Vista en el juicio verbal de desahucio de las exmonjas del monasterio de Belorado, en la Sección Civil del Tribunal de Instancia de Briviesca, el 29 de julio de 2025

Vista en el juicio verbal de desahucio de las exmonjas del monasterio de Belorado, en la Sección Civil del Tribunal de Instancia de Briviesca, el 29 de julio de 2025 Ricardo Ordóñez ICAL

Burgos

Las exmonjas de Belorado denuncian malos tratos de la Guardia Civil mientras viven de donaciones y favores en Orduña

En el último episodio del largo cisma, las exreligiosas, investigadas por trato degradante a cinco monjas ancianas en la evacuación del monasterio vizcaíno, han culpado al Instituto Armado de las irregularidades.

Más información: Las exmonjas de Belorado piden "algún lugar en la España vaciada" para mantener sus 700 años de vida tras su desahucio

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Este lunes, seis de las exmonjas de Belorado comparecieron ante el Juzgado de Instrucción número 5 de Bilbao. Vestidas con sus hábitos oscuros, serenas pero firmes, negaron las acusaciones de abandono y trato degradante a cinco religiosas ancianas.

Pero más allá del juzgado, su realidad diaria es otra: una existencia precaria, marcada por la incertidumbre de un nuevo desahucio inminente, la falta de recursos y una fe que las sostiene frente a lo que denominan "persecución".

Durante su declaración, las exmonjas no solo rechazaron las imputaciones, sino que acusaron directamente a la Guardia Civil de haber dispensado un trato inadecuado y degradante a las ancianas durante su evacuación al hospital de Basurto el 18 de diciembre de 2025.

Según su versión, los agentes, al llegar al monasterio de Orduña tras denuncias de algunas familias, se llevaron a una religiosa de 95 años "sin dejar que la termináramos de limpiar, con un camisón abierto por detrás, prácticamente desnuda" en pleno invierno.

Afirman que fueron los guardias civiles quienes incurrieron en irregularidades durante el traslado, y no ellas en el cuidado previo.

Una larga batalla judicial

El conflicto, que comenzó hace casi dos años con su ruptura pública con Roma y su adhesión a posturas sedevacantistas, ha derivado en una batalla judicial sin cuartel por los tres monasterios que ocupaban: Belorado, Orduña y Derio.

El pasado 12 de marzo abandonaron Belorado de madrugada, antes de que la comitiva judicial y la Guardia Civil ejecutaran el desahucio. Se ahorraron la escena mediática, pero no el drama.

Ahora, con dos de los tres cenobios aún bajo su control temporal —Orduña y Derio—, viven a contrarreloj mientras los procedimientos legales avanzan. En Orduña, un monasterio de piedra gris enclavado en la comarca vizcaína, es donde se concentra hoy la comunidad.

Aquí han encontrado un techo gratuito, un puente provisional que les permite mantener la vida en común: oración en la capilla al alba, silencio claustral, comidas frugales compartidas y el cuidado mutuo. Pero el desánimo es palpable.

El portavoz de las exmonjas, Francisco Canals, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León que, desde que fueron desahuciadas "no está ubicadas en ningún lugar" ya que, aunque se encuentran en Orduña, "su desahucio es cuestión de tiempo".

El relato de Canals pinta un panorama de emergencia constante. Tras el desahucio de Belorado, las monjas activaron la campaña 'Queremos un convento' para buscar un nuevo hogar en la España vaciada.

Han pasado semanas en la vivienda familiar de una de ellas, en el municipio toledano de La Puebla de Montalbán, y ahora regresan a Orduña, pero con la espada de Damocles del desahucio pendiendo sobre sus cabezas.

Una economía en punto crítico

El golpe más duro ha sido el financiero. Al llevarse a las ancianas al hospital por orden judicial, las monjas perdieron el ingreso de sus pensiones.

Además, les cortaron también los permisos para elaborar chocolates y magdalenas —su tradicional fuente de ingresos en Belorado— y cerraron el restaurante de clausura que regentaban en Arriondas (Asturias).

"Les cortaron la repostería, el restaurante de Arriondas también y creo que les queda algo del criadero de perros de Asturias. Tienen embargos, cuentas bloqueadas y juicios", señala Canals a este medio.

Y apunta a que ese hecho motivó "que tuvieran que ir a casa de un familiar porque no tenían ni dinero para alquilarse algo".

"Entonces se han visto obligadas a irse donde no querían ir, a Orduña, que ahí vivir les sale gratis, y van viviendo de favores de amigos, de vecinos, de donaciones", añade.

También existe una campaña de donaciones, en la web 'Salvemos a las Monjas', con 1.271 euros recaudados hasta el momento. "Pero les han cortado y boicoteado todo para que no puedan generar nada", resume el portavoz.

Canals asegura que "ahora mismo están en el punto más crítico económicamente". "Están viviendo gracias a donaciones, a la familia, a favores, porque ya les cortaron todo", insiste.

La solidaridad de los españoles ha respondido con numerosas ofertas: fincas rústicas en el norte, antiguas casas rurales, incluso propuestas de pueblos enteros en la España vaciada. Pero sin capital para reformas, traslados o depósitos, todo queda en papel mojado.

Viven de la generosidad de vecinos que les dejan comida, de amigos que pagan facturas puntuales y de donaciones anónimas que apenas cubren lo básico. En Orduña, el monasterio les permite ahorrar en alquiler, pero la incertidumbre erosiona la moral.

Una comunidad que resiste

Su historia es la de una comunidad centenaria —fundada en 1349— que decidió romper con Roma por discrepancias doctrinales profundas. Desde entonces, han vivido atrincheradas en Belorado, resistiendo excomuniones, comisarios pontificios y demandas.

La salida de marzo de 2026 no fue caótica pero el precio ha sido alto: dispersión temporal, pérdida de ingresos y un futuro incierto. Hoy, en Orduña, intentan recomponer la rutina.

Oran, cuidan el huerto si pueden, atienden el criadero de perros a distancia y responden a las ofertas de solidaridad.

"Queremos un convento. Queremos futuro. Queremos seguir", es su lema. Mientras los juzgados deciden sobre el desahucio de Orduña y Derio, ellas se aferran a su vocación: vivir en clausura, en comunidad, fieles a su interpretación de la tradición clarisa.

El caso trasciende lo judicial. Es un espejo de la España rural que se vacía, de conventos que cierran por falta de vocaciones y de un choque entre tradición y modernidad eclesial. Para las exmonjas de Belorado, cada día en Orduña es una victoria y una prueba.

Viven de favores y donaciones, pero sobre todo de una convicción que las mantiene unidas. "Son la selección española de las monjas", repite Canals. Sin dinero, pero con fe. Y, por ahora, con un techo que, saben, puede desaparecer en cualquier momento.