El pueblo medieval declarado Conjunto Histórico con un puente románico del siglo XI

El pueblo medieval declarado Conjunto Histórico con un puente románico del siglo XI

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El pueblo medieval declarado Conjunto Histórico con un puente románico del siglo XI: 2.500 habitantes y casas de piedra

Este enclave de la geografía catalana cuenta con un barrio judío único en Europa y una excepcional gastronomía de montaña.

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Cuesta creer que, a poco de más de una hora de Barcelona, exista un pueblo donde el tiempo parece haberse detenido en plena Edad Media.

Allí, un puente de piedra del siglo XI, un barrio judío escondido junto al río y un laberinto de calles empedradas se han convertido en escenario habitual de series, fotos virales y escapadas de fin de semana.

Solo unos 2.500 vecinos conviven a diario con miles de visitantes que cruzan su icónico puente en zigzag buscando la misma imagen, la de un casco histórico prácticamente intacto, reconocido como Conjunto Histórico-Artístico y convertido ya en uno de los grandes imanes turísticos de Cataluña.

La primera mención documentada de Besalú aparece en el siglo X, cuando este rincón de la Garrotxa ya era un importante núcleo de poder feudal en el nordeste de la península.

Durante siglos fue capital de condado y punto estratégico entre la montaña y la llanura, lo que explica la contundencia de su puente fortificado y el trazado compacto de sus calles.

Entrar en Besalú es cruzar su icónico puente románico sobre el río Fluvià, una estructura en ángulo del siglo XI coronada por una torre defensiva que se ha convertido en la postal obligada del pueblo.

Desde ahí, el paseo se vuelve casi cinematográfico. Calles empedradas, casas de piedra con arcadas, pequeñas plazas y restos de muralla que hacen que la visita se pueda hacer cómodamente en una mañana... o alargarse todo el día si te dejas llevar.

Pueblo medieval de Besalú. Puente de piedra

Pueblo medieval de Besalú. Puente de piedra

La oficina de turismo organiza visitas guiadas diarias en varios idiomas, con rutas centradas en el Besalú medieval, el barrio judío o la iglesia de Sant Pere.

Uno de los grandes tesoros del pueblo es el antiguo barrio judío, que conserva un trazado íntimo de callejuelas, patios y casas adosadas al río.

Allí se encuentra el micvé, un baño ritual judío del siglo XII excavado en la roca, considerado uno de los pocos ejemplos conservados en Europa y una auténtica joya para quienes buscan algo más que la foto del puente.

Esa convivencia histórica entre cristianos y judíos, rota a finales del siglo XV, se ha convertido hoy en uno de los reclamos culturales más potentes de Besalú.

Vista aérea del puente medieval del Besalú al atardecer

Vista aérea del puente medieval del Besalú al atardecer

La visita suele terminar, inevitablemente, sentados a la mesa. La cocina de la Garrotxa es una cocina de montaña que apuesta por el producto local. Carnes a la brasa, embutidos artesanos, fesols de Santa Pau, farinetas de fajol y platos de setas y caracoles que cambian con la temporada.

En el casco antiguo abundan las tabernas y restaurantes con terraza, donde se sirven desde escudella y trinxat hasta cocina volcánica y de mercado en espacios históricos como Cúria Reial o con vistas directas al puente en locales como Pont Vell.

No es casual que Besalú aparezca una y otra vez en listas de "pueblos medievales imprescindibles" de nuestro país, ni que los free tours cuelguen a menudo el cartel de completo en temporada alta.

Su combinación de historia, tamaño manejable, buena gastronomía y fotogenia lo ha convertido en una escapada fácil desde Barcelona o Girona para todos los que sueñan con perderse, por unas horas, en un pueblo que sigue pareciendo de otra época.