Ana y Eduardo, en una fotografía tomada en Sandringham, en 2009.

Ana y Eduardo, en una fotografía tomada en Sandringham, en 2009. Gtres

Casas Reales ESCÁNDALO ROYAL

Ana y Eduardo, los hermanos de Carlos III que se salvan de la quema y 'dignifican' la Corona a pesar de Andrés: su difícil papel

El exduque de York es el mayor 'quebradero de cabeza' de la monarquía británica y la ha sumido en el ocaso. Hay dos activos Windsor (aún) sin tacha.

Más información: Eugenia de York reaparece en Londres, muy sonriente y de incógnito, tras la detención de su padre, el expríncipe Andrés

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Que el expríncipe Andrés (66 años), hoy despojado de todos sus títulos, proscrito y alejado de la Familia Real británica por una suerte de cordón sanitario, se ha convertido en el garbanzo negro de la Corona, es un hecho más que constatado. Su vínculo con Epstein lo ha arrinconado.

Lo ha terminado por dejar completamente solo; nadie de su familia más directa lo apoya abierta y públicamente, sin fisuras. El propio rey de Inglaterra, Carlos III (77), aseveró públicamente tras la detención del exPríncipe que "la ley debe seguir su curso".

Como hermano, el monarca dice sentir una "profunda preocupación" por esta situación tan delicada, después de que Andrés haya sido acusado de facilitar investigación confidencial al pedófilo Epstein y de "mala conducta en un cargo público". El entorno de Andrés cierra filas.

Su exmujer, Sarah Ferguson (66), otrora gran defensora de él, está en silencio y alejada del escándalo. Las hijas de ambos, Eugenia (35) y Beatriz (37), también se han puesto de lado. El exduque es una mancha, y nadie quiere verse salpicado o envuelto en el lodo.

Ana y Eduardo en una fotografía de archivo.

Ana y Eduardo en una fotografía de archivo. Gtres

A día de hoy, en la Institución, quitando al propio Rey -incluida su mujer, Camila (78)-, y a Guillermo (43 años) y a Kate Middleton (44), hay dos activos, dos miembros royals que se salvan de la quema y 'dignifican' la Corona: los príncipes Ana (75) y Eduardo (61).

Ana y Eduardo, los dos hijos menores de Isabel II, se han convertido en los grandes salvavidas de Carlos III en uno de los momentos más delicados para la monarquía británica.

Mientras el caso de Andrés ha dinamitado la reputación del hermano pequeño y los Sussex siguen fuera de juego, son ellos -la princesa trabajadora y el hijo modélico- quienes sostienen el andamiaje institucional y ayudan a dignificar una Corona muy débil y dañada.

En la fotografía de familia, los Windsor de la misma generación de Carlos III parecen divididos en dos bloques claros. De un lado, Andrés, arrastrado por el tsunami Epstein y expulsado de la vida pública.

Del otro, Ana y Eduardo, que han hecho justo lo contrario: trabajar, callar y reforzar la imagen de servicio.

Ambos príncipes, hermanos de Carlos III, en un acto institucional.

Ambos príncipes, hermanos de Carlos III, en un acto institucional. Gtres

Una entrega que la Institución necesita desesperadamente. Por su parte, Ana es hoy uno de los miembros con mayor número de actos oficiales al año. De hecho, es el miembro más activo de la realeza, y al cierre de este artículo ha acudido a un acto institucional.

En concreto, ha acudido a la reunión de Ciencias Oceánicas de la unión geofísica americana en el Scottish Event Campus en Glasgow. El otro salvador, Eduardo, convertido en duque de Edimburgo, se ha consolidado como el hijo leal y disponible para todo aquello que la Corona necesite.

En plena crisis por el caso de Andrés, su presencia tiene un valor simbólico enorme: demuestran que aún hay miembros de la familia capaces de encarnar la vieja ecuación británica de "duty, not drama" -deber, no espectáculo-.

Ana, la Princesa que nunca se queja

La princesa Ana es el ejemplo de la discreción más absoluta. Vestida casi siempre de manera práctica, con peinados inmutables y sin concesiones a la vanidad, se ha ganado una reputación: la de ser la royal que trabaja más y protesta menos.

Cumple un calendario altísimo de actos: inauguraciones, visitas a regimientos, patronazgos deportivos, organizaciones benéficas y compromisos rurales repartidos por todo el país.

La princesa Ana, en un acto este pasado miércoles, día 25 de febrero, en Glasgow.

La princesa Ana, en un acto este pasado miércoles, día 25 de febrero, en Glasgow. Gtres

Es patrona o presidenta de decenas de organizaciones, especialmente ligadas al deporte, la infancia, la discapacidad y el mundo ecuestre.

Representa a la Corona en viajes oficiales al extranjero, muchas veces en destinos que no acaparan titulares, pero que son clave para mantener viva la red de la Commonwealth.

No concede entrevistas incendiarias ni hace de su vida privada una narrativa pública. Esa forma de estar, casi antigua, se ha convertido paradójicamente en su mayor activo moderno.

Eduardo, hijo modélico

El príncipe Eduardo, menor de los cuatro hermanos, tardó más en encontrar su lugar, pero hoy es, para muchos, el hijo que mejor ha encajado el papel que el sistema espera de él.

Tras un breve coqueteo con el mundo del espectáculo y algunos tropiezos empresariales en los 90, se replegó hacia la esfera institucional y acabó consolidándose como un trabajador fiable y discreto.

El príncipe Eduardo, en Kathamnadu, en 2025.

El príncipe Eduardo, en Kathamnadu, en 2025. Gtres

Hoy, como duque de Edimburgo, su papel se ha reforzado: Apoya directamente a Carlos III asumiendo actos que antes cubrían otros miembros ya retirados o apartados.

Mantiene vivo el legado del duque de Edimburgo con programas juveniles, iniciativas educativas y patronazgos científicos y culturales. Representa a la Corona en actos militares, conmemoraciones y visitas a organizaciones sociales, especialmente junto a su esposa, Sofía.

Los hijos discretos de Ana: Peter y Zara

La manera en que Ana ha criado a sus hijos también contribuye a ese efecto de dignificación. Ni Peter Phillips (48) ni Zara Tindall (44) tienen títulos reales, decisión tomada de común acuerdo con su madre y sus parejas para darles una vida lo más normal posible.

Peter Phillips, el mayor, ha llevado una vida alejada del foco. Ha trabajado en el sector corporativo y deportivo, ha colaborado con empresas de eventos y ha intentado vivir de su carrera más que de su condición de nieto de la reina.

James y Lady Louise, junto a sus padres, Eduardo y Sofía.

James y Lady Louise, junto a sus padres, Eduardo y Sofía. Gtres

Su papel en la escena pública se limita, prácticamente, a las grandes ocasiones: funerales, coronaciones, bodas reales. Zara Tindall, por su parte, ha labrado una carrera deportiva de alto nivel como amazona de competición, llegando a ser medallista olímpica.

Los hijos de Eduardo: Louise y James

Eduardo y su esposa, Sofía, han seguido una línea similar con sus dos hijos: Lady Louise (22) y James (18), conde de Wessex. Aunque por nacimiento podrían reclamar una exposición mucho mayor, han sido educados bajo la idea de que, a largo plazo, deberán ganarse la vida fuera de la Institución.

Lady Louise, la mayor, ha crecido prácticamente al margen de la exhibición mediática. Sus apariciones se cuentan con cuentagotas y suelen relacionarse con momentos familiares de especial relevancia.

James, el hijo menor, ha seguido un camino similar. Aunque es conde de Wessex, título que lo sitúa dentro de la nobleza, no se lo está proyectando como figura de primera línea de la Casa Real.