De todos los dulces que la gastronomía de España ha dado a luz, los churros y las porras son uno de los que ocupan un lugar especial en nuestros corazones. Levantarse un fin de semana sin que suene el despertador y encontrar que alguien se ha levantado para poner en la mesa estas sencillas delicias no tiene precio. Este desayuno (o merienda) levanta pasiones, pero también diferencias: los españoles nos dividimos entre los adoradores del churro y los devotos de la porra.

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Si le dices a un admirador de cualquiera de estos dos alimentos que, básicamente, son iguales, lo más probable es que inicies una discusión. Aunque ambos tengan un sabor similar, las diferencias de textura, tamaño e, incluso, de ingredientes, hacen que muchos consumidores se inclinen por uno o por otro. El aspecto en el que más se parecen estas dos recetas es que deberíamos tomarlas muy de vez en cuando.

Aunque ya lo sospechábamos, los churros y las porras no son saludables: están hechos de una masa de harinas refinadas que se sumergen en aceite hirviendo. Es decir, se trata de un bocado altamente calórico y, aunque son muy energéticos, los nutrientes que aporta no son demasiado interesantes: carbohidratos con un alto índice glucémico y grasas de una calidad variable —depende del aceite que use cada churrería—.

Un ingrediente extra

De todas formas, los churros siempre se han tomado como un desayuno esporádico y no diario. Si nuestra dieta es saludable —es decir, está basada en alimentos vegetales como las verduras, las frutas y las legumbres—, tomar uno de estos dulces de vez en cuando no supondrá un riesgo para nuestra salud. Ahora bien, ¿es mejor para la salud elegir churros en vez de porras o viceversa?

La verdad es que no. Desde el punto de vista nutricional, los churros y las porras sí que son iguales: según la Fundación Española de Nutrición (FEN), ambos alimentos contienen más de 360 kilocalorías por cada 100 gramos, su mayor aporte son los hidratos de carbono procedentes de las harinas refinadas y, después, las grasas, que provienen del aceite de fritura. Según el organismo, los dos aceites más populares son el de girasol y el de oliva.

¿Dónde se encuentra la diferencia entre churros y porras, por lo tanto? En que uno de ellos lleva un ingrediente extra: las porras llevan también bicarbonato de sodio o, en algunos casos, levadura. Según ha explicado Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, la masa de las porras —con harina, sal, agua y bicarbonato— "se deja reposar unos minutos antes de freír para que se libere el CO2 y sea esponjosa".

Azúcar y chocolate

El bicarbonato de sodio simplemente sirve para cambiar la textura del producto final, para que sea más esponjosa y crujiente. Este ingrediente no tiene kilocalorías y, por lo tanto, no altera los valores nutricionales de la receta. Los churros tienen un aspecto final de lazo y un grosor fino, pero denso. Por el contrario, las porras se fríen en forma de grandes espirales y después se cortan en trozos, tienen un mayor grosor, pero tienen aire en su interior.

Si hablamos de valores nutricionales en relación con los churros, no debemos olvidarnos de que casi siempre vienen espolvoreados con azúcar o nosotros mismos los mojamos en un tazón de chocolate. El azúcar es uno de los grandes enemigos de la nutrición saludable hoy en día, eleva el número de kilocalorías de las comidas y su consumo excesivo se relaciona con algunas enfermedades cardiovasculares.

En cuanto al chocolate, los nutricionistas recomiendan que compremos aquellos que tienen más de un 80% de cacao en su composición. En el caso de los chocolates a la taza, es difícil encontrar chocolates que cumplan con este requisito. La gran mayoría de ellos contienen más azúcar que cacao y el porcentaje de cacao ronda el 5% en los mejores casos. Un porcentaje bajo aún teniendo en cuenta que un chocolate a la taza siempre tendrá menos chocolate que una tableta debido a que viene disuelto en líquido.