La campaña #MenosCarneMásVida que ha lanzado el Ministerio de Consumo a través del ministro Alberto Garzón ha puesto en pie de guerra al sector ganadero. En un vídeo publicado en su cuenta de Twitter, anima a los españoles a que cambien su dieta y disminuyan el consumo de carne porque su ingesta excesiva perjudica no solo la propia salud, sino también el medioambiente.

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Los datos que refleja son demoledores. El titular de Consumo apunta que las flatulencias de las vacas y las heces de los cerdos y sus piensos generan ya más contaminación que las de los coches. Además, basándose en la evidencia científica, explica que la ganadería representa a nivel mundial un 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así, entre otros datos, el video sostiene que para un kilo de carne de vaca se requieren 15.000 litros de agua.

Las reacciones a esta campaña han sido diversas. Organizaciones ecologistas se han posicionado del lado de Garzón. Muchas de ellas llevan alertando de este problema desde hace tiempo. Sin embargo, también han surgido voce contrarias, como la del mismísimo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que en una rueda de prensa en Vilna (Lituania) desautorizaba al ministro de Consumo con una frase tan corta como contundente: "A mí, donde me pongan un chuletón al punto... Eso es imbatible".

Qué dice la ciencia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2015 un informe demoledor en el que apuntaba que el consumo de carne procesada era cancerígeno y que la carne roja era "probablemente carcinógena", por lo que pedía limitar su consumo. Sin embargo, en España, su ingesta no ha parado de aumentar. Así lo recoge el Informe de Consumo Alimentario en España 2020 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que apunta a un consumo anual por persona cercano a los 50 kilos de carne, un 10,2% más que el año anterior.

Estos datos se alejan de las recomendaciones sanitarias de la OMS respecto a la ingesta de este alimento: 21 kilogramos al año, y no más de diez en cuanto a la carne roja. Unos consejos que ya no solo guardan relación con el desarrollo sostenible, sino también con evitar riesgos para la salud como los que genera el consumo diario de este tipo de alimentos. La propia Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recuerda que la cantidad recomendada está entre los 200 y 500 gramos semanales, pero en España la media se sitúa en más de un kilo.

En este sentido, otro informe de la ONG Amigos de la Tierra señaló la producción y el consumo de productos de origen animal como los causantes del 45% de la huella climática en España y reivindicaban que la reducción de este alimentos en las dietas puede reducir hasta un 60% las emisiones netas por persona al año.

Desde hace años, son numerosos los expertos en cambio climático y nutrición que defienden estas mismas afirmaciones. Además de la OMS, otras organizaciones como la ONU -a través de su panel de expertos en cambio climático-, han respaldado estas tesis y trabajos de investigación sobre este tema que aparecían en revistas científicas tan prestigiosas como The Lancet. Un ejemplo es el publicado en 2020 sobre la huella medioambiental de la ganadería intensiva.

A pesar de ello, ganaderos y asociaciones agrarias se han posicionado en contra y consideran las declaraciones del ministro un ataque a la producción de carne erróneo e injustificado que va a perjudicar a un sector ejemplar en la sostenibilidad.

Gurús e investigadores del medioambiente como Frank M. Mitloehner, profesor de la Universidad de California y especialista en calidad del aire en EEUU, llevan argumentando esto mismo durante años. A pesar de que muchas de sus tesis han sido desmontadas, Mitloehner sostiene que dejar de comer carne no va a salvar el planeta. El experto no niega los perjuicios de la ganadería para el planeta, pero matiza sobremanera las tesis más extendidas entre aquellos que piden limitar el consumo de carne.

Las tesis de Mitloehner

Mitloehner sostiene, por ejemplo, que es falso que la producción de carne genere más gases de efecto invernadero que todo el sector del transporte. Además, en una tribuna publicada en The Conversation ofrece datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos asegurando que las principales fuentes de emisión en el país fueron la producción eléctrica, transporte e industria. La agricultura y la ganadería apenas representaban un 9% de las emisiones.

En este sentido, también desmiente a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), asegurando que un informe en el que se afirmaba que la ganadería producía un 18% de los gases de efecto invernadero era igualmente falso. Como apunta en su artículo, el fallo estaba en que los analistas de la FAO llevaron a cabo una evaluación integral del ciclo de vida para estudiar el impacto climático de la crianza del ganado, pero a la hora de analizar el transporte emplearon un método diferente.

Por si esto fuera poco, hace referencia a un estudio que desarrolló junto a otros investigadores en la Universidad de California en Davis en el que argumentan que si toda la población de Estados Unidos se sumara a la práctica del Meatless Monday (lunes sin carne), se apreciaría una reducción de gases de tan solo el 0,5%.

Mitloehner asegura que los cambios tecnológicos y de gestión que han tenido lugar en la agricultura y la ganadería de Estados Unidos durante los últimos años han hecho que la producción ganadera sea más eficiente y menos nociva para el medio ambiente. 

El investigador subraya el valor de la ganadería y la importancia de alcanzar los objetivos nutricionales básicos. En su opinión, la cría de ganado supone, además,unos ingresos económicos necesarios para los pequeños agricultores de países en vías de desarrollo. Como apunta en su artículo, se estima que la ganadería es el sustento principal de mil millones de personas en todo el mundo.

Datos como los miles de litros de agua que se necesitan para un kilo de carne, Mitloehner los desmonta en este vídeo asegurando que el 94% del agua que se destina a la producción ganadera proviene de la lluvia y compara las críticas sobre la cantidad de agua utilizada para el ganado con la que pueden necesitar los árboles.

¿Vínculos con la industria?

Lo cierto es que distintas voces han acusado a Mitloehner de guardar estrechos vínculos con la industria cárnica y aseguran que tesis como estas han sido desmontadas en numerosas ocasiones desde hace al menos una década. 

Una de ellas es Nuria Almiron, que dirige el proyecto THINKClima en la Universitat Pompeu Fabra. La investigadora apunta que el argumento básico de este profesor sobre el informe The Livestock’s Long Shadow de la FAO "está presentado de forma groseramente manipulativa por su autor", porque, a diferencia de lo que asegura Mitloehner, este informe nunca fue desmentido ni por sus autores ni por la organización, sino que solo se corrigió un porcentaje que se daba para el impacto de la contribución de la ganadería al calentamiento global.

Y no solo eso. El argumento del experto sobre las necesidades nutricionales humanas también cae en saco roto. Almiron recuerda que ha sido una afirmación rebatida repetidamente por nutricionistas, “además de por la realidad de cientos de miles de veganos que no solo no tienen carencias de salud sino todo lo contrario”. 

En opinión de la autora, tesis como las de Mitloehner reflejan estrategias de manipulación de la verdad que generan confusión y tratan de sembrar dudas para paralizar la acción política y el cambio social.

"No deberíamos igualar la voz de un negacionista como Mitloehner, que ni siquiera es climatólogo y posee profundos y documentados vínculos con la industria ganadera, con la de una larga lista de científicos independientes que han alcanzado un gran consenso al respecto del enorme impacto de nuestro hábito de comer animales sobre el planeta", apunta Almiron. 

Además, hace hincapié en que "este negacionismo expandido e interrelacionado, del clima a la carne, es precisamente uno de los ejes de investigación de diversos proyectos independientes en distintas universidades de todo el mundo". De hecho, universidades como la Universitat Pompeu Fabra, han comprobado que negacionismos como el del cambio climático aparecen unidos a otros impulsados por grupos de interés diversos, como puede ser el de que consumir carne no calienta el planeta.