Modelo de homo sapiens (a la izquierda) y neandertal (a la derecha).

Modelo de homo sapiens (a la izquierda) y neandertal (a la derecha). Kevin Webb NHM Image Resources/The Natural History Museum, London

Investigación Evolución

Así se crean minicerebros 'neandertales' en laboratorio para explicar su final

A pesar de los grandes avances que se han hecho gracias al análisis genético de los restos fósiles de nuestros ancestros, la razón que llevó al Homo sapiens a convertirse en el primate más avanzado evolutivamente sigue siendo todo un misterio.

Algo hizo que los neandertales, que parecían los principales candidatos a convertirse en la especie dominante, quedaran relegados a un segundo plano sucumbiendo finalmente a la extinción pero, ¿qué fue?

Ahora, gracias a los avances de dos equipos de investigadores, que han desarrollado en el laboratorio pequeños cerebros de Neandertal, los científicos pueden buscar respuestas a esta pregunta. Por el momento no se ha publicado ningún estudio al respecto, pero los resultados de uno de estos equipos, liderado por la genetista Alysson Muotri, han sido presentados recientemente en una conferencia sobre el tema, en la Universidad de San Diego. Además, sus declaraciones se han publicado en la revista Science Magazine. 

La importancia de ser un animal social

Desde que en 2010 el equipo del biólogo sueco Svaante Pääbo publicara en la revista Science un borrador del genoma del hombre de Neandertal, se han hecho muchos avances al respecto.

Por ejemplo, se ha descubierto que buena parte de la población humana actual posee en su ADN algunos genes procedentes del apareamiento de los neandertales como los primeros Homo sapiens.

Ahora, conocer a fondo cuáles fueron los genes que diferenciaron a una especie de la otra ha permitido a estos científicos desarrollar pequeños organoides que imitan lo que debió ser el cerebro neandertal.

Lo han hecho gracias a dos tecnologías que han avanzado mucho en los últimos años: la técnica de edición genética CRISPR y la transformación de células diferenciadas en células madre pluripotentes.

Concretamente, utilizaron células de la piel de humanos neurotípicos o, lo que es lo mismo, sin ninguna afección neurológica de origen genético. A continuación, las trataron para convertirlas en células madre pluripotentes, capaces de diferenciarse en cualquier tipo celular. Para que estas células pudiesen dar lugar a un cerebroide neandertal, editaron el gen NOVA1. Se trata de un gen que en humanos desempeña un papel esencial en el desarrollo del cerebro y que sólo posee un par de bases (los ladrillitos que componen el ADN) distinto a la variante neandertal, por lo que sólo tuvieron que llevar a cabo un pequeño cambio.

Pasados unos meses, obtuvieron neuronas que se conectaron dando lugar a pequeños cerebroides. Al comparar estas conexiones con las que se produjeron en los cerebroides humanos que habían desarrollado del mismo modo, encontraron una clara diferencia.

En primer lugar, la forma era muy distinta. Los organoides humanos eran esféricos, mientras que los neandertales tenían una forma irregular, similar a la de una palomita de maíz. Además, las conexiones neuronales de los cerebroides neandertales eran más escasas y seguían un patrón anormal, que recordaba en cierto modo al que siguen los cerebros de los humanos con autismo.

Estos investigadores han dejado claro que no están comparando a los autistas con los neandertales, ni muchísimo menos, sino simplemente que podrían tener en común su dificultad para socializarse.

Esto podría servir para concluir que quizás fue la capacidad del Homo sapiens para entablar relaciones sociales una de las ventajas que hicieron que dominara sobre los neandertales.

Sin duda es un punto interesante, aunque aún debe haber mucha información oculta que esos organoides podrían ayudar a revelar. Su siguiente paso será conectar estos mini cerebros a pequeños robots, en forma de cangrejo, de modo que las señales eléctricas emitidas por las neuronas pudiesen utilizarse para controlar sus movimientos. Un método de lo más pintoresco para descubrir los cambios del pasado que ayudarán a los científicos a entender nuestro presente.