Adrián Lafuente salió de La Alberca (Salamanca) en junio de 2023, dos años y medio después continúa dando la vuelta al mundo.

Adrián Lafuente salió de La Alberca (Salamanca) en junio de 2023, dos años y medio después continúa dando la vuelta al mundo. Foto cedida

Salamanca

Los casi 900 días de Adri dando la vuelta al mundo: "He cruzado océanos a vela y recorrido unos 120.000 kilómetros y 36 países"

El joven salió de La Alberca (Salamanca) el 5 de junio de 2023 y ahora se propone regresar en la Semana Santa de 2026 tras casi tres años conociendo culturas, sociedades y descubriendo proyectos de sostenibilidad por todo el planeta.

Más noticias: Autostop, cruzar el océano a vela y una vuelta al mundo por la sostenibilidad: el largo viaje de Adrián Lafuente

Publicada

El 5 de junio de 2023, Adrián Lafuente (2-9-1997, México) salía de su casa en La Alberca (Salamanca) con apenas 25 años. Hoy, casi 900 días después, con 28 años y cerca de 120.000 kilómetros recorridos, el joven se encuentra en Laos (Asia), completando una vuelta al mundo que inició con su amigo Tommaso Farina. Aunque ahora en solitario, pues en marzo separaron sus caminos en Australia, ambos comparten un objetivo común, que es ser coherentes con su forma de pensar.

Al proyecto lo llamaron Kune, y está relacionado con la sostenibilidad ambiental, social y económica. Adrián no ha cogido ni un solo avión desde que iniciase la vuelta al mundo. Ha cruzado océanos a vela, se ha movido siempre que ha podido haciendo autostop y únicamente ha recurrido a ferris o autobuses cuando ha sido estrictamente necesario por motivos logísticos o de seguridad.

En estos dos años y medio ha recorrido aproximadamente 120.000 kilómetros y pisado 36 países. Algunos de ellos como Cabo Verde, Martinica, Aruba, Polinesia Francesa, Samoa, Fiyi, Vanuatu o Malasia. América del Sur, Europa, Oceanía, África y en estos momentos Asia. Pocos territorios se le han escapado a este joven que, aunque mexicano de nacimiento, es albercano de sentimiento.

Adrián Laguente en la cima del cráter del volcán Mount Ijem, en Indonesia

Adrián Laguente en la cima del cráter del volcán Mount Ijem, en Indonesia Foto cedida

"Elegí el 5 de junio para la salida porque es la fecha simbólica que habíamos escogido por el Día Mundial del Medio Ambiente", apunta Adrián en declaraciones a EL ESPAÑOL - Noticias de Castilla y León. Tras ello, se encontró con Tommaso en Italia, donde estuvieron dos semanas arreglando todos los papeles burocráticos de sus aventuras más próximas.

Desde entonces, Adrián no ha vuelto a casa. Entre sus planes está regresar la próxima Semana Santa de 2026 si las circunstancias lo permiten. Ya en esta recta final, el viajero se lleva un "balance muy, muy positivo", hasta el punto de que reconoce que la aventura le ha cambiado la vida.

"Salí un poco alocado, con ganas de ver muchas cosas y con casi tres años de viaje me noto mucho más maduro, más consciente del mundo en el que vivimos", relata. Se lleva el sentimiento de que en Europa somos el "porcentaje privilegiado" por haber nacido "en el lado bueno del mundo".

"Tenemos comida, no tenemos que preocuparnos por abrir el grifo y beber agua, lavarnos las manos, podemos pasear por las ciudades, hay transporte público y no es un problema llegar de un lado a otro", apunta sobre estos pequeños gestos que, en otros puntos del mundo, pueden llegar a ser un privilegio.

Durante su travesía ha tenido la oportunidad de descubrir "un 90% del planeta". Lugares como Venezuela, "donde gente que no tiene para comer, te dan todo". O Asia, "donde el agua del grifo es casi mortal a nivel de enfermedades".

Vivencias que le han permitido ser "más consciente" y conocer muchas culturas, religiones y comidas diferentes. Hace poco probó por primera vez el escorpión durante su estancia en Asia. Es en la gastronomía donde también ha descubierto que en Europa tenemos el "privilegio" de cambiar el tipo de alimentación.

El joven albercano se encuentra ahora el Laos (Asia)

El joven albercano se encuentra ahora el Laos (Asia) Foto cedida

"En Indonesia tuve la fortuna de llegar a una isla muy pequeña y por la mañana se comía pollo con arroz y por la noche si tenías suerte pescado con arroz. Esa variedad de alimentos que tenemos (en Europa) por la globalización y los intercambios son más factibles. En Indonesia comer otra cosa que no sea pollo o pescado es un gran lujo", precisa.

Pero a pesar de lo atrevido de la aventura, el viaje no ha estado exento de momentos duros y difíciles. Tras dos años y medio reconoce que echa de menos a su familia. Incluso lamenta que su abuelo falleció y no pudo acudir al entierro. "Me ha pillado lejos y se hace difícil", reconoce.

Ha aprendido también a valorar el "minimalismo" de los pequeños detalles. Ahora la lavadora es una de sus actividades "preferidas". "Tener ropa que huele bien, limpia, se ha convertido en un gran lujo", destaca.

Objetivos y modus operandi

Kune nace de la convicción de Adrián y Tommaso de querer "mostrar que todavía hay un poco de esperanza en vivir en simbiosis y armonía con la naturaleza y nuestro planeta". Así lo desveló el propio joven albercano en junio de 2023 a este periódico.

Iniciaron el trayecto movidos por tres objetivos principales. Uno de ellos era descubrir iniciativas de distintas instituciones referentes en sostenibilidad a nivel empresarial, gubernamentales o entidades sociales.

El segundo objetivo respondía a la transmisión y difusión de esta información. Para ello crearon @project_kune en Instagram. Aquí trasladan los conceptos básicos y evitan "cierto tipos de bulos" que muchas veces se mal emplean y "suelen ser utilizados en el marketing para hacer el 'lavado verde'".

Por último, Adri busca concienciar a la sociedad ante un "vacío muy importante entre científicos y expertos de la materia y la gente".

Y todo ello en consonancia con su creencia personal y estilo de vida, conservando el medio ambiente y empujado por los valores del respeto y la convivencia. La misión última de Kune siempre ha sido la de "promover soluciones e iniciativas sostenibles positivas". "Pensamos que de lo negativo se habla bastante, pero no de las soluciones a ciertos problemas relacionados con la sostenibilidad", apunta.

Tras casi 900 días de vuelta al mundo, Adrián se propone regresar a España para la Semana Santa 2026

Tras casi 900 días de vuelta al mundo, Adrián se propone regresar a España para la Semana Santa 2026 Foto cedida

Por ello, era necesario ser coherentes con el mensaje. Adri recuerda que la sostenibilidad "no es solo medioambiente, también es social y económica".

La decisión de evitar los aviones no respondía únicamente a una razón medioambiental, sino que hacer el viaje por medios terrestres y marítimos les permitía entremezclarse con la gente local. Con el autostop, que al final son viajes ya programados, y las rutas a vela no solo evitan una emisión a mayores de CO2 a la atmósfera, sino que también conocen la antropología de los territorios.

"El hecho de viajar sin aviones es una simbología, primero por decir que estamos viajando con pocas emisiones de carbono, pero también a nivel social porque conocemos a la gente local, sabes que te van a ayudar y demostramos que hay más gente buena que mala", apunta. En la parte económica también le genera un "gran ahorro".

De estas tres patas de la mesa, Adrián tiene claro que se queda con la parte social. "Yo me acuerdo más de las personas que he conocido que de una montaña espectacular", reconoce.

Travesía por los océanos

Aunque ha tenido que tirar de algún ferri en ciertas ocasiones puntuales, gran parte de su viaje ha estado marcada por las travesías a vela por los océanos y mares de todo el mundo. Uno de los más destacados es el viaje que realizaron por el Atlántico para llegar hasta Panamá desde Gran Canaria.

"La experiencia es ir al puerto, hablar con todos los capitanes que sea posible y preguntar si necesitan tripulación", explica. Así encontraron el primer catamarán que les llevó desde Gran Canaria hasta Panamá. Tuvieron que hacer parada en Cabo Verde por un problema en una de las velas. Y luego el máximo tiempo que estuvieron sin ver tierra fueron 39 días.

También cruzaron el Pacífico. Un viaje junto a un capitán australiano que duró cinco meses y que a Adri le ha cambiado la forma de ver la vida. "Mentalmente lo pasé bastante mal. Fue mucho tiempo de travesía y saliendo de Panamá nos pilló una tormenta de 12 días que no conseguíamos salir", recuerda.

El antes (drch) y después (izq) de Adri tras cruzar el Pacífico en 5 meses

El antes (drch) y después (izq) de Adri tras cruzar el Pacífico en 5 meses Foto cedida

Se enfrentaron a situaciones extremas, como cuando en uno de sus turnos de noche, de 00:00 a 04:00, mientras Tommaso y el capitán dormían, la oscuridad solo permitía a Adri percibir como las "olas rompían contra el barco, la lluvia, el frío y la humedad". Hasta que el agua comenzó a entrar dentro del barco.

"De la adrenalina sacas fuerza de dentro para solucionar el problema. Estuvimos dos o tres horas achicando agua con sartenes como podíamos. Y ahí pensé que tendríamos que poner en marcha el dispositivo de botes salvavidas. Mentalmente te preguntas qué estás haciendo, me he metido en esta situación por mi propia voluntad", recrea.

Aún estaban a 10 días de Colombia y llegar a ese punto de abandonar el barco implicaba que la probabilidad de que les encontraran "dependería de algunos días de espera". "Ahí me di cuenta que mentalmente soy más fuerte de lo que pensaba, aunque lo pasé mal", presume. Afortunadamente, lograron solventar la situación.

Anécdotas y vivencias

Recorrer 36 países, evidentemente, da para mucho. Culturas tan dispares como sorprendentes. Y situaciones rocambolescas que contadas parecen sacadas de una ficción. En Panamá convivieron durante unos días con una tribu indígena.

Y allí también vivieron "experiencias de locos" como cuando conocieron a narcotraficantes. "Toda esa zona es bastante problemática porque hay mucha inmigración ilegal y está el conflicto de los indígenas con Panamá. También vimos todo tipo de animales como jaguares", desvela.

Militares panameños que transportaban gasolina a una de las islas les ayudaron a avanzar una gran distancia de su viaje. En Venezuela pudieron conocer la situación geopolítica del país. Pero siempre teniendo claro que la "seguridad no nos la íbamos a jugar por alguna locura".

En Ecuador se toparon con el control de la televisión por parte de los narcotraficantes, por lo que tuvieron que cruzarlo en apenas 24 horas.

La Polinesia Francesa les descubrió la cultura de los tatuajes como un aspecto espiritual y no estético, como sucede en Europa. En América Latina fue insultado "por ser español", algo que le sorprendió porque "la herida de los colonos está todavía muy abierta después de tantos siglos".

"Lo más importante para mí es escucharles, ver por qué lo dicen para enriquecerme a nivel personal e intentar entenderles aunque no esté de acuerdo. No somos todos tan diferentes como creemos. Somos todos muy humanos y todos tenemos los valores de la empatía y la búsqueda de la felicidad", subraya.

"He invertido todos mis ahorros"

Adri ha invertido para esta experiencia todos sus ahorros, que rondan los 17.000 euros. "Luego tuvimos algunos patrocinadores que nos dieron donativos y bastante gente de mi pueblo me apoyó con un donativo puntual", agradece el joven de La Alberca.

Paralelamente, abrió un crowdfunding para "quien quisiera contribuir al proyecto y que no fueran empresas". Mientras tanto, basó su subsistencia en voluntariados a cambio de que les transportasen, como en el caso de las travesías en barcos, y trabajando en algunos lugares como Australia, donde también ha podido hacer de nuevo hucha.

Parajes naturales del todo el mundo, sociedades y culturas totalmente opuestas a la europea y miles de experiencias han marcado el viaje de Adrián

Parajes naturales del todo el mundo, sociedades y culturas totalmente opuestas a la europea y miles de experiencias han marcado el viaje de Adrián Foto cedida

Limitando, además, cualquier capricho. "Como en puestos donde van los locales a precio local. En Noruega hacía voluntariados porque todo era muy caro. En Colombia o Perú vivía a cambio de favores, limpiando y ayudando", añade.

Desde limpiar una piscina en Bolivia, a montar una pastelería en Perú o ayudar a construir un faro en los fiordos noruegos. De lavaplatos, en la construcción colocando césped en las medianas de las autopistas o limpiando caravanas en Australia. O levantar una vivienda para un granjero en Colombia.

Estas son algunas de las actividades que ha tenido que desempeñar Adrián para poder hacer frente a todos los gastos de la vida. Pero todo ello "siempre manteniendo el tema de la sostenibilidad, entrevistando iniciativas por el mundo, haciendo vídeos y documentando lo que veía".

Tras separarse en Australia de Tommaso, Adrián afrontará en los próximos meses su vuelta a casa. Asegura que la decisión no vino propiciada por un "malestar de tanto tiempo juntos", sino que como buenos amigos "nos dimos cuenta de que cada uno quería una cosa un poco diferente para el final del viaje y el proyecto".

Él quiere seguir viajando, pero echa de menos a su familia. "Es un proyecto que no quiero que sea un estilo de vida como tal, de vivir 20 años buscándome una vida de país en país", reconoce. Mientras Tommaso decidió alargar su estancia en el país de Oceanía, Adri emprendió el viaje hacia Asia antes de que llegase la época de los ciclones.

En los próximos meses prevé pasar por Vietnam, China, Mongolia y estudiar la forma de atravesar Rusia. Para así regresar a Europa y poner rumbo a España de nuevo. "Dependo mucho del transiberiano, que es la próxima etapa grande después de cruzar China", sentencia Adri tras casi 900 días de vuelta al mundo y que ahora encara su vuelta a casa para la Semana Santa de 2026 si las circunstancias lo permiten.