Marcos García, presidente de la Asociación de Personas Sordas Fray Pedro Ponce de León (I) y Luis Ballesteros, socio colaborador. Ical
La semilla de Fray Pedro Ponce de León para crear en un monasterio del siglo XVI en Burgos la lengua de signos
Fray Pedro Ponce de León desarrolló en el monasterio de Oña en el siglo XVI métodos pioneros para la educación de personas sordas.
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La villa burgalesa de Oña respira historia en cada una de sus esquinas. Entre sus calles y piedras se esconde, además, uno de los capítulos más singulares- y también más desconocido- de la historia de esta tierra, y que vincula precisamente a la provincia de Burgos con el origen de la lengua de signos.
Su precursor fue Fray Pedro Ponce de León, natural de Sahagún de Campos (León), aunque fue entre los muros del monasterio de Oña donde se sentaron las bases para un idioma que hoy utilizan miles de personas en todo el mundo y que cambió para siempre la vida de las personas sordas.
Los inicios se remontan a principios del siglo XVI, entre 1510 y 1513, fecha en la que se cree que nació Fray Pedro Ponce de León. No fue hasta 1536 cuando llegó al monasterio de Oña, y estando allí, el abad del monasterio le encomendó la tarea de cuidar de los hijos de los condestables de Castilla, Francisco y Pedro de Tobar, que eran sordos.
En aquel entonces, se creía que las personas que no podían oír, tampoco podían razonar, sin embargo, el monje benedictino se negó a seguir este patrón, y por ello, decidió trabajar con los niños para poder entenderlos y comunicarse con ellos.
Una tarea nada sencilla, pero en la que se volcó por completo. Fray Pedro Ponce de León se marcó como primer objetivo que los niños de la familia Velasco aprendiesen buenos modales y también pudiesen expresares con gestos, utilizando para ello un lenguaje de signos como el que utilizaban los monjes en los momentos de silencio más riguroso.
Asociación de Personas Sordas Fray Pedro Ponce de León. De izq. a dcha. Alba Martínez, mediadora comunicativa; Marcos García, presidente de la asociación; Luis Ballesteros, socio colaborador; Katia Tajadura, técnico de la asociación. Ical
La metodología de Fray Pedro consta de tres procesos. En primer lugar, se centró en la enseñanza de la escritura, que comenzaba aprendiendo a reconocer los objetos o conceptos representados mediante los signos gráficos.
Para ello, primero les enseñó a identificar y dibujar diferentes objetos y, posteriormente, a representar por escrito el nombre de cada uno de ellos. Esto les permitía relacionar el objeto con su representación gráfica y escrita.
En segundo lugar, practicó conjuntamente con ellos la lectura labial, enseñando a los alumnos a observar y retener los movimientos de la boca, para que así pudiesen aprender a reconocer las palabras a través de los labios.
Con estos ejercicios, el monje trató de establecer una relación entre la escritura y el habla, logrando que los niños asociasen la palabra a un gesto y un dibujo, y también aprendiesen a comprender la palabra hablada a través de observación de la articulación.
Su trabajo revolucionaría la comunicación de las personas, sin embargo, en los años posteriores a su muerte su labor quedó enterrada, e incluso otros acabaron llevándose el mérito. Hoy se sabe que fue Pedro Ponce de León quien demostró que las personas sordas podían aprender y comunicarse.
Oña recuerda con cariño y admiración su figura, y desde la oficina de turismo del pueblo se pone en valor ante cada visitante la encomiable labor que llevó a cabo.
Muchos no conocen la historia, aunque sí aquellas personas sordas que acuden al monasterio, y lo hacen con el objetivo de rendirle homenaje. “Entre la comunidad de personas sordas no hay ninguna discusión de que el monje sentó las bases de la lengua de signos”, aseguran desde Oña.
Sin embargo, Oña no es el único que rinde homenaje a su figura. En Burgos, la Asociación de Personas Sordas Fray Pedro Ponce de León, que el pasado año celebró su 75 aniversario, destaca el importante papel que tuvo este monje para las personas sordas.
“Su trabajo supuso un cambio de mentalidad: demostró que la sordera no impedía a una persona aprender, comunicarse y desarrollar sus capacidades”, afirma el presidente de la asociación, Marcos García.
En este sentido, explica que aunque no se puede decir que la lengua de signos española que se utiliza en la actualidad sea la que ideó Pedro Ponce de León, su trabajo sí ha tenido una notable importancia histórica.
“Utilizó signos y otros recursos para enseñar a las personas sordas y sentó un precedente en la educación y comunicación de las personas sordas”, añade.
La labor de Fray Pedro Ponce de León se conoce bien en la asociación, de hecho le rinden homenaje con su nombre y mantienen una fuerte vinculación con el pueblo de Oña.
La asociación visita cada año el municipio, y allí se celebra un acto que constituye una “reafirmación de la identidad colectiva de la comunidad sorda y del camino recorrido en defensa de sus derechos y de la lengua de signos como pilar de su cultura”.
Así lo destaca no solo Marcos García, sino también Luis Ballesteros, socio colaborador de la asociación y uno de sus miembros más antiguos. Junto a Katia Tajadura, técnico de la asociación-, son denominados como CODA (Children of Deaf Adults), hijos de padres sordos, que en ausencia de servicios profesionales de interpretación en lengua de signos, muchas veces asumieron ese papel de mediadores lingüísticos y culturales.
A ellos se une Alba Martínez, mediadora comunicativa, cuyo trabajo es fundamental para facilitar la comunicación y aportar una perspectiva cercana a la realidad de las personas sordas. A ellos se unen casi un centenar de socios que forman parte de esta asociación con más de 70 años a sus espaldas y que hoy siguen defendiendo los derechos de las personas sordas.
“Que la accesibilidad sea una realidad”
El próximo 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Lengua de Signos, y desde la asociación reconocen todos los cambios que ha habido a lo largo de estos siglos. “Hoy existe un mayor reconocimiento de la lengua de signos y las personas sordas tienen más derechos y recursos que hace décadas”, destaca García.
Sin embargo, no olvidan que aún queda mucho trabajo por hacer. Aún existen barreras para las personas sordas. “Falta de intérpretes, dificultades para acceder a la información, problemas en algunos servicios públicos y sanitarios y situaciones de aislamiento”, explican desde la asociación.
En este sentido, recuerdan que la accesibilidad “todavía no está garantizada en todos los ámbitos”, y piden que la Ley 27/2007, que reconoce las lenguas de signos españolas y el derecho a su aprendizaje conocimiento y uso, “no se quede solo en el papel”.
“Han pasado casi 20 años desde su aprobación y todavía encontramos situaciones en las que las personas sordas no pueden ejercer plenamente su derecho a comunicarse y acceder a la información en lengua de signos”.
Por ello, reclaman que la accesibilidad en lengua de signos “sea una realidad y no dependa de dónde vive una persona, del servicio al que tenga que acudir o de los recursos disponibles”.
“Queremos poder acceder a la sanidad, la educación, la administración, la cultura, el ocio y la información en igualdad de condiciones”, añaden.
Por eso, en esta fecha tan especial, desde la asociación piden a las instituciones que garanticen recursos y accesibilidad. “La inclusión no consiste solamente en reconocer derechos, sino en garantizar que puedan ejercerse en la vida diaria”, subrayan.
Mayor interés por la lengua de signos
Desde la asociación reconocen que en los últimos años se aprecia un incremento del interés de la sociedad por aprender lengua de signos y conocer mejor la realidad de las personas sordas, aunque queda trabajo por hacer y hay que seguir acercándola a la ciudadanía desde los colegios, las asociaciones, instituciones y actividades de sensibilización.
“Queremos que Burgos sea una ciudad cada vez más accesible y que las personas sordas puedan participar plenamente en la vida social, cultural y educativa de la ciudad”, sostienen.