La dieta Mediterránea sigue siendo el ejemplo a seguir en España y el resto del mundo. Permanece en lo alto del ránking de las mejor puntuadas a nivel mundial, y es recomendada de forma continuada por parte de instituciones como la prestigiosa Universidad de Harvard en su clasificación anual U.S. News World Report.

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Dentro de sus múltiples beneficios a nivel cardiovascular, cerebral o de cara a la longevidad, la dieta Mediterránea sigue dando de que hablar. Ahora, un nuevo trabajo publicado en Experimental Gerontology habría sugerido que este sistema alimentario también ayudaría a mantener la actividad cerebral en edades avanzadas.

En este caso, según los investigadores de la Universidad de Edimburgo, aquellas personas que consumen de forma estricta una dieta Mediterránea, en particular centrándose en el consumo de verduras de hoja verde y poco consumo de carne, serían las que más posibilidades tendrían de mantenerse mentalmente alerta en la edad adulta.

Sin embargo, en este caso, el nuevo trabajo no encontró mejoras en la salud cerebral general, aunque sí en las pruebas de memoria y pensamiento. No hubo cambios en los marcadores de envejecimiento cerebral saludable, como poseer mayor materia gris o blanca, o tener menos lesiones en la materia blanca, en comparación a otros tipos de dieta.

Para llegar a tal conclusión, los investigadores probaron las habilidades cognitivas de 500 personas de más de 79 años sin diagnóstico previo de demencia. Todos los participantes completaron pruebas de resolución de problemas, velocidad de pensamiento, memoria y conocimientos de palabras, además de un cuestionario sobre sus hábitos alimenticios durante el año anterior.

Además, más de 350 personas del grupo total también se sometieron a una exploración cerebral por medio de resonancia magnética, con el objetivo de analizar su estructura cerebral.

Todos los datos de los participantes procedían del Estudio Lothian Birth Cohort 1936, un grupo de personas nacidas en el año 1936 que participaron en la encuesta Mental Escocesa de 1947. Desde el pasado año 1999, los investigadores han estado trabajando con grupos de nacimiento de Lothian para vislumbrar cómo cambia la función del pensamiento a lo largo de la vida.

Según los hallazgos del estudio, tras usar modelos estadísticos en busca de asociaciones entre la dieta y las habilidades cognitivas o la salud cerebral general, aquellas personas que llevaban a cabo una dieta Mediterránea de forma más estricta también obtenían mejores puntaciones de función cerebral, incluso teniendo en cuenta su cociente intelectual infantil o factores como el tabaquismo o la actividad fística, entre otros.

Se detectaron pequeñas diferencias, pero estadísticamente significativas. En particular, aquellos que mejor puntuación obtuvieron también eran los que consumían una mayor cantidad de verduras de hoja verde, y una menor cantidad de carne roja. De hecho, los investigadores se centraron en estas dos últimas características, sugiriendo que serían los puntos a tener en cuenta dentro de los beneficios generales de la dieta Mediterránea.

Además, no se pudo establecer una relación entre una mejor salud cerebral (basándose en la estructura cerebral estudiada por neuroimagen) con una mejor función cerebral, como cabría esperar. Este sería uno de los primeros estudios en analizar pruebas de pensamiento y de neuroimagen en la misma muestra de personas, intentando establecer correlación entre ambos factores y la dieta.

Aún así, los investigadores sugieren que aún sería posible objetivar otras correlaciones cerebrales estructurales con mejoras en la función cerebral. Es decir, que haya zonas determinadas del cerebro que sí se muestren más saludables, y que por ello la función cerebral se mantenga con la edad. En el caso del estudio, se analizó y midió la estructura cerebral al completo, y no áreas determinadas por separado.