Alaska (62 años)

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Corazón

Alaska (62 años): "Me levanto a las 6:57 de la mañana y desayuno un biscote con aceite, un bollo o unos churros"

La artista mexicana explica cuál es su rutina para mantenerse joven a su edad.

Más información: David Bustamante (43 años): "Me levanto a las 5 y desayuno 3 huevos revueltos, aguacate, jamón y pan de espelta".

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Alaska desayuna según el día... y según la dieta. Esa es la clave de una rutina tan maniática como efectiva que le permite mantenerse en forma a los 62 años sin renunciar del todo a los placeres que más le pueden: el pan, la bollería y todo aquello que ella misma llama "guarradas".

La cantante tiene un sistema muy claro: su desayuno cambia según esté "a dieta", "a media dieta" o totalmente relajada.

Cuando quiere cuidarse, a primera hora de la mañana opta por un sencillo biscote con aceite, una tostada ligera que encaja en sus planes de control de peso.

Si está en una fase más estricta, entra en juego la versión más disciplinada: batidos proteicos y productos preparados que le marcan qué tomar sin tener que pensar demasiado.

En cambio, cuando decide soltarse la melena, su desayuno soñado es el más español posible: bollería, bollos de pastelería o incluso unos churros, lo que ella define como desayunos "de bar" que disfruta sin remordimientos.

La artista reconoce que su gran batalla no es el escenario, sino el plato: "me gusta comer mal, básicamente", ha llegado a admitir, describiendo una relación con la comida casi obsesiva.

Le pierden la bollería, los refrescos, las patatas y todo lo que sabe que no le conviene, pero que le hace feliz durante un rato.

Por eso necesita dietas cerradas, con menús marcados que indiquen qué desayunar, qué picar y qué cenar.

Si tiene que improvisar, lo más probable es que termine eligiendo justo lo que intenta evitar. Esa sinceridad cruda, tan poco "postureo", es precisamente lo que conecta con miles de lectores que se reconocen en sus mismas tentaciones.

Detrás de esa imagen icónica de diva nocturna hay una mujer que madruga más que muchos oficinistas.

"Me levanto a las 6:57 o 7:07 y a las 7:30 ya estoy desayunada y preparada", confiesa. Ese control militar no es casual: asegura que, si no tiene todo planificado, se siente desbordada y pierde el control de su día.

La organización, más que una manía, es su escudo para que la comida, los compromisos y el cansancio no la arrastren.

Entre sus intentos por cuidarse destaca una de las propuestas que más titulares ha generado: su famosa "ChocoDiet", un plan con productos de chocolate bajos en hidratos con el que asegura haber perdido más de dos kilos en cinco días.

Lo cuenta como una dieta "fácil y cómoda", con cinco comidas al día y sin renunciar al capricho del chocolate, su debilidad confesa.

Su filosofía es clara: o está a dieta o se entrega al placer de la comida, pero rara vez se queda a medias.

Cuando no manda la dieta, lo reconoce sin drama: llama y pide "la mayor guarrada del universo" para cenar, buscando ese momento de felicidad efímera que compensa una jornada entera de disciplina.

Lejos de vender una vida perfecta, Alaska ha convertido sus contradicciones en marca personal: quiere cuidarse, pero se sabe adicta a comer mal; organiza su día al milímetro, pero se permite atracones calculados cuando baja la guardia.

Esa mezcla de disciplina y honestidad brutal explica por qué su desayuno, ese biscote con aceite que a veces se convierte en churros, interesa tanto como sus canciones: porque detrás hay una historia real de lucha, tentación y autocontrol que engancha a cualquier lector que haya empezado mil dietas y se haya rendido otras tantas.