Jackie Kennedy.

Jackie Kennedy. Getty Images

Celebrities 'LOVE STORY'

La extremaunción que marcó las horas finales de Jackie Kennedy en su piso de la Quinta Avenida de Nueva York

La exprimera dama de Estados Unidos, que padecía un linfoma no Hodgkin, pidió ver a un sacerdote antes de morir para confesar sus pecados.

Más información: La desgraciada vida de Jackie Kennedy: de la muerte de su hijo a las infidelidades y el asesinato de su marido John

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El cáncer había avanzado más rápido de lo que nadie esperaba y su estado de salud se había deteriorado rápidamente en las últimas semanas.

Ya gravemente enferma, Jacqueline Kennedy Onassis pidió recibir la extremaunción en su apartamento de la Quinta Avenida de Nueva York.

La exprimera dama de Estados Unidos había sido diagnosticada un año antes con un linfoma no Hodgkin, un tipo de cáncer que se origina en los linfocitos (glóbulos blancos) del sistema inmunitario.

Jackie en Central Park en abril de 1994.

Jackie en Central Park en abril de 1994. Getty Images

La enfermedad se manifestó a través de un ganglio inflamado en su ingle que los médicos descubrieron después de que Jackie se cayera montando a caballo y fuera trasladada a urgencias.

En un primer momento se pensó que la inflamación era debida a una infección. Sin embargo, su estado continuó empeorando y finalmente se detectó el cáncer. Tras varios tratamientos sin éxito, los médicos informaron a la familia que el final estaba cerca.

Estas últimas horas de la mujer de John Fitzgerald Kennedy -trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos- se narran ahora en Love Story, la nueva serie de Ryan Murphy para Disney Plus.

Aunque en realidad la ficción se centra en la historia de amor de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette-Kennedy, el tercer capítulo está dedicado al ocaso de La viuda de América y sus últimos momentos en este mundo.

La ex primera dama montando a caballo.

La ex primera dama montando a caballo. Getty Images

Cuando los doctores comunicaron a Jackie Kennedy que ya no había nada más que hacer por ella, la estadounidense pidió el alta voluntaria para enfrentarse a su destino final en la intimidad de su casa del Upper East Side.

"Éramos optimistas, en las imágenes el pecho y el estómago estaban limpios. Pero el cáncer se ha extendido al cerebro y a la médula espinal", le explicó su equipo médico.

Rodeada por sus hijos, Caroline y John Jr., la exprimera dama se mostró serena, consciente de su situación y decidida a despedirse con dignidad.

El tiempo jugaba en su contra, pero nunca se imaginaron hasta qué punto. "Cada paciente varía mucho en esta etapa de la enfermedad", explicó a sus hijos la cuidadora de paliativos.

Parece que la única verdaderamente consciente de su gravedad fue la propia Jacqueline, quien la misma tarde que abandonó el hospital quiso ver a su sacerdote. Era el 18 de mayo de 1994. Murió el 19.

John F. Kennedy y su esposa Jackie en Dallas.

John F. Kennedy y su esposa Jackie en Dallas. Getty Images

Una de las escenas más conmovedoras del episodio es, sin duda, el momento en que Onassis se confiesa de sus pecados. "Perdóname, Señor, porque he pecado. Yo quería morirme después de Jack. Pensaba que teníamos que habernos ido los dos aquel día en Dallas. Pero no podía moverme. Me quedé helada", comienza una Naomi Watts (actriz que interpreta a Jackie) postrada en la cama y enchufada a una vía.

"Estaba muy enfadada con él. Por todo lo que me hizo pasar. Todas las mujeres... Pero siempre lo protegí. Incluso después de su muerte. Me senté con ese periodista y le conté un cuento de hadas. Nunca habrá otro Camelot -Camelot era la Casa Blanca y Kennedy su Rey Arturo-".

"Quiero que sepa que le perdono". ¿A Jack?, pregunta el sacerdote. "No, a Dios", asegura Jackie.

Horas después, poco antes de la medianoche, falleció mientras dormía a los 64 años. "Anoche, alrededor de las 22:15 mi madre falleció", declaró a la prensa John Kennedy Jr. en un breve comunicado a las puertas de la residencia familiar.

"Estaba rodeada de sus amigos y su familia y sus libros, las personas y las cosas que amaba. Y lo hizo a su manera. Ha sido una suerte. Ya está en manos de Dios".

Antes del trágico suceso se aseguró de que gran parte de su vida privada cayera en el olvido al quemar gran parte de la correspondencia y fotos que atesoraba en el décimo quinto piso del 1040 de la Quinta Avenida.

Funeral de Jackie Kennedy.

Funeral de Jackie Kennedy. GTRES

Su misa funeral, de carácter privado, se celebró el 23 de mayo de 1994 en la iglesia de St. Ignatius Loyola, en Park Avenue, la misma parroquia donde Jackie había sido bautizada y confirmada y a la que acudía habitualmente.

A la ceremonia asistieron familiares, amigos cercanos y figuras políticas, entre ellas la entonces primera dama Hillary Clinton (78); el presidente Bill Clinton (79) se unió después al cortejo que llevó el féretro a Washington.

Fue enterrada junto a su marido John F. Kennedy en el Cementerio Nacional de Arlington (Virginia), junto a la llama eterna que ella misma encendió en 1963.

Su muerte puso fin a la vida de una de las figuras más admiradas del siglo XX, símbolo de elegancia, resiliencia y discreción hasta su último día.

La carta a su hijo

Los últimos minutos de La viuda de América están dedicados a la carta que Jackie Kennedy escribió a su hijo, convertido en símbolo nacional desde la famosa imagen del niño saludando el féretro de su padre.

"Querido John, entiendo las presiones a las que siempre tendrás que enfrentarte por ser un Kennedy, aunque llegaste a este mundo siendo inocente", comienza la misiva.

Jackie junto a su hijo John Kennedy Jr.

Jackie junto a su hijo John Kennedy Jr. Getty Images

"Tú, más que nadie, tienes tu lugar en la historia. No importa el camino que tomes en la vida, lo único que te pido es que continúes enorgulleciendo a Caroline, a la familia Kennedy, y sobre todo, que te sientas orgulloso de ti mismo. Mantente cerca de la gente que te conoce y te quiere tal como eres. Todo mi amor. Mami".

Con estas palabras, Jackie se despidió de John F. Kennedy Jr., a quien siempre estuvo muy unida. La visitaba a menudo en Nueva York, compartían vacaciones familiares y ella fue una consejera constante, tanto en su vida sentimental como en sus decisiones profesionales.

Tras la muerte de su madre, él mismo se convirtió, en cierta medida, en heredero del aura de Jackie: el hijo querido y protegido que trataba de honrar el legado de servicio público y discreción que ella le había transmitido.