Un consejo arraigado que llevamos escuchando desde la adolescencia es que "si comes mucho chocolate, te saldrán granos". ¿Qué dice la ciencia al respecto? Las respuestas son todavía controvertidas. En 2013, un estudio publicado en el Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics ya señaló que la composición de ciertos tipos de chocolate estaba relacionada con el acné. Concretamente, con los chocolates con menos de un 70% de cacao, es decir, los menos saludables.

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Lo cierto es que los estudios que han encontrado vínculos entre la dieta y las reacciones eruptivas de la piel ha tendido a señalar como culpables a los alimentos ricos en grasas y azúcares libres, así como a los productos derivados de lácteos y con un alto índice glucémico. Las hipótesis apuntan a la vía metabólica mTor, relacionada tanto con la supervivencia celular como con la producción de grasa, que al acumularse en los folículos pilosos se infectaría y daría lugar al acné.

Ahora, un estudio presentado en el vigésimo octavo congreso de la Academia Europea de Dermatología y Veneorología (EADV por sus siglas en inglés) celebrado en Madrid, apunta a los hábitos alimentarios inadecuados, al incremento del estrés y a las rutinas contrarias al correcto cuidado de la piel como los principales factores ambientales asociados al riesgo de acné. Y ayudan a precisar qué comidas, algunas inesperadas, está relacionadas con este problema.

Para ello, abordaron la exposición a los factores potencialmente desencadenantes del acné de más de 6.700 personas residentes en seis países de América del Norte, América del Sur y Europa. Se trata, apuntan los autores, del primer estudio de esta magnitud que abarca los elementos "tanto internos como externos" que pueden determinar tanto su aparición como su agravamiento. Hasta el 80% de las personas llega a sufrirlo entre los 18 y los 30 años, aunque puede darse hasta en un 40% de las mujeres adultas e incluso de forma cronificada.

Así, los resultados confirmaron que un "número significativamente mayor" de las personas con acné consumían de forma diaria productos lácteos, sin especificar si eran desnatados o no. En concreto, un 48,2% de las personas tratadas por este problema dermatológico tomaban derivados de la leche, pero solo un 38,8% de la población general lo hacía. En cuanto a los chocolates y a la pastelería, también se apreció una relación "estadísticamente significativa": un 37% de las personas con acné los toma a diario, cuando la media es de un 27,8%.

Pocas sorpresas en ese sentido, por lo tanto. Pero los investigadores encontraron también una relación entre el acné y los zumos de fruta concentrados o siropes. Un 35,6% de los afectados por erupciones cutáneas los tomaba diariamente cuando la media de consumo está un peldaño por debajo, en el 31%. Otro nuevo factor alimentario identificado, finalmente, es el de las golosinas. Se encuentran con frecuencia en la dieta del 29,7% de los afectados por este problema dermatológico, frente al 19,1% de golosos en la población general.  

La hipótesis de los azúcares libres y el acné vuelve a ponerse sobre la mesa: estos se producen cuando la fruta se tritura para hacer zumo. El azúcar refinado con el que se atiborran las golosinas también es un azúcar libre. Otros datos "sorprendentes", en palabras de los autores, incluyen el consumo de proteína de suero de leche ("whey protein") entre el 11% de quienes lo padecen por un 7% de quienes no. No es el único suplemento para la musculación involucrado: un 11,9% de los afectados consume esteroides anabólicos.

Un problema urbano

"El acné es uno de los motivos más habituales por los que una persona con problemas de piel acude al dermatólogo", explica la profesora Brigitte Dréno, investigadora principal de Laboratorios Vichy. "Su severidad y la respuesta al tratamiento pueden verse influidas por un conjunto de factores internos y externos al que denominamos exposoma. Por primera vez, podemos identificarlos al hablar con el paciente antes de prescribir un tratamiento". 

También se observó una mayor exposición a la contaminación ambiental o al estrés en el grupo de afectados por el acné que en el de control. Las personas que no lo sufrían tendían a seguir recomendaciones de cuidado de la piel más acertadas que quienes lo desarrollaron. Pero, por otra parte, aunque el tabaquismo tiene una relación probada con el deterioro y el envejecimiento prematuro de la piel, no demostró ser un factor relevante para desencadenar el acné.

"Comprender, identificar y reducir el impacto del exposoma es importante para administrar un cuidado eficaz del acné", subraya Dréno. "Puede interferir en su desarrollo y su gravedad, y en la eficacia del tratamiento".