Cuenta el Génesis que Yavéh no pudo soportar que los hombres, los descendientes de Noé, quisieran llegar a su altura construyendo una torre que llegara al cielo. Y que, para evitarlo, no recurrió al exterminio ni a una de las maldiciones típicas de las que la Biblia está bien surtida, sino que tuvo una idea algo más sofisticada. Los seres humanos, por aquellas, hablaban el mismo idioma y Dios pensó que una buena manera de abortar misión era que dejaran de hacerlo. Si no se entendían, dedujo, ¿cómo iban a culminar tamaña obra? 

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Al parecer consiguió su objetivo, ya que en la actualidad se calcula que se hablan más de 7.000 idiomas en el mundo y no hay ni rastro de la Torre de Babel, más allá de algunas representaciones ficticias como la más conocida de Pieter Brueghel el Viejo, que se puede admirar en el Museo de Historia del Arte de Viena. 

Pero aunque no hay duda de lo alejados que muchos idiomas están de otros -mientras que algunos son muy similares-, hay algo que parece que muchos tienen en común, según un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances. Se trata de la velocidad de transferencia, el tiempo que tardan en transmitir la información, que la investigación ha fijado en 39 bits por segundo, casi el doble de la velocidad del código Morse. 

El trabajo dirigido por François Pellegrino, de la Universidad de Lyon, también analiza las diferencias, aunque no entre las más de 7.000 lenguas que se hablan en el planeta, sino entre 17 escogidas, entre ellas el español. 

Y el trabajo arroja un curioso dato, que seguro que habrá notado cualquier viajero a Italia: los italianos son uno de los grupos que más rápido hablan: hasta nueve sílabas por segundo. Por el contrario, la mayoría de los alemanes hablan despacio, pronunciando entre cinco y seis sílabas en la misma cantidad de tiempo. 

Entonces, ¿cómo puede ser que la velocidad de transmisión sea la misma? La explicación es que en un tiempo determinado, por ejemplo en un minuto, la información transmitida es la misma, hablen lo rápido que hablen. 

"El trabajo es muy sólido", explica el lingüista de la Free University de Bruselas Bart de Boer, que no ha participado en el estudio. Hasta ahora, añade, los amantes del lenguaje sospechaban que los idiomas llamados de información pesada -los que conjugan más información sobre el tiempo verbal, el género y el sujeto en unidades más pequeñas, es decir, más densos en la información- avanzaban realmente más despacio para ajustar la densidad de la información, frente a los idiomas de información ligera, como el italiano. "Pero hasta ahora nadie tenía los datos para probarlo", señala de Boer. 

Los autores del estudio empezaron su trabajo con textos escritos en 17 idiomas, incluyendo el inglés, el italiano, el japonés y el vietnamita. Calcularon la densidad de la información en cada lengua en bits -la misma unidad que describe lo rápido que transmite la información desde el móvil al ordenador y encontraron ciertos datos interesantes. Así, vieron que el japonés, que tiene sólo 643 sílabas posibles, tenía una densidad de información de alrededor 5 bits por sílaba, mientras que el inglés -con sus 6.949 sílabas posibles- tenía una densidad de información de algo más de 7 bits por sílaba, por citar sólo dos lenguajes. 

El siguiente paso en la investigación fue seleccionar 10 personas que hablaran 14 de los 17 idiomas analizados (en los tres restantes usaron grabaciones). Cada participante leyó entonces 15 fragmentos idénticos traducidos a su lengua materna. Tras registrar cuanto tardaba cada participante en leer su fragmento, calcular la velocidad media de cada cada lenguaje, lo que puso de manifiesto que algunos se hablaban más rápido que otros, algo que no fue una sorpresa. 

Pero cuando los investigadores fueron un paso más allá y multiplicaron esa cifra por los bits que habían calculado para saber cuánta información se transmitía por segundo vino el gran hallazgo. Daba igual lo rápido o lento que se hablara o lo simple o complejo que fuera que la tasa media de transmisión era de 39,15 bits por segundo. 

En términos comparativos, el primer ordenador tenía una tasa de transferencia de 110 bits por segundo, mientras que la conexión media de internet en la actualidad cifra ese parámetro en 100 megabits por segundo. Sin embargo, el trabajo se queda ahí y no avanza en lo que sin duda será el gran reto de futuro de los lingüistas: saber el porqué de esta similitud a pesar de las diferencias.