Los miembros de Tejiendo Vida Maite Rodríguez y Martín Barrientos y la infografía de las viviendas colaborativas en Valladolid, en un montaje de EL ESPAÑOL

Los miembros de Tejiendo Vida Maite Rodríguez y Martín Barrientos y la infografía de las viviendas colaborativas en Valladolid, en un montaje de EL ESPAÑOL MUDA y Tejiendo Vida

Valladolid

Las viviendas colaborativas que reinventan el envejecimiento en Valladolid: sostenibles, autogestionadas y llenas de vida

La cooperativa Tejiendo Vida ha impulsado un proyecto de vida en comunidad que contará con 27 apartamentos en la zona de Los Viveros de la capital vallisoletana y que verá la luz, previsiblemente, en 2028.

Más información: A la venta dos parcelas para construir 80 nuevas viviendas protegidas y 27 colaborativas más para mayores en Valladolid

Publicada

Noticias relacionadas

En un rincón verde de Valladolid, donde la calle Jardines del Buen Retiro se encuentra con los Jardines de la Alhambra, está a punto de levantarse un edificio triangular de líneas modernas y acogedoras.

Las imágenes del proyecto muestran una construcción luminosa, con amplias terrazas orientadas al sur que captan la luz del sol castellano, un patio central tipo corrala que invita a la conversación y una azotea que pronto brillará con placas fotovoltaicas.

No es una residencia convencional. Es el futuro hogar de la cooperativa Tejiendo Vida, un sueño de comunidad intencional que ya huele a realidad.

En 2028, si todo sigue el ritmo actual, decenas de personas mayores entrarán por primera vez en sus apartamentos de 45 metros cuadrados y sentirán que, por fin, envejecer no significa perder autonomía ni compañía.

Una historia de amistad

El origen de esta historia no está en una crisis, sino en la amistad. Un grupo de vallisoletanos que se conocían desde hacía años decidió que no querían separarse cuando llegara la edad de la jubilación.

El miembro de la cooperativa Martín Barrientos explica, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, como surgió la iniciativa. "Llevábamos mucho tiempo relacionándonos y decidimos que queríamos seguir con esa relación cuando fuéramos más mayores", afirma.

Y recuerda que alguien del grupo había oído hablar de estas experiencias de vivienda colaborativa. "A partir de ahí nos pusimos a buscar, a abrir el proyecto a más personas y en 2016 constituimos la asociación y en 2022 la cooperativa", explica.

Lo que distingue a Tejiendo Vida de cualquier otra opción es precisamente eso: la comunidad intencional. No se trata de individualidades que coinciden en un pasillo de residencia.

"Las personas que estamos aquí es porque queremos y estamos de acuerdo en estar. Hay algo previo, que es el conocimiento que tenemos entre las personas antes de formar parte de la vida allí", subraya Barrientos.

Esa relación previa es el pegamento invisible del proyecto. Los futuros vecinos ya se reúnen, organizan talleres, celebran cumpleaños y debaten juntos cómo será su día a día.

El sentimiento de comunidad

La también miembro de Tejiendo Vida Maite Rodríguez lo resume con emoción, en declaraciones a este medio. "Algo fundamental es la conciencia de grupo y el sentimiento de comunidad", asegura.

Barrientos coincide. "Compartimos valores, como evitar la especulación de la vivienda o formar parte de una banca ética, y cuando vives eso con las personas en la cooperativa, cuando dan el paso, saben que hay unos valores compartidos", afirma.

El edificio de Tejiendo Vida

El edificio de Tejiendo Vida MUDA y Tejiendo Vida

Los apartamentos serán modestos pero luminosos: 45 metros cuadrados con cocina americana, salón, dormitorio, baño adaptado y, sobre todo, una terraza privada orientada al sur.

"La comida se hará en común y la sala más grande será el comedor", detalla Maite Rodríguez.

En las imágenes del anteproyecto, elaborado por MUDA Arquitectura con asesoramiento de Lacol, se ve claramente esa corrala central que vertebra todo: un espacio de encuentros donde caben la risa, el silencio y la ayuda mutua.

En la planta baja, el comedor multiusos y la cocina industrial; en las superiores, despachos, consulta de enfermería y lavandería. Todo pensado para que, cuando llegue la dependencia, no haga falta marcharse.

Un proyecto autogestionado

Porque esa es la gran diferencia con las residencias tradicionales. "La autogestión es fundamental, aquí todo lo hacemos nosotros y nosotras y colaboramos", apunta Barrientos.

Y señala que "hay una diferencia en cuanto al estado de salud y al envejecimiento".

La entrada del edificio

La entrada del edificio MUDA y Tejiendo Vida

"Las residencias son el último recurso y nosotros aquí entramos con una edad y un estado de salud que nos permitiría seguir viviendo en nuestras casas. Lo que queremos es, cuando llegue alguna situación de dependencia, estar en un entorno acogedor y de compartir", afirma.

El terreno es dotacional público, cedido por el Ayuntamiento de Valladolid. Eso implica cumplir requisitos estrictos, pero también una ventaja: el proyecto no especula.

"Estamos en un terreno dotacional público y ese acceso tiene que cumplir una serie de requisitos. Entre ellos, justificar que nuestro proyecto es un proyecto social y que nos va a cubrir el envejecimiento", explica Barrientos.

El miembro de Tejiendo Vida apunta que su objetivo es que el proyecto "abarque también al entorno" y que las actividades que hagan "repercutan también en la zona".

"Nosotros no tenemos división horizontal y no especulamos con la vivienda", insiste.

Horizonte: 2028

La paciencia ha dado frutos. En 2024 obtuvieron la concesión del suelo; en abril de 2025, la licencia de obras. Ahora están en plena negociación con constructoras, ajustando el proyecto técnico para adaptarlo al presupuesto sin renunciar a la esencia.

El edificio de Tejiendo Vida

El edificio de Tejiendo Vida MUDA y Tejiendo Vida

"Estamos haciendo un edificio acogedor, que consuma poca energía y estamos cediendo un poco en el uso de los materiales. Si empezamos a construir este año serían 24 o 26 meses y esperamos en 2028 tener las viviendas construidas", detalla Martín.

La sostenibilidad no es un añadido: es el corazón del diseño.

"Vamos a tener toda la azotea llena de placas fotovoltaicas. Vamos a generar casi toda la energía que necesite el edificio de forma autosuficiente y en algún momento estaríamos incluso exportando energía", señala.

Además, asegura que contarán con suelo radiante y refrescante. "Todos los apartamentos van a estar bien sombreados y va a ser un edificio sostenible a nivel alto", afirma.

En las infografías que acompañan el proyecto se aprecia esa visión: un volumen triangular elegante que se integra en el paisaje urbano, con sombras generosas, jardines comunitarios y un huerto que promete tomates y conversaciones.

Los vecinos no solo vivirán allí; lo gestionarán. "Todo lo vamos a organizar nosotros y lo que hagamos va a ser una decisión nuestra. Eso da una autonomía personal que en otro tipo de instituciones no se puede tener", enfatiza Maite Rodríguez.

Modelo para otras ciudades

El interés desborda las fronteras de Valladolid y ya se están conformando grupos en otras localidades castellanas y leonesas para replicar la experiencia.

"Existe una lista de espera y personas que se están juntando para abrir otra vía con estas características, porque han visto que les interesa vivir así su proceso de envejecimiento", cuenta Maite Rodríguez..

Martín Barrientos confirma el eco regional. "Estamos en contacto con gente que quiere iniciar este tipo de experiencias en otras ciudades de la Comunidad, aunque en Castilla y León está costando", asegura.

Tejiendo Vida no es solo un edificio; es una respuesta creativa a un problema que crece: el envejecimiento en soledad.

En un país donde las residencias tradicionales a menudo se perciben como el final del camino, este modelo propone un principio distinto.

El objetivo es envejecer con los amigos de siempre, con dignidad, con decisiones propias y con la certeza de que, si mañana necesitas ayuda para levantarte de la cama, al lado habrá alguien que ya te conoce y que te quiere.

Las imágenes del proyecto transmiten esa calidez: un comedor lleno de luz donde se servirán comidas compartidas, terrazas donde se tomará el sol con un libro, un patio interior que huele a tierra mojada después de la lluvia.

Otra manera de envejecer

No hay uniformes de personal ni horarios rígidos. Solo personas que han decidido tejer, entre todos, una red que sostenga la última etapa de la vida con la misma vitalidad con la que vivieron las anteriores.

Mientras terminan de concretar el acuerdo con una constructora que edifique el proyecto, el grupo sigue reuniéndose.

Celebran cada pequeño avance −la licencia, la negociación, la firma− porque, como repiten, "celebrar algo, por pequeño que pueda parecer, es fundamental".

En 2028, cuando las llaves giren en las cerraduras de esos 27 apartamentos, no solo entrarán muebles. Entrará una forma nueva de entender el envejecimiento: colectivo, sostenible, autónomo y, sobre todo, lleno de vida.

Tejiendo Vida demuestra que otra manera de envejecer es posible. No es utopía. Es un edificio triangular en Valladolid que pronto se llenará de risas, debates, cuidados mutuos y tardes de sol en la terraza.

Un proyecto que, como su propio nombre indica, sigue tejiendo hilos invisibles de amistad para convertir el futuro en un lugar donde nadie envejece solo.