América, madre de Alaska (96)

América, madre de Alaska (96)

Corazón

América (96), madre de Alaska: "Olvido siempre fue muy formal hasta los 12 años; mi yerno es el que debería haber sido mi hijo"

La longeva madre de la artista habla sin reparo sobre ella y su yerno, Mario Vaquerizo.

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América Jova (96 años) habla de su hija Alaska (62 años) con una mezcla explosiva de ternura, ironía y titulares irresistibles, y cada vez que abre la boca deja frases que piden ser contadas casi por sí solas.

En una entrevista radiofónica para presentar su libro Memorias de América: de Cuba a Alaska, América desarmó a todos con una confesión que define su carácter: "Mi hijo debería haber sido Mario Vaquerizo".

Lo decía entre risas, pero muy en serio: ve en su yerno un reflejo de sí misma, un tipo fiestero, cercano y trabajador, justo lo contrario de la imagen más reservada que proyecta Alaska en la intimidad.

"Olvido se va la primera de la fiesta y Mario se queda el último", remató, marcando de un plumazo la diferencia entre su hija y el hombre con el que comparte su vida.

Esa complicidad con Mario llega tan lejos que América ha reconocido que, mientras ella viva, tienen "prohibido separarse". Una frase que suena a broma, pero que encierra el férreo sentido de la familia de una mujer que ha tenido que rehacerse varias veces a lo largo de su biografía.

Cuando habla de Alaska, América baja el tono pero mantiene la sinceridad brutal que la ha convertido en personaje propio. Ha contado que su hija fue "muy formal hasta los 12 años", una niña buena estudiante, ordenada, casi con "un viejo dentro".

También ha confesado que ella siempre fue más madre que colega: "Yo siempre he hecho de madre, nunca de amiga", resume, dejando claro que en su casa mandaban las normas.

Eso no significa distancia emocional. Al contrario, América recuerda el momento en que la vio sobre un escenario, de telonera en un teatro, y supo que tenía que apostar por ella.

"Fui a verla y me gustó. Le dije: 'Vas a dejar de trabajar, te voy a ayudar'", relata sobre aquella adolescente que ya cantaba mejor que las inglesas a las que abría el show.

América Jova se ha ganado a la audiencia porque habla como piensa, sin filtros ni correcciones políticas. Sobre Cuba, por ejemplo, no se anda con rodeos: "Yo no he llorado nada a Cuba. Lo veo tan feo y horroroso y no lloro nada", confesó, recordando cómo la revolución le arrebató familia, vida y hasta joyas.

De esa experiencia sale una filosofía de supervivencia muy suya: "En esta vida hay que poner el culo contra la pared porque así te vean, así te tratan".

La madre de Alaska

Tampoco se corta al hablar de sí misma: "En la vida he hecho de todo, menos ser rica", ha dicho más de una vez, resumiendo décadas de trabajo como apoderada de toreros, vendedora de joyas o peluquera en Harlem. A los 90 años, insistía en que solo le faltaba "ser rica, tener un yate y un avión pequeño", entre carcajadas.

Alaska suele decir que su madre ha tenido "una vida de cine malo" y no es difícil entender por qué. Nacida en La Habana, exiliada en México, aterrizó en España en los setenta con una hija preadolescente que acabaría siendo icono de la movida madrileña.

Ella se quedó en un segundo plano, pero con los años se ha convertido en un personaje tan atractivo como la propia artista.

Hoy, América Jova es mucho más que "la madre de Alaska", es una voz afilada, irónica y lúcida que explica como nadie de dónde viene esa mezcla de rebeldía, disciplina y libertad que ha hecho Alaska un referente generacional.

Y cada nueva declaración suya promete lo que el lector más desea: una historia real, llena de vida y una frase demoledora para recordar siempre.