Sylvester Stallone en una imagen de archivo.

Sylvester Stallone en una imagen de archivo. Gtres Gtres

Celebrities LIBRO DE MEMORIAS

Sylvester Stallone confiesa a sus 80 años el infierno que vivió por su físico: "Me volví bulímico. Bajé al 2,6% de grasa corporal"

"Mi cuerpo era mi armadura, una obsesión. Y nadie lo logra sin aditivos ni drogas", ha confesado el actor, guionista y director.

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Sylvester Stallone (80 años) pasó décadas construyendo una masa muscular que funcionara como fortaleza impenetrable. Detrás de las vetas de granito de Rocky Balboa y la ferocidad animal de John Rambo no había invulnerabilidad, sino un trauma infantil no resuelto, una dismorfia galopante y un uso desmedido de anabolizantes y otras drogas para sostener un estándar inalcanzable.

Hoy, al echar la vista atrás en sus memorias The Steps y en una confesión íntima con The New York Times, la leyenda del cine de acción despoja a sus personajes de su fachada heroica e indestructible para revelar las grietas del hombre.

"Mi cuerpo era mi armadura, se convirtió en una obsesión. Llegué al punto en que me volví bulímico. Bajé a un 2,6 por ciento de grasa corporal cuando estaba haciendo Rocky III, y no podía retener nada. O no quería mantenerlo porque me obsesioné con esa forma física, una adoración obsesiva con mi cuerpo", confiesa la estrella.

Quiso moldear su figura como la de un "jaguar", la de un predador "felino". Por eso cruzó todas las líneas rojas: "Era algo realmente grave. Y nadie lo logra sin aditivos ni drogas, punto. No me importa lo que digan. No es que seas un drogadicto, pero si vas a entrenar y tratar de mantenerte en forma durante seis meses seguidos, y estás comiendo yogur y pudín, no lo vas a conseguir".

"He maltratado mi cuerpo"

Aquel régimen extremo incluyó un uso metódico de esteroides. "¡Dios mío, tenías que hacerlo! Pero con cuidado: seis semanas sí, seis semanas no. La gente decía: 'Oh, no te pones así de forma natural'. No, no te pones así. Pero eso también me pasó factura".

El precio físico fue devastador. La ansiada liberación no llegó hasta Cop Land (1997), donde interpretar a un sheriff obeso y parcialmente sordo le permitió, por primera vez, abandonar la tiranía del gimnasio.

"Luego las cosas se torcieron y simplemente caí en desgracia con Hollywood. Pero sí, he maltratado mi cuerpo", narra, sincero.

Sylvester Stallone junto a su madre, Jackie.

Sylvester Stallone junto a su madre, Jackie. Getty

La sombra de unos padres abusivos

El origen de esa necesidad compulsiva de blindarse no radicaba en la presión de su trabajo en el cine. Aquella fijación sin límites empezó a gestarse desde niño, en su hogar. Nacido tras un parto traumático en el que los fórceps le paralizaron parte del rostro provocándole un ceceo permanente, Stallone creció bajo el desprecio de sus progenitores.

"Mi madre también venía de una época muy difícil, y realmente no tenía madera de madre", relata en su charla con la periodista Lulu García-Navarro.

"Tenía planes grandiosos para su vida, así que mi embarazo fue una gran interrupción. Creo que no quería creer que estaba sucediendo, aunque ya estaba en el noveno mes. Finalmente estaba en un autobús cuando se puso de parto. Fue terrible. Casualmente estaba cerca de un centro médico, por así decirlo, como una sala de beneficencia", recuerda.

"De niño me consideraba discapacitado: arrastraba las palabras y balbuceaba"

Debido a sus dificultades para vocalizar durante su infancia, durante mucho tiempo creyó que era discapacitado: "Fue terrible crecer así porque arrastraba las palabras y balbuceaba. Era como diez veces peor que Rocky".

"Tienes ceceo o tartamudeo, estás muy familiarizado con ello. Pero otras personas dicen: "¿Qué? ¿Qué idioma es ese?", añade.

Portada de 'Los escalones', de Sylvester Stallone

Portada de 'Los escalones', de Sylvester Stallone Plaza & Janés.

A sus evidentes dificultades del habla y su parálisis facial se sumaba el hecho de que creció bajo el constante maltrato físico y psicológico de sus padres. "Mi madre nunca me abrazó, jamás. ¿Besos? Olvídalo. Y mi padre no era mejor", detalla.

Sobre el maltrato de su padre: "Eran explosiones constantes... Tenía unas manos enormes, aprendí a esquivarlas"

Si su madre lo atacaba de manera constante a base de palabras, su padre hizo lo propio mediante golpes y ataques de ira: "Eran explosiones constantes y luego un silencio absoluto. Si yo no estaba de acuerdo con algo, él empezaba a girar el tenedor y, de repente, ¡zas! Tenía unas manos enormes. Aprendes a esquivarlas".

Sylvester Stallone junto a su esposa Jennifer Flavin.

Sylvester Stallone junto a su esposa Jennifer Flavin. GTRES

Stallone ha obviado los episodios violentos de su niñez, dice, porque no quería inspirar lástima: "No incluí muchas cosas en el libro porque no quería que me compadecieran, pero era una locura".

"No descubrí el amor verdadero hasta los 70 años"

Aquel entorno hostil, que incluyó un breve ingreso en un pabellón psiquiátrico donde sufrió agresiones físicas, moldeó un carácter ultra competitivo.

"Mis padres nunca fueron cariñosos. Si te privan emocionalmente de joven, te haces fuerte en el mal sentido. Literalmente no descubrí el amor verdadero hasta los 70 años. Estaba obsesionado con no ser otro vagabundo del barrio. Era muy competitivo, como un pitbull. Eso era lo que me impulsaba. No es sano".

Rocky Balboa (Sylvester Stallone) y Dolph Lundgren (Iván Drago) antes de su combate.

Rocky Balboa (Sylvester Stallone) y Dolph Lundgren (Iván Drago) antes de su combate. Getty

De 'Rocky' a su ansiedad

Esa desesperación fue la que le hizo escribir Rocky y negarse en redondo a vender el guion si él no era el protagonista.

Enfocado en la idea de ser él la estrella del largometraje que él mismo escribió e ideó en la más suma pobreza, rechazó ofertas millonarias. Tenía "menos de 100 dólares en el banco". Pero tuvo muy claro que debía cumplir su sueño tal y como lo había imaginado desde el principio.

"No sé si fue algo espiritual.... No sé por qué lo sabía, porque no había tenido éxito. Era un novato, y tenían todo el derecho a no querer contar conmigo", rememora sobre el poderoso instinto que le hizo decir 'no' a un suculento contrato para permitir que estrellas de la época, como James Caan o Ryan O'Neal, encarnaran el personaje de Rocky Balboa.

"El pánico vuelve justo cuando vas a salir a un plató de televisión", asegura sobre sus problemas de ansiedad

"Sabía que si no cruzaba ese puente me odiaría a mí mismo para siempre, que me arrepentiría el resto de mi vida", subraya.

Fue en esa época cuando aparecieron sus primeros e intensos ataques de pánico: "A los 36 años, viendo las noticias, se me erizó el vello de la nuca y pensé: me estoy muriendo. Caí de rodillas. Desde entonces, el pánico vuelve justo cuando vas a salir a un plató de televisión".

Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, en California, en 2016.

Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, en California, en 2016. GTRES

Su amistad con Schwarzenegger

En la cima de Hollywood, su neurosis encontró la horma de su zapato en Arnold Schwarzenegger (79). "Yo era una fuerza bruta; él era maquiavélico y frío. Era una fuerza inamovible, un ser humano muy seguro de sí mismo, incluso más que yo, y más psicológico en la forma en que manipulaba y hacía las cosas con mucha astucia. Él ganaba premios, era culturista".

"Me arrepiento de algunas cosas que dije sobre él. Nos provocábamos de forma creativa. Nos obligó a ir más allá, con armas más potentes, más ruido, más acción y cuerpos destripados, hasta crear un estilo propio: ese género de acción exagerada de los 80 que nunca volverá a repetirse".

Sin embargo, el éxito profesional eclipsó su faceta familiar. "La verdad es que no fui un buen padre. Estaba en modo guerrero", reconoce.

"Mi hijo Sage era un chico amable. Habría logrado cosas maravillosas"

El golpe más devastador de su vida llegó en 2012 con la muerte repentina de su hijo Sage. Tenía solo 36 años cuando perdió la vida a causa de una afección cardíaca no diagnosticada: "Era un chico muy amable. Tenía una madre estupenda. Habría logrado cosas maravillosas en el futuro".

"Tienes muchos episodios de culpa. ¿Qué podría haber hecho? ¿Debería haber estado allí? Nunca olvidaré la llamada del nuevo esposo de mi madre, al que no conocía y era médico: 'Sly, se ha ido. Sage se ha ido'. Fue tan frío. Eso no se supera".

Sylvester Stallone, Jennifer Flavin y Sage Stallone en la premiere de 'Daylight

Sylvester Stallone, Jennifer Flavin y Sage Stallone en la premiere de 'Daylight GTRES

El tramo final del viaje

A día de hoy, la factura de haber puesto su anatomía al límite es incontestable. "Me han operado de la espalda nueve veces, del hombro dos veces y me han hecho tres fusiones cervicales. Todo está sujeto con alambre. Estoy más o menos en forma, pero tomo muchas pastillas para seguir adelante. Si pudiera volver atrás diría: 'Deja que otro haga tus acrobacias'".

A sus 80 años ha digerido ya el pasado con sus padres ("he aceptado que son como son"). Su mayor bálsamo es el amor tardío de su esposa Jennifer Flavin y sus hijas.

"Llevo tiempo prestado... Puedo ver la luz al final del túnel"

"Construí un castillo con miles de piedras hechas de arrepentimientos. Llevo tiempo prestado y lo estoy compensando lo mejor que puedo. Nunca se es demasiado viejo para amar ni para bailar con los grandes recuerdos, y no revolcarse en el peor pantano de todos: el de la soledad. Eso sí que es un entierro prematuro", reflexiona.

Ahora solo desea ajustar cuentas con su propia memoria: "Lo único que puedo hacer es atesorar cada segundo, porque, seamos sinceros, puedo ver la luz al final del túnel", concluye.