Uno de cada 4 adultos españoles tiene hígado graso, una enfermedad que se caracteriza por una acumulación de grasa en el hígado. A su vez, puede dividirse en dos: enfermedad del hígado graso alcohólico, producida por el consumo de alcohol y enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, en sus siglas en inglés) que no está relacionada con este consumo y que tiene una incidencia de hasta un 30% en ciertas poblaciones occidentales, incluida España donde afecta a, aproximadamente, el 20% de la población adulta. Es decir, uno de cada 4 españoles.

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Según afirma a EL ESPAÑOL José Miguel Rosales Zábal, especialista de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), "el aumento de la prevalencia se ha relacionado con el de otros factores que están asociados, como son la obesidad y la diabetes tipo 2".

Es por ello -continúa- que "la enfermedad hepática grasa asociada a la disfunción metabólica (que es como se conoce realmente esta enfermedad) es considerada la manifestación en el hígado del llamado "síndrome metabólico", que es una situación clínica en donde podemos encontrar sobrepeso u obesidad, hipertensión arterial, diabetes del tipo 2, elevación de los triglicéridos o del colesterol, etc. y que condicionan un incremento del riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares".

Hábitos de vida nada saludables como el sedentarismo o una mala alimentación son factores importantes para valorar. "Las condiciones de vida cada vez más sedentarias, con una alimentación (cada vez más) rica en azúcares y ultra procesados, son sin duda un factor relevante, puesto que condicionarán el desarrollo de sobrepeso y obesidad, así como diabetes y otros de los componentes de ese síndrome metabólico", señala Rosales.

Además, "hay que tener en cuenta que el hígado graso podemos encontrarlo en un 90% de personas obesas y hasta en un 75% de diabéticos tipo 2. Pero hay muchos otros factores implicados en el desarrollo de esta enfermedad como la edad, el sexo, la predisposición genética, la microbiota intestinal, el estado metabólico, etc. algunos de ellos no bien comprendidos aún".

Si no se vigila

Sin embargo, dentro de esta enfermedad, algo que cada vez preocupa más a los expertos es la creciente incidencia en personas jóvenes, tal y como se puso de manifiesto en el XXXI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes, celebrado recientemente (de forma online). Los expertos alertaron del "previsible impacto creciente en población cada vez más joven".

El hígado graso, señala Rosales, "puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en la población de mediana edad. Sin embargo, la prevalencia en niños también está aumentando, en paralelo también, al haber cada vez más casos de obesidad infantil".

Y esto es algo que realmente preocupa a los expertos, porque la enfermedad puede derivar, si no se vigila, en otras patologías graves. Porque la enfermedad de hígado graso no suele dar síntomas hasta que no se encuentra en fases más avanzadas, es decir, cuando ya no sólo existe un cúmulo de grasa sino más afección como por ejemplo, una fibrosis.

Según informaciones recientes de la FEAD, el 20% de los pacientes con hígado graso padecen o padecerán esteatohepatitis no alcohólica, esto es, una enfermedad que conlleva además de la acumulación de grasa e inflamación en el hígado, problemas cardiovasculares y un incremento en el riesgo de tumores, tanto en el hígado como fuera de éste.

El hígado graso -explica Rosales- "es la presencia de grasa en el interior de las células del hígado. Esto es la representación de una enfermedad muy heterogénea por una "disfunción" del metabolismo, lo que provoca alteraciones en muchos órganos, y en el caso concreto del hígado condiciona el cúmulo de grasa que puede llegar a producir una inflamación del hígado (hepatitis), incluso una cirrosis hepática o el desarrollo de cáncer hepático".

Cómo prevenirlo

Sin duda, la modificación de los hábitos de vida es la medida de prevención más importante. Es clave tener una vida activa y llevar una alimentación saludable. "El abandono del sedentarismo y la reducción de la ingesta calórica -lo que conseguiría reducir o controlar el peso- se han visto como las medidas más eficaces para prevenir el desarrollo del hígado graso e incluso para tratarlo", afirma Rosales. Tal es así que "conseguir una pérdida de peso de al menos un 7% ha mostrado beneficios".

En primer lugar, en cuanto al ejercicio físico bastaría con andar o correr 150 - 200 minutos a la semana, y en segundo lugar, con respecto a la dieta, la reducción de calorías es lo más importante. La disminución de los carbohidratos procesados en la dieta es una de las medidas más eficaces para disminuir la ingesta calórica. "La dieta mediterránea es la dieta más recomendada, reduciendo drásticamente la ingesta de ultra procesados y bebidas ricas en azúcares. El café con cafeína podría tener un potencial beneficio en el hígado graso", concluye Rosales.