Valladolid A la que, por vía de la amistad y la profesionalidad, se ha unido el que fuera matador de toros salmantino y ahora apoderado y veedor, Andrés Sánchez.

Curro Díaz y tres vacas de Brazuelas: poesía pura

10 mayo, 2021 08:48

El diestro de Linares estuvo cumbre con tres buenas vacas de Toros de Brazuelas. Sus lances y muletazos fueron de una suavidad extrema. Las tres eralas fueron distintas en su comportamiento y en su pelaje.

Volvimos a ese entorno delicioso que es El Refugio, (Toros de Brazuelas) a cuatro pasos de Alcazarén, con una familia plena de generosidad y amistad que componen Alicia y Jesús. A la que, por vía de la amistad y la profesionalidad, se ha unido el que fuera matador de toros salmantino y ahora apoderado y veedor, Andrés Sánchez.

El de Villanueva del Conde tiene amigos por todo el orbe taurino, y le está echando una mano al bueno de Jesús Pérez para ir seleccionando el ganado y traer a sus tentaderos a auténticas figuras del toreo. En esta ocasión fue Curro Díaz, quien estuvo unos días de tentaderos por ganaderías charras y, a la vuelta para su Sevilla de residencia, echó una buena mañana en El Refugio.



Curro Díaz, es uno de los diestros más carismáticos y más buenas personas que la mar. Y generoso con las vacas porque se entrega y, con su técnica y clase, les extrae lo mejor de ellas. Y las luce. Mejor dicho, les imprime la calidad que tiene su toreo. Porque los animales no han visto un trapo en su corta vida y son los toreros quienes tienen que enseñarle a embestir. Y eso no es fácil. Hay diestros mejor dotados que otros para la práctica del tentadero.

Y Curro Díaz es de los mejores, por su experiencia y por su capacidad.

Curro, amable en toda su extensión, está delgado y flexible como un junco a sus casi 47 años. Está en la mejor etapa de su carrera que empezara hace treinta y cuatro años de becerrista. Su toreo es asolerado, como los mejores vinos, pero además posee ese don tan especial de la despaciosidad que, en definitiva, es el temple; uno de los conceptos más importantes del toreo.

Y si además le añades ese pellizco sevillano que tiene el linarense a la hora de manejar los avíos, pues miel sobre hojuelas. Con las tres vacas estuvo importante y supo sacar de cada una de ellas lo mejor.

La primera fue una erala jabonera sucia que siempre fue al ritmo que le marcó Curro. Nobilísima, sin un mal gesto ante la aterciopelada muleta del torero de Linares, aunque justa de fuerzas. Fue tres veces al caballo de Jesús del Bosque. Y lo cierto es que el torero sintió de verdad lo que hacía. mostrando lo mejor de su repertorio y luciendo a la excelente erala que, sobre todo por el pitón izquierdo, fue de una bondad franciscana.

La segunda, una vaca colorada que acudió tres veces al picador recibiendo leña. Salió montadita para luego ponerse “guapa”, en el lenguaje peculiar de los taurinos. Curro la sobó a gusto y la toreó a placer. Fue un poco tarda y el diestro estuvo en cercanías un buen rato disfrutando de ella.

La tercera y última fue negra, con más volumen, muy distraída y reacia para buscar al caballo de Del Bosque. La vaca había mostrado su clase en los vuelos del capote del banderillero Rubén Sánchez, que ofreció una lidia muy completa.

Y en la muleta de Curro acabó rompiendo, embebida en las telas de su lidiador que la toreó al ralentí. Yo diría, emulando a Bécquer: poesía eres tú, Curro Díaz.

La vaca, que tenía gasolina, (léase casta) fue todo un dechado de bravura y nobleza en la muleta de Curro, que nos deleitó con su sabiduría torera. También se pegó un arrimón, a pesar de que fue pronta en la muleta. Tras la larga y variada faena, el ganadero pidió echarla otra vez al caballo y, ante un largo titubeo, al final acudió al jaco y se empleó apretando hasta que Del Bosque le hizo sangrar.

Deliciosa jornada que finalizó con un largo aperitivo-almuerzo en el pequeño pinar, junto al porche del salón de la finca. Entre copa y copa vendrían los comentarios en torno al magnífico tentadero, donde Curro nos contó que había estado muy a gusto en esta casa donde deja amigos. Como prueba de su amistad regaló a Alicia, la ganadera, uno de los capotes que había utilizado en el tentadero.

Nos quedamos con una frase categórica que Curro comentó cuando todos alabamos su toreo: “para que te toque Paco de Lucía tienes que ser Camarón”. Obviamente se refería a que, para torear bien y a gusto, tiene que haber ganado que responda.

Y durante las copas se oyó el rasgar de una guitarra, manejada por un joven salmantino que se arrancó por conocidas melodías de música romántica. Y por sorpresa se unió nuestra gráfica Natalia mostrando sus dotes vocal-musicales. El chaval en cuestión es Manolo Sánchez, hijo de Andrés. El chico estuvo brillante y remató con alegría una jornada memorable.

Y no faltaron los fandangos toreros de Manolo Lobato, taurino donde los haya.

Entre los invitados estaba Joselillo, quien acudió con Rubén Sánchez y un “tapia” segoviano, Félix Arévalo, que disfrutó rematando a cada una de las vacas que le iba dejando el matador. También compartieron jornada algunos amigos y familiares del ganadero. Durante el tentadero conocimos al nuevo mayoral de la ganadería, Luis López, un joven mojadense que ha hecho sus pinitos de vaquero en Garcigrande y Los Bayones. Suerte.

Gracias, Alicia y Jesús por vuestra amistad. Volveremos pronto a El Refugio para deleitarnos con otro figurón del toreo.

Les ofrecemos una amplia galería de fotos de Natalia Calvo:

GALERÍA DE FOTOGRAFÍAS