Es sabroso, barato, fácil de preparar y repleto de propiedades beneficiosas para la salud. El té verde llegó hace relativamente poco tiempo a nuestras vidas occidentales en las que solíamos beber únicamente su variedad negra; pero en Oriente les acompaña desde hace más de 5.000 años y supone una parte fundamental de su cultura. No son más que la infusión que se obtiene de las hojas de la Camelia sinensis que no han sufrido oxidación durante su procesado; es decir, que se han recogido frescas y, una vez secas, se prensan, se enrollan, se trituran y se secan. No obstante, los beneficios que aporta este superalimento van mucho más allá de los propiamente nutritivos.

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China, Japón y Vietnam son los principales productores de té verde. Los chinos fueron los primeros en descubrirlo y por eso cuentan con la mayoría de variedades. Desde la antigüedad han usado esta bebida como medicina, para cuidar el cuerpo y la mente. La referencia más antigua data del 2737 antes de Cristo. Hasta la Dinastía Ming solamente podían beberla las clases pudientes, pero después su consumo se popularizó por sus múltiples cualidades. Tal y como destaca la Fundación Española de Nutrición (FEN), "no aportar valor calórico a no ser que se añada azúcar o leche en su consumo, por lo que lo convierte en una buena alternativa a las bebidas gaseosas y azucaradas".

La propiedad más elogiada del té verde en su gran poder antioxidante que evita el daño celular provocado por los radicales libres, ayudando a prevenir el envejecimiento y el desarrollo de varios tipos de enfermedades, razones de más para empezar el día con una taza. En esta infusión abunda un tipo de antioxidante polifenólico llamado catequinas, en especial la galato de epigalocatequina o EGCG en sus siglas inglesas. Se trata de una sustancia 20 veces más antioxidante que la vitamina E y 100 veces más que la vitamina C cuyos beneficios para prevenir el cáncer de vejiga, esófago, ovarios y páncreas se han tenido en cuenta y están en estudio. También se relaciona con la disminución del riesgo de padecer Párkinson o Alzhéimer y con el mantenimiento de una buen salud cardiovascular.

De hecho, desde la Fundación Española del Corazón aconsejan el consumo del té verde, que resaltan como "el que goza de mayores propiedades terapéuticas", para bajar los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre. Asimismo, su contenido en cafeína aumenta la agilidad mental. Al contener L-teanina, una sustancia nootrópica y adaptogénica, aporta beneficios en la memoria, la atención, la concentración y el prendizaje. Esta infusión sería útil también para reducir el estrés, prevenir mareos en personas con la tensión baja y cuidar nuestra boca de enfermedades dentales y periodontales gracias a su poder antibacteriano.

Mitos y advertencias del té verde

Aunque sus propiedades son muchas y muy variadas, lo cierto es que todavía se le suelen atribuir unas cuantas más de las que no existen suficientes evidencias científicas. En primer lugar, es mentira que el té verde sirva para adelgazar. No tiene el efecto quemagrasas que nos han intentado vender. Tampoco tiene efectos milagrosos para prevenir el cáncer de colon, el de mama o el de próstata. No baja la presión arterial, no tiene incidencia en la diabetes ni en la osteoporosis y tampoco en la arterioesclerosis o la diarrea. Al menos, por el momento, la ciencia no lo ha podido demostrar.

Es importante saber que el té verde interacciona con diversas sustancias. Como recuerdan desde la FEN, por ejemplo, impide el aprovechamiento orgánico de la vitamina B1 y dificulta la absorción del hierro de los alimentos, con lo que no conviene a personas propensas a la anemia. Hay que tener en cuenta que la presencia de cafeína es alta y pasarse de unos 300 o 400 miligramos diarios puede provocar ansiedad, nerviosismo o pérdida de sueño, lo mismo que con el café. En embarazadas y lactantes se recomienda limitar su consumo, especialmente porque complica la absorción del ácido fólico.

Cómo tomar té verde

Pocas cosas tan fáciles como tomar té verde. No obstante, eso no quiere decir que no haya que seguir unas pautas para sacarle el máximo rendimiento a sus beneficios. En primer lugar siempre es mejor comprarlo en algún formato a granel y no en bolsitas, puesto que conserva mejor sus cualidades. Una vez adquirido debe guardarse en un lugar oscuro, fresco y seco, dentro de un recipiente que cierre herméticamente para que no pierda su aroma.

Llevaremos el agua a ebullición y dejaremos enfriar hasta los 80-90 º. Lo ideal es que al agua sea filtrada o embotellada de mineralización débil para evitar el cloro. Antes de mezclar, calentaremos la tetera para evitar un cambio brusco de temperatura y serviremos una cucharadita (unos 2 gramos) por taza. El tiempo de infusión es de 45 segundos a 1 minuto. Si nos pasamos, el té verde se amargará y se pondrá amarillo. Si lo queremos más fuerte habrá que agregar más té, pero no dejarlo más tiempo. Una vez infusionado solamente hay que filtrarlo y listo.

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