Sí, es cierto que los frutos secos en general, incluyendo a los cacahuetes (de la familia de las leguminosas o legumbres) son alimentos densos a nivel calórico, dado que su macronutriente mayoritario es la grasa. Dentro de un pensamiento simplista y basado en el nutricionismo, a más grasa, más calorías y más posibilidades de subir de peso. Sin embargo, la recomendación actual no es solo que se deberían consumir frutos secos a diario, sino que deberíamos consumir una cantidad mayor de la media actual.

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De hecho, un reciente estudio que tuvo en cuenta a países de toda Europa y parte de Asía destacó a España como uno de los mejores países donde comer, por su bajo riesgo cardiovascular secundario a la alimentación, pero también recordaba que la dieta española aún es baja en frutos secos, un punto a mejorar.

Desde hace años los nutricionistas y otros expertos en nutrición han destacado la necesidad de incluir más frutos secos en la dieta, dado que su consumo se ha relacionado con diversos beneficios para la salud. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Circulation Research ha vuelto a encontrar un potencial beneficio: el consumo de frutos secos mejoraría la salud cardíaca en los individuos con diabetes.

Los beneficios de los frutos secos

Este no sería el primer estudio que encuentra estos beneficios en el consumo de frutos secos. Por ejemplo, un estudio publicado en Nutrients en el año 2010 tuvo como conclusión que, dada la densidad nutricional de los frutos secos, a pesar de su elevado contenido en grasas y calorías, son un gran alimento para incorporar a cualquier tipo de dieta, gracias a su potencial saciante, entre otros beneficios.

Anteriormente, otro trabajo publicado en The American Journal of Clinical Nutrition en el año 2009 ya había llegado a una conclusión similar, afirmando que los estudios en general habían detectado un efecto cardioprotector significativo en el consumo de frutos secos: a mayor consumo de frutos secos, más salud. Aunque, evidentemente, esto son solo asociaciones y no una clara causa-efecto; porque también se sabe que aquellas personas que suelen incorporar más frutos secos a su dieta también son los que, en general, tienen una dieta más saludable.

El problema anteriormente era, como bien señalaron algunos expertos en la revista British Journal of Nutrition, donde colaboró Jordi Salas, de la Universidad Rovira i Virgili (Reus, España), que los frutos secos habían sido ignorados e incluso se habían lanzado advertencias sobre ellos, dados sus elevados niveles de grasa y calorías. Un puñado de frutos secos, de apenas 15-20 gramos, ya son 150-200 calorías; si nos ponemos a contar, salen calóricamente "caros". Pero, sin embargo, precisamente su elevada densidad grasa es la que los convierte en un alimento saludable.

Los frutos secos son ricos en grasas poli y monoinsaturadas, las conocidas como "grasas buenas", aunque algunos trabajos recientes están empezando a discrepar sobre esta denominación, dado que las grasas saturadas parecen no ser tan "malas". Entre los frutos secos, las nueces de macadamia destacan por contener hasta 22 gramos de grasa por cada 12 nueces, pero 17 g. de esta grasa son grasas monoinsaturadas. Por otro lado, los frutos secos en general contienen otros nutrientes interesantes, como proteínas, fibra y vitamina E. A pesar de su densidad calórica, los estudios sugieren que el temor al aumento de peso es "infundado", dado que se suelen sustituir otros alimentos a cambio de los frutos secos, que además son más saciantes.

De momento, las recomendaciones actuales implican no solo aumentar el consumo de grasas mono y poliinsaturadas (como frutos secos o pescado), sino que a su vez deberíamos reducir las grasas saturadas, procedentes de mantenas, carnes y alimentos procesados en general. La clase sería la sustitución de unas por otras, sobre todo teniendo en cuenta el caso de los frutos secos y su riqueza nutricional general.