La piel es el órgano de mayor tamaño del cuerpo, y cumple la función fundamental de proteger el resto del organismo de los factores ambientales que lo amenazan. Es un trabajo duro, y por eso sufre un deterioro fisiológico y funcional a medida que nos hacemos mayores. Los estragos del tiempo sobre la piel en forma de pérdida de elasticidad, arrugas o manchas, un campo de investigación que, más allá de las legitimas preocupaciones estéticas, está relacionado con la salud general.

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Así, el proceso de envejecimiento de un ser vivo apareja que su piel vaya perdiendo sus características estructurales y funcionales. Se vuelve más frágil y vulnerable a los daños externos, lo que puede contribuir a las enfermedades relacionadas con la edad e incluso a una muerte prematura. Además de los años, el deterioro de la piel se ve influenciado por factores extrínsecos como el denominado "exposoma", el conjunto de elementos como la contaminación o la radiación ultravioleta a los que estamos expuestos en función de nuestro lugar y nuestros hábitos de vida.

Se trata, por tanto, de combatir en dos frentes: el estrés intrínseco y cronológico que sufre la piel con el paso del tiempo, y el extrínseco. Por otro lado, la restricción calórica (CR por sus siglas en inglés) ha demostrado ser, mediante pautas dietéticas como por ejemplo el ayuno intermitente, una de las intervenciones alimentarias más exitosas para aumentar la longevidad de un ser vivo y prevenir las enfermedades relacionadas con la edad. Sus efectos sobre el envejecimiento cutáneo y sus alteraciones, sin embargo, han sido poco estudiadas hasta el momento.

Ahora, Yeon Choi, investigadora del Departamento de Ingeniería Biofarmacéutica de la División de Química y Biotecnología de la Dongguk University (Corea del Sur), ha liderado una revisión de estudios al respecto publicada en la revista Nutrients. "Existen numerosos trabajos que demuestran los efectos preventivos de la CR para el envejecimiento y sus enfermedades derivadas como las nefropatías crónicas, las cardiomiopatías, la diabetes y las enfermedades autoinmunes, respiratorias y neurodegenerativas", escriben los autores.

En ese sentido, los cambios dirigidos a prolongar la vida de las células de la piel se han considerado hasta ahora menos intensos que los que una dieta de restricción calórica puede provocar en, por ejemplo, otros órganos principales como el corazón, el cerebro o el hígado. Según la revisión de estudios coreana, sin embargo, la CR afecta de forma estructural y funcional a la mayor parte de la piel, y se han observado restauraciones de los cambios producidos tanto por la edad como por la luz solar. Esto incluye una regeneración celular, reparación de lesiones y freno a la carcinogénesis.

La restricción calórica tiene efectos antiinflamatorios y antiioxidativos que se vinculan a una regeneración celular más eficaz y a una mejor salud metabólica, lo que a su vez reduce el riesgo de desarrollar enfermedades dermatológicas inflamatorias como el acné. Por otro lado, los miméticos de la restricción calórica -los compuestos que imitan este efecto en el organismo- como son el resveratrol, la metformina o la rapamicina también han demostrado tener una función equivalente en la ralentización y la reparación del envejecimiento de la piel.

Los autores recuerdan que la prevalencia de enfermedades cutáneas está aumentando entre la población general, en parte debido al aumento de la longevidad en todo el mundo y por factores ambientales en auge como la polución ambiental o las dietas inflamatorias. Las terapias hormonales, las intervenciones con antioxidantes y la aplicación terapéutica de células madres tratan de hacer frente a las lesiones y dolencias que pueden perjudicar el bienestar general, pero la dieta de restricción calórica y sus compuestos miméticos se plantean como una herramienta más para cumplir años conservando el más óptimo estado de salud.