Sociedad

La Unidad de Asma del Río Hortega se convierte en la mejor de España por sus tratamientos innovadores

6 marzo, 2021 14:23

La Unidad de Asma del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid ha adaptado y hecho evolucionar la monitorización que realizaba ya sobre sus pacientes con "asma difícil" mediante nuevas tecnologías para evitar que ingresaran para su aplicación a la COVID-19, fundamentalmente entre mayores de residencias, en una situación de "extrema urgencia".

Precisamente la trayectoria de esta Unidad, creada en 2018, unida a su dinamismo e investigación y este tipo de monitorización llevada a cabo con las aplicaciones telemáticas son algunos de los motivos que hayan podido influir en que haya sido galardonada con el Premio Best In Class (BIC) a la Mejor Unidad de Asma de España 2020, reconocimiento que es el primer año que se concede en esta categoría.

Así lo considera la jefa del Servicio de Alergia del Río Hortega, Alicia Armentia Medina, quien considera que es un "reconocimiento" y un "estímulo" quizá también a la labor tan "ardua" que han llevado a cabo este año en la Unidad de Asma, que ha logrado adaptar toda la tecnología que utilizaban desde su creación con sus pacientes para hacer un seguimiento de los pacientes de los geriátricos.

En concreto, la Unidad, que arrancó ante las dificultades para controlar el estado de las personas asmáticas en una comunidad tan dispersa como Castilla y León, ha puesto en marcha en los últimos años un sistema de monitorización que cuenta con dos aplicaciones móviles para hacer un seguimiento de sus pacientes con "asma difícil" y reducir los ingresos.

Estas dos aplicaciones permiten a los pacientes enviar datos clínicos y subjetivos de calidad de vida y se les contesta en el acto lo que tienen que hacer y se mantiene un contacto que agradecen mucho porque saben que es como un "semáforo" que ven los propios médicos y, cuando los datos no son buenos, aparece una alarma roja que permite contactar con el enfermo y adecuar el tratamiento correspondiente, ha señalado en declaraciones a Europa Press la doctora Armentia.

Los enfermos tienen un pequeño espirómetro, pulsioxímetro y un cuestionario "muy sencillo" para rellenar sobre calidad de vida y, unidas todas las variables, informan de su estado a distancia, sin consulta presencial, aunque no sustituya a ésta.

UTILIDAD DE LA EXPERIENCIA



Precisamente estas tecnologías fueron "muy útiles" al inicio de la pandemia porque a todos los especialistas que conformaban la Unidad de Asma les destinaron a diferentes sitios, plantas COVID o, en el caso de Armentia, a ayudar en las residencias de ancianos, según ha explicado la doctora, que ha reconocido que tenía "mucho miedo" de dejar "abandonados" a los pacientes con asma difícil.

Así, hasta la llegada de la pandemia el equipo logró monitorizar a 250 pacientes, que tienen desde tres meses hasta 100 años, que además tienen cuadros clínicos que hacían frecuente su ingreso, algo que preocupaba con la llegada de la COVID-19, la falta de respiradores y las UCI llenas y se logró evitar ingreso alguno de estos asmáticos --aunque 13 de ellos se infectaron con coronavirus con síntomas que no fueron graves--.

Por ello, Armentia ha explicado que cuando se fue a las residencias utilizó la misma técnica y a los pacientes mayores les enseñó a utilizar estas tecnologías porque eran enfermos sobre todo respiratorios, con COVID, y se llegó a monitorizar a 900.

Además, ante esta situación y a la vista de que los asmáticos responden muy bien con los corticoides inhalados, lo aplicaron a los ancianos, una investigación "aplicada a la emergencia" que obligó a adaptarse que se publicó y que permitió que los mayores mejoraran muchos, de manera que resultó de mucha utilidad.

La doctora Armentia ha asegurado que los ancianos estaban "todos infectados", pero los tratados con corticoides evolucionaron muy bien y no murieron, a lo que contribuyó una investigación coincidente, de una aplicación de los asmáticos que se trasladó a pacientes geriátricos.

En este sentido, ha recordado que "lo único bueno" cuando estuvo fuera de su ámbito hospitalario, en las residencias, es que tuvo que trabajar con médicos y enfermeras de diferentes especialidades y entre todos se ayudaron y aprendieron mucho. "No sólo fuimos más en número, sino claramente mejores", ha señalado Armentia, que ha agregado que de todo lo malo han sacado cosas buenas y ha destacado a los pacientes, "que han sido un ejemplo de contención, paciencia, buena educación y tolerancia".

"Los ancianos son personas muy dignas, nos han enseñado mucho, han tenido mucha confianza y ha valido la pena todos los esfuerzos", ha matizado.

RESPUESTA A UNA NECESIDAD



Alicia Armentia ha recordado los inicios de la Unidad, que se puso en marcha ante las dificultades que había con los pacientes "muy inestables" que ingresaban y se ponían peor, por lo que surgió la necesidad de su creación.

Sin embargo, ante la falta de presupuesto pero sí el apoyo de la Gerencia del Hospital y de los responsables de la Consejería de Sanidad en ese momento, se pudo contar con la ayuda de la industria y "poquito a poco" fueron montando la Unidad en un pasillo que cerraron un pasillo y donde comenzaron a meter aparatos.

Muchos de ellos se compraron con becas de investigación de la Gerencia que tenía Armentia, que gastó todos los fondos en la adquisición de espirómetros, material de función respiratoria y para análisis molecular.

"Desde entonces nos pusimos a trabajar", ha señalado la doctora, que ha explicado que en el primer año monitorizaron a 100 pacientes y ahora hay 250.

La jefa de Servicio de Alergia ha destacado que todo funcionó bien en buena medida debido al los integrantes del grupo, que pertenecían a especialidades variadas pero muy afines al tratamiento del asma, que es multidisciplinar.

"Un equipo médico debería ser de diferentes especialidades, funciona mucho mejor, cada uno tiene unos conocimientos que unido es mucho", ha apuntado la doctora, quien también ha destacado el trabajo de los ingenieros médicos, que enseñan "mucho" cómo aplicar la tecnología y el big data, que ha permitido por ejemplo explotar su base de datos, que integran más de 23.000 pacientes asmáticos y datos que acumulan una experiencia de más de 30 años --desde los primeros que empezó a guardar en un ordenador "verde" y sin memoria comprado con una beca de una farmacéutica-- y que ahora han podido aprovechar para aplicar los tratamientos actuales.