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A pesar de que el número de infartos de corazón está disminuyendo en general en el mundo occidental, y concretamente en los Estados Unidos, no todos los grupos de edad han sufrido el mismo descenso. De hecho, existe un grupo particularmente paradójico en el cual sí han aumentado: los adultos jóvenes, de entre 20 y 30 años de edad. Un grupo que, por su escasa edad, en teoría debería tener un riesgo menor de eventos cardiovasculares. Pero la realidad es muy distinta.

De hecho, incluso con dicha edad, las complicaciones tras un infarto son similares a otros grupos de edad. Incluso el riesgo de muerte post-infarto sería similar a pesar de tener 20 o 30 años. Al menos, así lo asegura un reciente trabajo llevado a cabo por el investigador Ron Blankstein y sus colegas del Hospital de Mujeres de Brigham, en Boston. El estudio, que se ha presentado en la Reunión Anual de Sesiones Científicas del American College of Cardiology en Nueva Orleans, aún no ha podido ser publicado en ninguna revista científica.

Como bien recuerda Blankstein, antes era raro ver infartos en individuos menores de 40 años, pero actualmente cada vez es más común. En este caso, para su trabajo, se analizaron datos de 2.100 individuos de 50 años o menos que habían sufrido un infarto y habían sido tratados en dos grandes hospitales entre los años 2000 y 2016.

Según sus datos, alrededor de uno de cada cinco pacientes tenía 40 años o menos. A su vez, en los últimos 10 años de estudio, la proporción de pacientes con 40 años o menos fue aumentando un 2% cada año.

El mito de la protección por la edad

Asimismo, los datos del estudio indicarían que, lejos de estar más protegidos por su edad, los menores de 40 años eran tan propensos a las complicaciones tras un infarto como aquellos que tenían entre 41 y 50 años; incluso tenían las mismas probabilidades de morir a causa de tal evento cardíaco. Esto implicaría que la edad no es un factor protector tras un infarto, como se solía creer hasta ahora: incluso teniendo entre 20 y 30 años, las posibilidades de volver a sufrir otros eventos cardiovasculares serían similares a los individuos de 40 años o más.

Además, según los investigadores, los individuos más jóvenes sufrían la misma tasa de factores de riesgo tradicionales, como diabetes, hipertensión, tabaquismo o antecedentes familiares de infarto. Sin embargo, sí existía una diferencia particular en los individuos más jóvenes: tenían más probabilidades de estar consumiendo sustancias tóxicas, como marihuana o cocaína. Concretamente, hasta el 18% de los individuos del grupo más joven que sufrieron un infarto informaron de tal consumo, en comparación a solo el 9% de los individuos de 40 años o más. Esto sugeriría que el abuso de sustancias podría dar cierta explicación al aumento del número de ataques cardíacos en los individuos más jóvenes, aunque no serviría como única explicación.

Por otro lado, también se descubrió que los pacientes más jóvenes tendían a ser tratados en menor medida con aspirina o estatinas tras haber sufrido un infarto, otro factor a tener en cuenta, dado que su edad haría menos proclives a los médicos a recetar estos fármacos. Pero esto, a su vez, podría aumentar el riesgo se sufrir un nuevo infarto posteriormente.

Aún así, los investigadores sugieren que serían necesarios más estudios para comprender por qué están aumentando los infartos de corazón en edades más jóvenes, dado que el mayor abuso de sustancias no sería una explicación suficiente. Así mismo, sugieren que los consejos tradicionales para prevenir un primer o incluso un segundo infarto deberían aplicarse por igual en cualquier grupo de edad.