Judit procesionando. Fotografías cedidas a EL ESPAÑOL – Noticias de Castilla y León por : Santi Miñarro

Judit procesionando. Fotografías cedidas a EL ESPAÑOL – Noticias de Castilla y León por : Santi Miñarro

Valladolid

57 días de pesadilla: una joven cofrade que quiere ser enfermera y su pulso con el COVID-19

A sus 20 años, la de la Hermandad Penitencial Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, nos cuenta lo que significa para ella pertenecer a la misma, la Semana Santa y Valladolid y, también, como ha vivido sus días de aislamiento por el coronavirus

10 abril, 2022 07:00

Noticias relacionadas

Judit Tardón del Cura es una joven vallisoletana de 20 años que con solo cuatro entra a la Cofradía de la Hermandad Penitencial Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna. Lo hace en 2005, gracias a sus padres y a una “larga tradición cofrade” en algo que agradece enormemente nuestra entrevistada porque “considera que es uno de los mayores regalos que le han podido hacer”.

“Explicar lo que una siente por la Semana Santa es complicado. Al final son puzzles con diferentes piezas: personas, instantes y momentos que hacen que se convierta en una semana única. Si tuviera que definirla con dos palabras serían: intensidad y agradecimiento, esta última por tener la suerte de vivir, como creyente, la pasión, muerte y resurrección de Jesús de un modo tan intenso como es hacerlo desde la cofradía”, apunta Judit, en declaraciones a EL ESPAÑOL – Noticias de Castilla y León.

El remitir del coronavirus, que ha golpeado con fuerza también a la cofrade, permitirá que Valladolid vuelva a ver, en la calle, la procesión de sus pasos. Una Semana Santa única en España que mantiene su llama, pasión y fuerza gracias a la acción de estos jóvenes amantes de unos días marcados en el calendario de todos.

16 años y un regalo

“Estos 16 años como cofrade han sido un regalo. Espero que solo sea el inicio de un camino que espero que dure muchos años para poder mantener y transmitir viva la llama de la ilusión que un día encendieron en mí”, nos confiesa Judit.

Solo 20 años y una vida como cofrade. Desde los cuatro añitos, ni más ni menos. A la vallisoletana le cuesta elegir un momento de la Semana Santa, pero barre para casa. “El Martes Santo es uno de mis días favoritos porque se celebra la procesión titular de mi cofradía”, nos explica la joven que añade que “cuando era pequeña sus padres no la dejaban salir” al ser un festejo nocturno y añade que “recuerda con ilusión la primera vez que lo hizo”. El Encuentro de Oración con los Enfermos, que se realiza con el Cristo de la Humildad, la tarde del Miércoles Santo en Santa Isabel también es uno de sus “momentos predilectos”.

Su labor dentro de la cofradía pasa desde “participar en una eucaristía” hasta “salir en procesión” pasando por “limpiar, organizar y mover todas las piezas para que todo esté perfecto y preparado”. Su principal función es la de “formarse todo el año para poder ser testimonio público de fe en la calle” pero “trabaja todo el año y no solo durante los diez días de la Semana Santa” para mantener viva su pasión los 365 días.

Además, nos cuenta que su cofradía acaba siendo “un equipo” y confía en esta colaboración grupal para que todo salga bien en esta Semana Santa del “reencuentro” tras el parón por la pandemia.

Pesadilla con el COVID-19

Precisamente el coronavirus golpeó con dureza a Judit. Desde el 14 de marzo y hasta el 9 de mayo tuvo que estar aislada. Al principio de la pandemia, cuando se declaraba el Estado de Alarma allá por un año 2020 que queda ya lejos, comenzó a “sufrir el dolor de cabeza y muscular” con esa “tos y dificultad respiratoria”.

“Fueron momentos muy duros y de mucha incertidumbre. En el hospital: el caos, la soledad y el miedo se hicieron un hueco muy grande en mí, también en mi entorno que estaba preocupado por lo que me pasaba. Estuve ingresada unas horas en Urgencias esa primera vez”, nos cuenta emocionada Judit.

Tras esta, tuvo que acudir hasta en otras dos ocasiones, de urgencia, a ser atendida. Una un Lunes y la otra un Viernes Santo, casualidades macabras. En total 57 días aislada y unas secuelas por el COVID-19 que se mantienen con unos “problemas de garganta que persisten”, como nos confiesa.

Eso no quita que, tras esta mala experiencia por el maldito coronavirus, Judit valore la labor de los profesionales. Precisamente ha comenzado a estudiar Enfermería tras completar un Grado Superior en Dietética. “La carrera es dura y exigente. Exige muchas horas de estudio y trabajo, pero quiero ejercer de enfermera dentro de unos años”, ratifica.

La pasión de una Semana Santa única

Las procesiones de Semana Santa son el punto fuerte del cofrade. Todos la afrontamos con mucha ilusión y emoción. Destacaría que, en estos dos años de pandemia los cofrades no hemos parado. Hemos continuado celebrando nuestros actos y no hemos perdido el hilo. Lo que sí aseguro es que tenemos muchas ganas de coger el hábito y reencontrarnos en la calle”, asegura Judit.

La Semana Santa de Valladolid es, para ella, la “más esperada del año”. Una “maravilla que te permite parar, reflexionar, hacer silencio y emocionarte”. Además, explica orgullosa, dentro de las cofradías “hay también tiempo para la alegría y la diversión” en un conjunto completo que “hace muy feliz al cofrade”.

“Destacaría el silencio, la intensidad, la profundidad y la elegancia de la Semana Santa de Valladolid. Esos son sus cuatro ejes para mí”, añade nuestra entrevistada. Su objetivo: “vivir con convencimiento la pasión, muerte y resurrección de Jesús” y el deseo, el de la mayoría de los cofrades: “Que no llueva durante estos días”.

La semana de pasión del “reencuentro” que muchos cofrades, incluida Judit, han esperado con ganas ya está aquí. Valladolid se convierte desde este Domingo de Ramos en epicentro de la pasión a nivel nacional.