandejas de comida. Qué alegría de gente y de casa... Era una juerga constante".
Lola Flores "me pagaba religiosamente"
Curiosamente, a Lola Flores la recuerda como una excelente pagadora. Cabe recordar que la artista tuvo que sortear deudas milloarias (en pesetas) con la Hacienda Pública, de ahí su famosa frase "si cada español me diera una peseta". Pues si con las arcas públicas era despistada, como clienta no se saltaba una factura. "Lola a veces me encargaba varias prendas, para ella y para los suyos. A veces me pedía 3 o 4 cosas. Me entregaba una primera cantidad y luego me iba pagando el vestuario poco a poco. Todos los sábados me daba dinero a cuenta. Pagaba religiosamente. Era un amor".
Rappel GTRES
Ayudó a Rocío Jurado
Hablando de artistas ilustres, resulta que Rocío Jurado fue una gran amiga suya desde sus inicios en Madrid. "Rocío vivía en una pensión con su madre en la calle San Mateo. Madre e hija compartían una habitación pequeña cuando se vinieron a la capital para que ella probara suerte como cantante. Empezó a trabajar como palmera en un tablao cerca de Gran Vía porque tenía las manos muy grandes y daba palmas muy sonoras. Yo aprovechaba los retales de las telas más bonitas que me sobraban y se las regalaba a su madre, que sabía coser, para que hiciera con ellos vestidos y otras piezas para sus espectáculos".
Así, fue testigo directo del nacimiento de 'la más grande' cuando no era tan grande. "Lógicamente, aquellos tiempos de dificultad duraron poco. En cuanto abría la boca para cantar la gente se quedaba sorprendida".
Christina Onassis, "la mujer más triste"
Entre los personajes de relevancia internacional que han acudido a sus servicios cabe citar a Christina Onassis. "Era la mujer má rica del mundo. Y también la más infeliz, la más triste. Me decía que no tenía nada. Había perdido a su hermano Alejandro en un accidente de helicóptero y no tenía ganas de vivir", nos cuenta a EL ESPAÑOL. "Estaba desesperada. Se quedó sin su hermano y añoraba tener una mamá. Su madre era alcohólica y no la cuidó nunca. La vida acabó para ella cuando perdió a su hermano".
El Rey Fahd de Arabia, -quien era todo un rey también en celebrar macrofiestas en la época dorada de Marbella-, no dudó en hacerle consultas sobre su futuro. Era muy amigo de Jaime de Mora y Aragón y siempre me invitaba a las cenas que organizaba en su casa. Era un señor encantador. Me ponía en la mesa presidencial y eso me ayudó a ganar popularidad en la Costa del Sol. Me pasaba noches enteras leyendo las manos a sus invitados". Su vínculo con el rey árabe, a quien el litoral de Málaga le recordaba "a Tierra Santa" fue crucial para estrechar lazos con la gente guapa de la jet set de nuestra geografía.
El nuevo revés de salud de Rappel un año después de su ingreso por neumonía: el apoyo de su pareja, José María
"He leído las cartas gratis"
En la actualidad, Rappel tiene una vida más sosegada que en los años 80 y 90, cuando rostros conocidos y gente anónima de todos los rincones del país se lo rifaban. Sigue colaborando en programas de radio y televisión, pero el ritmo de trabajo no es ni remotamente parecido. "Sigo difrutando mucho de mi trabajo, es algo que he hecho siempre. Es una labor muy bonita poder ayudar a los demás". Reconoce que gracias a la videncia y a las cartas ha vivido una buena vida, "pero que conste que muchísimas veces he leído las manos o he echado las cartas gratis".
"A veces he leído las cartas a una señora a cambio de una merienda... o me han dado después una estola de visón. A veces por la lectura me traían aceite o galletas de su pueblo, lo que cada quisiera", subraya. "Han tenido detalles de agradecimiento preciosos. Una vez me regalaron un coche. También me han regalado un terreno de una finca o una joya valiosa. O, simplemente, me han traído patatas fritas o aceituinas del pueblo. Son cosas muy tiernas". En todos los casos, lo que siempre ha recibido a cambio de sus pronósticos han sido agradecimientos. Le han caído a raudales.
Posee cuadros de la duquesa de Alba
Una de sus clientas más generosas due la duquesa de Alba, quien le hizo llegar a su casa dos obras de arte. "Me regaló dos cuadros pintados por ella. Aún los tengo en mi casa. Jamás le cobré. Me quería muchísimo", recuerda.
"Actualmente sigo recibiendo llamadas y mensajes de gente que me da las gracias por haberlos salvado de una depresión o por haber arrojado esperanza cuando estaban pensando en el suicidio. Mi palabra no es infalible, pero resulta de gran ayuda. El que dirige nuestro futuro es Dios", añade.
Al hacer balance de su trayectoria, se siente más que satisfecho. "Pienso que todo este camino ha sido posible porque he sido honrado en mi trabajo. Poder adivinar cosas y ayudar a la gente me encanta y me hace feliz", confiesa. Antes de despedirnos de él, nos recuerda que el futuro siempre puede cambiar: "Evidentemente, no todo son alegrías en esta vida. Hay que disfrutar y valorar la belleza y los momentos de felicidad". Razón debe de tener. Es palabra de Rappel.