Sociedad

El Tesoro de los antoninianos luce en Palencia

2 noviembre, 2020 18:46

David Herrero / ICAL

Vuelta a casa. El Museo de Palencia, en consonancia con la apertura de las instalaciones debido a las últimas reformas, amplía la exposición permanente con el Tesoro de Valsadornín, después de que haya pasado 70 años depositado en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), en la capital madrileña.

En 1937 se halló de forma casual, junto al camino viejo que une las poblaciones de Valsadornín y Gramedo (Palencia), una olla de bronce llena de monedas romanas del siglo III. Oculto o perdido hacia el año 270, este tesoro es uno de los más llamativos testimonios arqueológicos de la inseguridad que sufría el Imperio Romano en aquellos años, según la información del propio museo recogida por la Agencia Ical.

En el momento del descubrimiento, el tesoro pesaba 45 kilos y se estima que contenía alrededor de 15.000 monedas, todas ellas antoninianos. Se conservan en torno a 11.000, de las cuales unas 8.000 siguen en el recipiente. Aunque ahora recuerde a un caldero, la vasija original sería los más parecido a una olla, con boca estrecha, tapadera y dos asas, quizá para pasar algún tipo de cuerda o cadena para colgar. 

De esta forma, el Museo de Palencia se hizo cargo de 2.421 monedas sueltas recuperadas, mientras que al Museo Arqueológico Nacional fue a parar el recipiente, el cual contenía las monedas unidas al recipiente, como si estuvieran pegadas o soldadas.

Entre los años 2016 y 2018, el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE) abordó la restauración de la vasija y su contenido conservando el aspecto más aproximado al hallazgo original e interviniendo individualmente solo un pequeño número de monedas desprendidas del bloque. Además, se realizaron diversas pruebas de imagen y composición metálica, como son las radiografías, el microanálisis, mediante microscopía electrónica de barrido y espectrometria de dispersión de energía de rayos X.

Poder romano

El tesoro de Valsadornín es un mapa del poder en su tiempo, ya que hay monedas a nombre de 18 personajes, ya sean emperadores, emperatrices y sus herederos. Con ello se pone cara a la inestabilidad política del Imperio, con dirigentes efímeros y usurpadores que suceden y coexisten en Roma, en la Galia y en el Oriente.

Las monedas más antiguas se sitúan hacia 240 y las más modernas son de 269, donde la mayoría fueron acuñadas en Roma y pertenecen al reino de Galieno, que gobernó con su padre desde 253 y en solitario entre 260 y 268. El antoniniano, creado en 215, fue la moneda más utilizada en el siglo III. Estas pequeñas piezas de vellón, conformada por una aleación de plata y cobre, se han convertido en el icono de la llamada ‘Crisis del siglo III’, cuyas consecuencias afectaron a todo el Imperio.

A partir de 235 y a lo largo de 50 años, continuas luchas por el poder, rupturas territoriales y una profunda crisis económica y social acabaron transformando el modelo de vida romano. Por ello, el antoniniano, cada vez mas devaluado y con menos plata, refleja fielmente el deterioro de la situación.

La moneda se llama así por su creador, el emperador Caracalla, cuyo nombre oficial era Marco Aurelio Severo Antonino. Todas ellas se reconocen por aparecer en el anverso el retrato del emperador con una corona radiada, emulando los rayos de sol o el de la emperatriz sobre un creciente lunar.