Isabel Coixet

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Corazón

El restaurante familiar donde Isabel Coixet es cliente habitual: "El mejor sitio para comer ricas tapas clásicas a buen precio"

La galardonada directora de cine es asidua a este local y tiene un plato fetiche de lo más excéntrico.

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Isabel Coixet ha recorrido el mundo entero con su cámara al hombro. Alfombras rojas internacionales, rodajes interminables al otro lado del charco y galas de premios conforman la frenética agenda de una de las cineastas españolas más laureadas.

Sin embargo, cuando los focos se apagan y la directora de La librería o Un amor necesita bajar revoluciones, no se aísla en una mansión inexpugnable ni se fuga a una isla paradisíaca.

Su verdadero santuario personal no requiere pasaporte. Se encuentra a pie de calle, integrado en el bullicio cotidiano de su ciudad: el barrio barcelonés de Gràcia.

Gràcia conserva a la perfección ese espíritu de "pueblo dentro de la gran ciudad", con sus calles estrechas, plazas llenas de vida y pequeños comercios. Es en este laberinto urbano, justo en la frontera natural con el señorial distrito del Eixample, donde la realizadora catalana ha tejido su propio oasis.

Lejos de los restaurantes con estrella Michelin y los menús degustación de precios astronómicos que muchos podrían asociar a una figura de su prestigio, Coixet prefiere la madera gastada, el ruido de los platos y la honestidad de los locales de barrio.

Su refugio absoluto, ese lugar donde es simplemente ella y no "la galardonada directora", lleva el nombre La Pepita, junto a su inseparable local contiguo, La Mini Pepita.

Ubicados en la confluencia de la calle Còrsega, estos dos espacios se han convertido en una extensión de su propio salón para las tardes y noches de verano.

Sofía en la sala, controlando el ritmo de los comensales, y Sergio en los fogones, levantaron la persiana de este negocio familiar en el año 2010. Desde entonces, han huido de las ínfulas y las modas pasajeras.

En su interior no hay manteles de lino blanco ni un protocolo que encorsete la velada. El secreto que ha enamorado a Coixet es una propuesta desenfadada de tapas clásicas, basada en el producto y en ofrecer, como ella misma destaca, "uno de los mejores sitios para comer rico a buen precio en Barcelona".

Pero si hay un detalle que refleja el carácter excéntrico y vanguardista de la cineasta, es su comanda habitual. Nada de unas bravas tradicionales o una simple ración de jamón.

En cuanto Coixet toma asiento, pide su plato fetiche: las anchoas con dulce de leche. Un contraste radical a priori impensable que fusiona el potente salazón marinero con la densidad dulce del postre lácteo. Un bocado arriesgado que sorprende y engancha a partes iguales.

El restaurante favorito de Coixet

Esta particular zona de confort barcelonesa se complementa con otros rincones que terminan de configurar su ecosistema. Apenas a unos metros de sus amadas tapas, suele dejarse caer por Nabuco Tiramisú para disfrutar de auténticos cannoli italianos y focaccias recién horneadas.

Cuando se cae la tarde y busca inspiración, su destino es Oblicuo, un local en la cercana Riera de Sant Miquel que presume de una acústica impecable y unos cócteles que acompañan impecables sesiones de vinilos.

El cierre de oro a su ruta de desconexión mantiene esa misma línea de sabores únicos. Para el postre, Isabel camina hasta la plaza de Gal·la Placídia. Allí, en la heladería Hijos de Nata, pide religiosamente su tarrina de sésamo negro con caramelo de miso.

Al final, el verdadero lujo para uno de las mentes más brillantes de nuestro cine reside en la cercanía. Bajar a su particular pueblo urbano, saludar a los dueños por su nombre de pila y evadirse del ruido mediático con una anchoa dulce entre las manos.