Isabel II en el castillo de Windsor en 2022.

Isabel II en el castillo de Windsor en 2022. Gtres

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Isabel II, la soberana que llevó la Corona 70 años y 214 días: la cara menos conocida de Lilibet cuando no ejercía de reina

Generosa, agradecida y con sentido del humor. En el centenario de su nacimiento, EL ESPAÑOL repasa anécdotas de una soberana que hizo historia.

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A muchos les puede chocar que la futura reina Isabel II no naciera en el palacio de Buckingham o en cualquier otra residencia real. Lo hizo el 21 de abril de 1926 en la casa de sus abuelos maternos, el conde y la condesa de Strathmore, en el exquisito barrio londinense de Mayfair. La vivienda la derribaron.

Diez años después sí se trasladaría a Buckingham, por carambola, ya que su tío, Eduardo VIII, abdicó para casarse con Wallis Simpson, una americana plebeya doblemente divorciada. Estos se convertirían en los duques de Windsor, la pareja más solicitada en el circuito de la jet set internacional.

Por ende, el padre de la princesa Isabel se convirtió en Jorge VI y ella, en la heredera. Su hermana, la princesa Margarita, nació el 21 de agosto de 1930.

Nacimiento de Isabel II.

Nacimiento de Isabel II.

Con motivo del centenario del nacimiento de Isabel II, EL ESPAÑOL recoge algunos aspectos inéditos de la vida de la soberana que más tiempo ha sustentado el cetro y la corona, nada más y nada menos que 70 años y 214 días. Solo su fallecimiento el 8 de septiembre de 2022 a los 96 años impidió que continuara haciendo historia.

Durante su infancia, las princesas Isabel y Margarita cogieron mucho cariño a su institutriz, Marion Crawford, a quien llamaban cariñosamente Crawfie.

Con ella se llevaron un tremendo disgusto cuando empezó a pasar información delicada a la revista norteamericana Ladies Home Journal. Y en 1950 publicó detalles íntimos de las royals en el libro The Little Princesses. Por ello, la tacharon de traidora.

Tom Quinn, autor de Sí, alteza. A su servicio (Esfera de los libros) le ha comentado a quien escribe este artículo que "los contratos especiales que el personal real debe firmar para asegurarse de que no cuenten historias sobre su trabajo con la realeza han surgido definitivamente gracias al libro de Marion Crawford".

Que los Windsor borraran del mapa a la institutriz es algo complicado de entender ya que, según el escritor, “hay bastante evidencia de que la Reina Madre accedió a que Crawford publicara su libro y el asunto resulta muy extraño porque el libro en sí solo está lleno de elogios para las princesas”".

Isabel II y el duque de Edimburgo tras la coronación de la Reina.

Isabel II y el duque de Edimburgo tras la coronación de la Reina. Gtres

Cuando Isabel II ocupó el trono tuvo muy claro no solo que ella jamás hablaría con la prensa, sino que prohibía que cualquier persona cercana a ella lo hiciera. Con el tiempo se demostró que gran parte del contenido de los tabloides y de otros libros provenía del personal y de familiares.

La única que fue leal a la soberana fue Margaret MacDonald, su niñera y nodriza y, a posteriori, ayuda de cámara, confidente y amiga íntima a quien afectuosamente llamaban Bobo. Cuando ambas estaban relajadas les encantaba beber té y comer galletas rellenas de mermelada.

Tal fue su dedicación a Isabel II que jamás se casó, no tuvo hijos y estuvo a su lado durante 67 años, por lo que fue convenientemente galardonada. Casi se podría definir que lo suyo fue una lealtad feudal.

A este respecto, Quinn deja patente que "la familia real puso a Crawford como ejemplo de advertencia para todos los que vinieron después. Fue una forma de decir que serías recompensado si te comportabas como Bobo y serías castigado eras más como Crawford".

Por supuesto, esto no ha impedido que los miembros del personal real hablen con periodistas y autores, pero simplemente lo hacen discretamente a cambio de anonimato.

La boda de Isabel Il y Felipe de Edimburgo.

La boda de Isabel Il y Felipe de Edimburgo.

Solo los elegidos llamaban Lilibet en la intimidad a la reina. Un apelativo dado por su progenitor, ya que le costaba pronunciar Elizabeth.

Un dato curioso lo protagonizó en varias ocasiones el rey Felipe VI (58) quien para resaltar los estrechos lazos familiares entre los Borbones y los Windsor -los eméritos son tataranietos de la reina Victoria de Inglaterra- se refirió en alguna ocasión a la monarca como Lilibet.

Cuando el 20 de noviembre de 1947 Isabel se casó en Westminster con el rubio y atractivo príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca -su abuelo fue el rey Jorge I de Grecia y bisnieto del zar Nicolás I de Rusia- solo le pidió una cosa, lealtad.

Por ello no le dio valor a las innumerables infidelidades y meteduras de pata del duque de Edimburgo, un título regalado por motivo de su enlace por Jorge VI.

Foto familiar.

Foto familiar.

La pasión que sentía el rey por sus hijas era vox populi, al igual que consideraba a su primogénita como su ojito derecho. “Lilibet es mi orgullo, Margaret mi alegría”, solía decir orgulloso.

Y no iba desencaminado ya que mientras la primera cumplía con firmeza su agenda, la segunda se descarrilaba a menudo. Así lo demostró de adulta bebiendo en exceso y escapándose de juerga a la isla privada de Mustique, propiedad de su íntimo amigo, el millonario británico Colin Tennant III Lord Glenconner, que le regaló la villa Les Jolies Eaux. Su esposa, Lady Anne Glenconner, fue dama de compañía de la reina.

Como Isabel II no podía atar en corto a su hermana, algo que dio por imposible, sí que se aseguró que sus hijos los príncipes Carlos (77), Andrés (66) y Eduardo (62) y la princesa Ana (75) bebían de su misma agua.

Si con el príncipe de Gales fue extremadamente fría y distante, a Andrés le consideró siempre su otro ojito derecho. De ahí que ella pagara de su bolsillo el acuerdo extrajudicial cuando el ex duque de York fue acusado por Virginia Giuffre en un caso de abuso sexual amparado por Jeffrey Epstein.

Isabel II posa con algunos de sus corgi en Windsor en 1973.

Isabel II posa con algunos de sus corgi en Windsor en 1973. Gtres.

Isabel II había sido criada a la antigua usanza en cuestiones de maternidad, en cambio, a sus corgis les consentía todos los caprichos del mundo. Era auténtica devoción. Tras su fallecimiento, en septiembre de 2022, Sarah Ferguson ‘heredó’ varios para cuidarlos.

La reina les daba rienda suelta para que pasearan a sus anchas por el palacio de Buckingham, lo que traía de cabeza a los lacayos que corrían detrás de ellos con un sifón de soda y varios trapos cada vez que orinaban en las alfombras.

También le gustaban los labradores y los spaniels. Y, especialmente, cuando se iba de caza con ellos y le traían las presas.

"Era muy buena retorciéndole el pescuezo a las aves heridas", le confesó un guarda mayor al escritor Tom Quinn. Algunos de los ojeadores que azuzaban a las aves solían bromear diciendo que, de vez en cuando, seguramente habría querido hacer lo mismo ¡con sus hijos!".

Isabel II en el castillo de Windsor en 2022.

Isabel II en el castillo de Windsor en 2022. Gtres

Que Isabel II era una figura hierática a la que le gustaba respetar el legado milenario del reino es algo que está fuera de duda. Pero pocos imaginan que gozaba de un extraordinario sentido del humor.

En cierta ocasión estaba al lado de un miembro de su equipo de seguridad a las puertas de Balmoral cuando un transeúnte que pasaba por allí, y que claramente no tenía ni la menor idea de quién era aquella pequeña mujer con un pañuelo en la cabeza, le preguntó si conocía a la reina. Sin inmutarse, ella le contestó: "Yo no. Pero él sí" y señaló a su guardia de seguridad.

A pesar de que su poder se transmitía a través de las piedras preciosas atesoradas en la Torre de Londres y que solía lucir en la apertura del Parlamento como los gigantescos diamantes Cullinan, una de las cosas que más le gustaba era rodearse de gente normal como las cocineras, los jardineros o los soldados.

Carlos III e Isabel II en Balmoral.

Carlos III e Isabel II en Balmoral. Gtres

En más de una ocasión se bajó del trono para atender necesidades tan mundanas como dar una botella de agua a uno de los guardias ubicado en la puerta del castillo de Windsor porque a punto estuvo de desvanecerse por el calor extremo.

Si se enteraba que alguien de su personal estaba enfermo y tenía que esperar durante meses a que fuera atendido en el Servicio Nacional de Salud, la soberana pagaba de su bolsillo la atención médica privada.

La generosidad y gratitud también la llevó a pagar la hipoteca al oficial de seguridad que evitó en 1974 el intento de secuestro de su hija, la princesa Ana.

Otra anécdota curiosa la protagonizó uno de los guardas forestales de Windsor quien, al jubilarse, se encontró con la grata sorpresa de que Isabel II había dado su aprobación para construir una cabaña en los terrenos del castillo. Y no contenta con ello, de vez en cuando se pasaba a visitarlos y se ofrecía a prepararles el té en la diminuta cocina.

Isabel II, la Reina que no estaba destinada al trono y se entregó a la Corona hasta su último aliento: su vida, en imágenes

Isabel II, la Reina que no estaba destinada al trono y se entregó a la Corona hasta su último aliento: su vida, en imágenes

A lo largo de su vasto reinado, Isabel II tuvo que lidiar con la parte oscura de su esposo, que nunca gozó del favor de la prensa.

El entonces príncipe griego se sentía ninguneado por su esposa y, de hecho, llegó a quejarse de que era el único hombre en el país que no tenía el derecho tradicional de los hombres de darle a sus hijos su apellido.

La reina cedió finalmente a sus quejas y añadió el nombre de Mountbatten al apellido familiar, Windsor.

Este, por cierto, fue una invención del rey Jorge V porque durante la I Guerra Mundial no interesaba que se divulgara su apellido familiar germánico, Sajonia-Coburgo-Gotha, tras el aumento del sentimiento anti alemán, por lo que lo cambió por Windsor en honor al castillo más regio del país.

En Europa, Isabel II fue la luz a seguir. Los reyes y reinas del viejo continente vieron en ella a un gran referente que se crecía ante la adversidad y que jamás contempló la abdicación. Por ello no vio con buenos ojos que su primo, Juan Carlos I (88) o Beatriz de Holanda (88), abandonaran el trono.

Londres celebra el 90 cumpleaños de la reina Isabel II

Londres celebra el 90 cumpleaños de la reina Isabel II

Con motivo del centenario de su nacimiento, las calles de Londres se han asfaltado de numerosos homenajes para seguir mostrando el respeto por una de las figuras históricas más destacables del país.

Entre las numerosas actividades destacan la mayor exhibición de piezas de ropa de la soberana o la inauguración del Jardín de la reina Isabel II en Regent’s Park, uno de los pulmones verdes más grandes de la capital.

La guinda del pastel será el próximo 21 de abril por la noche en Buckingham Palace, donde el rey Carlos III y la reina Camila ofrecerán un banquete al que están invitados los nombres más importantes del establishment.

Lamentablemente, no se sentarán a la mesa Andrés Mountbatten-Windsor, Sarah Ferguson (66) y sus hijas, las princesas Beatriz (37) y Eugenia (36) porque sus nombres están vinculados en el escándalo sexual Epstein.