Salamanca

ENTREVISTA | Emilio Pérez (CCOO): "En el ámbito laboral, en este 1º de Mayo, necesidad de reivindicar hay mucha"

1 mayo, 2021 09:15

El pasado 17 de abril, en la sala menor del Palacio de Congresos, y ante los 60 delegados de CCOO de Salamanca, los permitidos por aforo en tiempo de pandemia, culminó el proceso congresual del sindicato de izquierda y, de paso, despedir a Emilio Pérez para investir a José Antonio Gallego como nuevo secretario provincial. Pérez deja atrás 10 años al frente del sindicato y, así, agotar el límite de mandatos contemplado en los estatutos del sindicato. Hombre luchador, siempre en la cabeza de las reivindicaciones y, sobre todo, cercano que hizo casi lo imposible, dar una imagen de modernidad a CCOO Salamanca y, sobre todo, acercarla a los medios de comunicación. En esta jornada del 1º de Mayo, y ya como un afiliado de base más, habla del pasado, presente y futuro del sindicalismo y el mundo laboral para NOTICIASCYL EL ESPAÑOL.



P.- Ya quedó atrás una etapa, Emilio.

R.-  Gracias a que tenemos los estatutos en Comisiones Obreras con el límite de mandatos, después de diez años se cierra una etapa en mi vida que no era el sindicato, que es continuidad y actividad permanente. Dada la grave situación que aún queda por venir tanto laboral, económica y, sobre todo, social, es importante que exista gente nueva al frente del sindicato, y que haya buenos hombres y mujeres jóvenes que afronten este reto que queda por delante. Eso siempre es positivo y da calidad de vida, en este caso, a las propias organizaciones. 

P.- ¿Cómo fue el día después tras 10 años de secretario provincial de CCOO? 

R.- La verdad es que fue muy tranquilo, porque ya había tomado la decisión, o de alguna manera había comenzado a asumir el día después al 17 de abril, con tranquilidad. Aproximadamente seis u ocho meses antes había hecho mi pre duelo. Había comenzado a colocarme en la situación de que se abría un nuevo escenario, de que por suerte el Congreso iba a traer gente nueva. Ya había decidido, y así lo hice público el 22 de enero dentro de la organización, que ya no iba, bajo ningún concepto, a presentarme a la reelección y, a partir de ahí, empezar a asimilar y poner en positivo que esto es una actividad voluntaria como militante de la organización. Nunca he sido un profesional del sindicalismo, porque ese no es mi modelo de sindicato ni mi modelo de sindicalista. Lo fundamental es saber que todos tenemos un principio y un final, y mi final sindical llegaba hasta ese momento. Me siento muy orgulloso de haber terminado mi carrera sindical al frente de mi sindicato en la provincia de Salamanca. 

Nunca he sido un profesional del sindicalismo, porque ese no es mi modelo de sindicato ni mi modelo de sindicalista

P.- ¿Se arrepiente de algo durante todo este tiempo de mandato en CCOO? 

R.- Arrepentirme en general, no. Frustración sí que siento. Han sido diez años que comenzaron con la anterior crisis económica. Entré al frente de la organización en el año 2010, en plena crisis. En año y medio tuvimos dos huelgas generales, sufrimos las dos reformas laborales del Partido Socialista y del Partido Popular, en 2011 y 2013, respectivamente, y parecía que la situación no iría a peor en el contexto laboral, y también como consecuencia de ello en el ámbito económico. Tomar decisiones a diario siempre conlleva el riesgo de poder equivocarte. Y de hecho, ha sido uno de las primeros párrafos con los que inicié el informe general, pidiendo disculpas por aquellos errores que de manera involuntaria hubiera cometido. 

Arrepentirme no, porque creo que he hecho todo lo que estaba en mi mano. He utilizado la fortaleza del sindicato para el interés público. Creo que intentaba aprovechar con cariño y respeto a los medios de comunicación para lavar la cara del sindicato, que en aquellos entonces 2010, 2012, 2014 estaba con razón, y en algunos casos sin razón, muy desprestigiado. Porque estas organizaciones de hombres y mujeres cometemos errores, y la organización está por encima de nosotros. Gracias al trabajo que hemos ido haciendo, a que los medios de comunicación han dado muy buena imagen de lo que hemos ido también trasladando y, sobre todo, la relación con las instituciones, en esa parte me siento satisfecho. Puede que sí haya cometido errores, pero siempre han sido de manera involuntaria. No digo inconsciente, porque he intentado no perder la consciencia nunca al frente de la organización, pero nunca ha sido con una voluntad, en este caso, de hacer daño o de perjudicar. 

P.- ¿Qué hubiera cambiado y no pudo?

R.- Desde luego, hubiera cambiado las relaciones laborales y, sobre todo, el tan traído y llevado modelo productivo que existe en la provincia de Salamanca. Se me ha criticado en muchas ocasiones porque siempre he visto como una carencia, o como un defecto, la alta dependencia que tiene la provincia de Salamanca del sector servicios, un 76 por ciento; tenemos un 14 por ciento de la industria y un 6 entre agricultura y construcción. Estamos abocados a tener una actividad económica creciente dependiendo de la época del año en la que estemos. Es decir, si estamos en verano, bien, si estamos en Semana Santa, bien, y si estamos en Navidad bueno, de aquella manera. Pero el resto del tiempo no podemos seguir siendo una provincia abocada a seguir dependiendo única y exclusivamente de un sector. Siempre hablábamos de cambiar el modelo productivo, y yo siempre decía que lo que es necesario cambiar es el modelo económico, porque eso tampoco lo hemos conseguido. Terminar con el modelo que, a día de hoy, tenemos de relaciones laborales, que sigue desequilibrando la balanza. Hablamos del período antes de la pandemia pero también ahora con la pandemia. Veremos a ver qué escenario es el que queda. Pero las reformas laborales, tanto la del 11 como la del 13, lo que dejaron fue la balanza desequilibrada de la parte del empresariado y con la parte más débil, que es la de los trabajadores, mucho más desprotegidos. 

Emilio Pérez, en la manifestación del 1º de Mayo de 2019 en Salamanca

P.- Hoy es el 1º de Mayo, ¿tiene significado en estos tiempos?

R.- El Primero de Mayo es un día simbólico para Comisiones Obreras. El 1º de Mayo es el día por excelencia en el cual tenemos que salir a la calle, y este año se volverá a salir a la calle después de este período que hemos pasado, garantizando todas las medidas de seguridad y todas las que establece el ámbito sanitario. Para nosotros, el 1º de Mayo es un día reivindicativo en el que pretendemos hacer balance de todo lo que ha sido en el contexto laboral el año que termina y, sobre todo, poner por delante cuáles son las pretensiones, las ilusiones y las reivindicaciones que tenemos. Este 1º de Mayo, en concreto, es tremendamente especial. 

El 1º de Mayo es el día por excelencia en el cual tenemos que salir a la calle y este año se volverá a salir a la calle después de este período de pandemia que hemos pasado

P.- ¿Existen motivos para la reivindicación? 

R.- Primero, las reivindicaciones tienen que formar parte del ser humano, hay que ser reivindicativo, porque no hay que ser conformista, no hay que resignarse, no hay que acostumbrarse a la pérdida, en este caso de derechos. La reivindicación tiene que ser algo que forme parte del carácter de las personas. Siempre hay que querer más, querer algo mejor y querer de manera colectiva construir un futuro que sea bueno. Mucho más positivo en el entorno colectivo. Reivindicar es necesario, y aquí tenemos que jugar un papel muy importante las organizaciones sindicales, puesto que los hombres y las mujeres tienden a organizarse para defender sus derechos. Estamos hablando tanto del ámbito laboral como hablamos de los consumidores, como de una simple comunidad de vecinos. El mundo de las organizaciones, sobre todo en el ámbito laboral, tienen que ser reivindicativas y, a día de hoy, necesidad de reivindicar hay mucha. 

P.- ¿Cómo ve la situación laboral en la provincia de Salamanca?

R.- La veo muy complicada todavía. Lo llevo diciendo muchos meses, lo peor no ha llegado. Estamos en torno a 26.000 personas en desempleo. Tenemos unas 117.000 personas dadas de alta como cotizantes a la Seguridad Social, pero seguimos teniendo unas relaciones laborales que fomentan la precariedad, la temporalidad y que fomentan, sobre todo en este caso, el fraude en la contratación. A día de hoy todavía quedan en la provincia de Salamanca en torno a 5.000 personas trabajadoras en ERTE, y no sabemos qué va a pasar a partir del 31 de mayo. Al parecer la ministra dice que se prorrogan, pero no sabemos si en las mismas condiciones, y esos cerca de 5.000 trabajadores corren serio riesgo de perder definitivamente su puesto de trabajo. Quedan unas 1.500 empresas en situación de ERTE que en todo este año, lo digo yo que sigo siendo sindicalista, han salido mucho peor paradas, en algún caso, que parte de la clase trabajadora. Y esto también tiene una explicación. 

En definitiva, lo veo complicado en la medida en la que seguimos teniendo un Estatuto de los Trabajadores que está haciendo legal lo que es injusto, y eso hay que corregirlo de manera inmediata. Te pongo un ejemplo, los últimos cuatro años se pueden haber realizado en la provincia de Salamanca más de 350.000 contratos con y sin pandemia, para apenas haber tenido un incremento de 3.000 cotizaciones en la Seguridad Social, más precariedad y más demostrable en lo cuantitativo, no puede ser. No podemos seguir teniendo en torno a un 45 por ciento de los contratos que sean indefinidos a tiempo parcial. Es decir, eso genera empleos y sueldos muy precarios. Después no podemos seguir teniendo un Estatuto de los Trabajadores que da prevalencia a los convenios de empresa frente a los convenios del sector, donde de alguna manera se acaba con la negociación colectiva, y donde deja el poder en el empresario al regular las condiciones de sus trabajadores.



P.- ¿Hay lugar para el sindicalismo de clase con este panorama? 

R.- Sí, evidentemente. Claro que lo hay, porque mientras haya trabajadores que defiendan sus intereses de manera colectiva, tiene que haber y sigue habiendo organizaciones y movimiento sindical de clase. Quienes estamos en estas organizaciones y somos realistas, cada vez somos más conscientes de cómo se va al corporativismo en las relaciones sindicales. Eso también lo fomentan muchos políticos, porque es la manera de hacer más débil al sindicalismo de clase. A pesar del individualismo que hay y a pesar de las dificultades que tenemos las organizaciones para mantenernos en determinados ámbitos empresariales, somos conscientes de que el sindicato corporativo, hablamos de los sindicatos y de las asociaciones profesionales, y ahora los hemos visto tanto en el ámbito sanitario como en el educativo, es una amenaza que deteriora la calidad del sindicalismo en la parte corporativa, pero que nos tiene que hacer ver que somos necesarios quienes defendemos los intereses de todos los trabajadores y trabajadoras, independientemente de la profesión que tengan.

Mientras haya trabajadores que defiendan sus intereses de manera colectiva, tiene que haber y sigue habiendo organizaciones y movimiento sindical de clase

P.- ¿Explíquenos que ocurre con las jubilaciones y con las pensiones?

R.- A ver, en este país tenemos un problema serio cuando hablamos de pensiones. Pero que tiene que ver con los modelos en general de los derechos públicos y de los derechos fundamentales. Como tenemos un problema con la Educación. No somos capaces de centrar la solución porque cada vez que viene un gobierno cambia la ley de Educación. No tenemos un modelo único que garantice una asistencia sanitaria pública. Ahora lo vemos cómo cada Comunidad Autónoma tiene un modelo distinto sanitario y, desde luego, la ley que tenemos y el modelo que tenemos de pensiones siempre está puesto en tela de juicio. Porque tampoco hay ningún Gobierno que se atreva realmente a blindar nuestro modelo, que es solidario, que es universal y que tiene que ser garantista del poder adquisitivo de nuestras pensiones. Es un modelo ejemplo en gran parte de los países de la Unión Europea, porque nutre el pago de las pensiones de las cotizaciones que hacen los trabajadores. Pero es un modelo que se utiliza siempre como moneda de cambio en determinados momentos electorales, para hacer que esos cerca de 9 millones de pensionistas se pongan de un lado o se pongan de otro a la hora de decidir los gobiernos que estén por delante.

P.- ¿Es necesaria la reforma laboral de 2011 y después la de 2013 que llega hasta hoy?

R.- Es evidente que tenemos que ser consecuentes. Primero, hay que darle valor al ámbito que ha servido durante la mayor parte de los acuerdos que ha habido en este país, que es el Pacto de Toledo, donde están todas las fuerzas, todas las organizaciones políticas y todos los agentes sociales que tienen que ver en nuestro modelo de pensiones. Las pensiones salen del trabajo. Eso es evidente. Es una consecuencia de haber trabajado y se nutre del dinero que pagan los trabajadores. Para empezar, no podemos permitir, como hay partidos políticos que quieren, sacar fuera de la toma de decisión a los agentes sociales, que somos quienes regulamos el modelo de pensiones. Esa es la primera parte. 

Segunda parte. Hay que acabar ya con la amenaza permanente a los pensionistas de este país de que voten a un lado o voten a otro en función de si te las subo o si te garantizo el poder adquisitivo, o decir que te equiparo o te garantizo una pensión mínima. Eso tiene que quedar blindado completamente para que deje de ser moneda de cambio. Las pensiones tienen que estar garantizadas al 100 por cien. Las pensiones tienen que servir para garantizar la calidad de vida a las personas trabajadoras, independientemente de los años de vida que cada vez vayamos teniendo, unas veces más y otras veces menos. No pueden estar vinculadas, ni la cantidad de la pensión ni el tiempo que te corresponde la pensión, en función de la longevidad de la ciudadanía. Hay partidos políticos que hablan de una jornada semanal de 30 horas o de cuatro días a la semana. ¿Por qué? Porque es posible, porque en este país tenemos el hábito de tener un modelo de relaciones laborales que es el del presentismo. Sí, parece que si no estamos en el trabajo no estamos produciendo, y ese no es el modelo que estamos viendo que funciona en otros países. No puede ser que estemos empeñados en decir que cuanto más tiempo esté la gente trabajando mejor, porque la vida no es única y exclusivamente el trabajo, el trabajo es para vivir. Entonces, a partir de ahí no hay que estar condicionando constantemente el modelo de pensiones a según el gobierno que venga. 

Hay que garantizar el poder adquisitivo, como por suerte en este momento se sigue y se ha acordado. Es decir, hay que garantizar que el incremento del IPC repercuta directamente en las pensiones y que si no se produce incremento del IPC, no se descuente de las pensiones. Estamos hablando de que la pensión media en Salamanca está en torno a unos 850 euros. Pero por desgracia, fundamentalmente las mujeres, la media de la pensión, la no contributiva en algunos casos no llega a 380 euros, y no podemos tener en un país que presume de ser una potencia económica en el ámbito de la Unión Europea, y que dice que tiene un modelo que garantiza la calidad de vida de sus mayores o de sus pensionistas, que estén cobrando pensiones a ese nivel. Y sobre todo, hay que garantizar también que una importante parte de los gastos que se destinan a pagar desde la Seguridad Social se paguen desde los Presupuestos Generales del Estado. 



P.- ¿Como vislumbra el futuro de Salamanca y de Castilla y León?

R.- Con mucha preocupación. No ha cambiado nada, y parece mentira, en los últimos 30 años en esta provincia y en esta Comunidad Autónoma. Se siguen sin acometer problemas tan importantes, salvo excepciones, como puede ser zonas de Burgos, de Valladolid y lo que sobra de Valladolid en Palencia, que tenga que ver con la industria. Castilla y León, y sobre todo esta provincia, están absolutamente desindustrializadas. Nos estamos dedicando a otra cosa que no aporta ni plusvalía, ni enriquecimiento, ni inversión, sino que solamente estamos proyectando nuestro beneficio económico en el ocio y en la actividad sin ningún tipo de valor añadido. 

Otra situación es el grave problema de despoblación por un lado y de envejecimiento por otro. No hay medidas que incentiven el fomento de la natalidad. No hay ningún proyecto que incentive el mantenimiento de la población joven. Se nos llena la boca, y esto es un grave problema que tiene también nuestra Comunidad Autónoma, se nos va la fuerza por la boca presumiendo de cuatro universidades en esta Comunidad. Y lo único que estamos haciendo es generar hombres y mujeres con una formación excelente para que se tengan que marchar a trabajar fuera de nuestra tierra, porque aquí no hay salida laboral. No es que no haya ni buenos sueldos ni contratos, es que no hay ofertas de trabajo que estén coordinadas con la formación que aquí se imparte. 

Vamos a ver, hablábamos antes del modelo educativo. No podemos estar impartiendo gran parte de la formación que se da en nuestras universidades, y también en nuestros centros integrados de Formación Profesional, si no hay empresas que absorban a quienes se terminan formando en esos grados o en esas familias en el ámbito de la FP. Es decir, tenemos una descoordinación entre la parte formativa con la parte productiva. Eso tiene mucho que ver con que políticamente se es tremendamente conservador en cuanto a la rentabilidad, muy cortoplacista. Se quiere invertir en algo que dé rentabilidad inmediatamente, y creo que hay muy poca proyección. 

Ahora, además, están por ver los proyectos de Castilla y León para acceder a los fondos de Europa, que estamos hablando de 140. 000 millones de euros, y a estas alturas ya sabemos que el Gobierno va a mandar a Europa lo que aquí se plantea, pero tendremos que buscar y tendremos que saber cuáles son los proyectos que desde Castilla y León y, sobre todo también, desde la provincia de Salamanca y la ciudad de Salamanca, se han organizado y se han realizado para ver cuánto queremos que venga y para hacer qué. Porque no se trata solo de que manden dinero, sino qué proyectos son los que queremos y con los que queremos convencer a Europa de que aquí podemos hacer las cosas de otra manera.