Sociedad El estudio se basa en todas las dispensaciones de fármacos de los 14 hospitales públicos de Castilla y León en los tres primeros meses de la pandemia y en la historia clínica de los 7.307 pacientes ingresados en esas fechas

Investigadores detectan que la necesidad de aplicar corticoides para “tratar el fuego inmunológico” por COVID-19 es un predictor de complicaciones y muerte

28 marzo, 2021 10:38

S. Calleja / ICAL

Un grupo de investigadores de Castilla y León ha detectado que la necesidad de prescribir tocilizumab y otros fármacos anti-SIRS (anti síndrome de respuesta inflamatoria sistémica), así como corticoides, para “tratar el fuego inmunológico” provocado por el COVID-19 es un predictor de complicaciones clínicas a corto plazo, incluso de muerte, en este grupo de pacientes. Se trata de una señal de alerta que indica que esos enfermos deben ser vigilados de manera extrema, incluso que pueden necesitar ya de ingreso en las unidades de críticos o de un aporte de oxigenoterapia más intensivo. 

Esta es la principal conclusión de un trabajo sobre los cambios en los patrones de uso y la efectividad de las intervenciones medicamentosas que se desarrollaron en la primera ola de la pandemia, liderado por Francisco M. Herrera Gómez, nefrólogo del Complejo Asistencial de Zamora y profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, y que se centró en un análisis comparativo sobre el consumo de fármacos para el tratamiento de la enfermedad provocada por el SARS-COV2 en los hospitales de Castilla y León. 

En el estudio también participaron Francisco Javier Álvarez González, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid; Eduardo Gutiérrez Abejo, de la Dirección Técnica de Farmacia de Gerencia Regional de Salud; Débora Martín García, nefróloga en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, y Eduardo Tamayo, catedrático en la Facultad de Medicina y anestesista en el Clínico de Valladolid. 

El trabajo, que ha sido publicado en una revista científica de primer nivel Internacional, Journal Environ Res Public Health, nació para buscar factores de riesgo no tradicionales y mejorar la toma de decisiones del clínico, a partir de la explotación de datos del mundo real, explica a Ical Herrera, que además es experto en el tratamiento de big data. 

Cuando llegó el COVID-19, siguiendo la línea de trabajos previos, centrados en el consumo de sustancias estupefacientes al volante, el grupo optó por dar un paso más y determinar qué otros elementos podían servir para medir el porvenir de los pacientes, es decir, otros diferentes al sexo, obesidad, edad, patologías previas como la diabetes o el grupo sanguíneo, aclara el investigador. “La idea era aportar datos para mejorar la toma de decisiones del clínico. Yo soy médico y estaba perdido, y lo hubiera agradecido”, indica el nefrólogo, que recuerda que la investigación fue financiada por la Gerencia Regional de Salud en la convocatoria extraordinaria y urgente de ayudas de la Gerencia Regional de Salud para proyectos de investigación en enfermedad COVID-19 que se desarrollaron en los centros de Sacyl. 

Más de 7.300 pacientes



El estudio se basó en una recopilación de todas las dispensaciones de fármacos de los 14 hospitales públicos de Castilla y León en los tres primeros meses de la pandemia y también “un trabajo ingente” del estudio de la historia clínica de los 7.307 pacientes que ingresaron en estos 90 días de la primera ola, entre el 1 de marzo y el 31 de mayo. 

Herrera recuerda que el uso de medicamentos en los primeros momentos de la pandemia se basó en la experiencia en epidemias anteriores por otros coronavirus, como el SARS-CoV o el MERS-CoV. En este tiempo, se observó que el consumo de antibióticos y corticoides se mantuvo estable, mientras que los antimaláricos, antivirales (lopinavir/ritonavir) y tocilizumab, tras alcanzar un pico máximo entre el 15 y el 31 de marzo, disminuyó a lo largo del período de estudio. El uso de fármacos anti-SIRS, y en particular el interferón ?-1b, disminuyó del 15,38 por ciento a principios de marzo para ser residual en mayo. 

Los medicamentos más utilizados fueron los antibióticos (90,83 por ciento), antimaláricos (42,63 por ciento), esteroides (44,37 por ciento) y antivirales, fundamentalmente lopinavir/ritonavir (42,63 por ciento). Se destaca el uso de tocilizumab (9,37 por ciento) y de medicamentos anti-SIRS (7,34 por ciento). 

Además, se observó que la tasa de mortalidad entre los pacientes hospitalizados por COVID-19 fue del 24 por ciento, siendo más probable en los mayores de 65 años, hombres, con necesidad de ventilación, y los tratados con fármacos anti-SIRS, corticoides y tocilizumab. 

También, debido a que los protocolos farmacológicos se revisaron con frecuencia en función de la experiencia clínica adquirida y la disponibilidad de fármacos específicos, los patrones de uso de ciertos grupos de medicamentos cambiaron desde el inicio hasta el final de la primera ola.