Paisaje quemado en el Parque Natural del Valle de Iruelas arrasado por el incendio de Burgohondo (Ávila).

Paisaje quemado en el Parque Natural del Valle de Iruelas arrasado por el incendio de Burgohondo (Ávila). EFE/Raúl Sanchidrián.

Región

Satélites e inteligencia artificial para frenar los incendios antes de que ardan los montes de Castilla y León

El Centro Tecnológico CARTIF, ubicado en el Parque Tecnológico de Boecillo, trabaja en distintas soluciones digitales

Más información: Ávila prueba una plataforma que monitoriza toda la tecnología para prevenir y actuar contra incendios

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Castilla y León busca en la tecnología una nueva herramienta para adelantarse a los incendios forestales.

El objetivo es detectar antes las situaciones de riesgo, mejorar la planificación y ayudar a los equipos de emergencia a tomar decisiones más precisas ante unos fuegos cada vez más difíciles de controlar.

El Centro Tecnológico CARTIF, ubicado en el Parque Tecnológico de Boecillo, trabaja en distintas soluciones digitales que combinan inteligencia artificial, imágenes de satélite, sistemas de información geográfica y datos ambientales.

Herramientas que permiten conocer con mayor precisión qué está ocurriendo en los montes y anticipar cómo puede evolucionar una emergencia.

La necesidad es especialmente relevante en Castilla y León.

La Comunidad ocupa unos 94.000 kilómetros cuadrados y es la región más extensa de España, pero cuenta con una densidad de población muy inferior a la media nacional.

La despoblación y el abandono de determinadas zonas rurales favorecen el crecimiento de la vegetación y dificultan las labores de mantenimiento del territorio.

En este escenario, disponer de información actualizada puede marcar la diferencia. Un sensor, una imagen de satélite o un sistema de inteligencia artificial no apagan un incendio, pero sí pueden ayudar a identificar dónde existe un mayor riesgo y dónde es necesario actuar antes de que las llamas aparezcan.

Detectar el riesgo antes de que llegue el fuego

CARTIF desarrolla junto a Cesefor una infraestructura digital dentro del proyecto RetechFOR, impulsado por la Junta de Castilla y León y el Gobierno de Canarias y cofinanciado con fondos europeos Next Generation.

La herramienta permitirá visualizar el estado de los montes de forma actualizada y detectar situaciones que puedan incrementar el riesgo de incendio.

Un ejemplo sencillo es el de un cortafuegos. Si la vegetación ha vuelto a crecer y reduce su eficacia, el sistema podrá identificarlo y señalarlo como una zona prioritaria de intervención.

La tecnología permitirá así decidir dónde enviar antes a los equipos encargados del mantenimiento forestal.

El propósito es actuar cuando todavía existe margen de prevención, en lugar de esperar a que esa zona se convierta en un problema durante una emergencia.

La digitalización, explican desde CARTIF, no pretende sustituir a los profesionales que trabajan en la gestión forestal o en la extinción.

Su función es proporcionarles información para que puedan decidir con más rapidez y precisión.

El centro tecnológico ya había trabajado en esta línea dentro del proyecto europeo TREEADS, que contó con uno de sus pilotos en el Valle del Tiétar, en Ávila.

En aquella iniciativa se utilizaron técnicas de tratamiento y minería de datos e inteligencia artificial para combinar diferentes fuentes de información y mejorar la identificación del riesgo de incendio.

Un mismo mapa para anticipar

La tecnología también puede ser especialmente útil en las zonas fronterizas con Portugal. Salamanca y Zamora comparten una extensa frontera con un país en el que los incendios pueden obligar a coordinar medios, protocolos y responsables de dos Estados diferentes.

El proyecto europeo HARMONY trabaja precisamente en esa coordinación.

CARTIF desarrolla dentro de esta iniciativa una herramienta de planificación táctica que permite reunir en un mismo mapa información relevante para afrontar un incendio.

El sistema combina predicciones climáticas, información geográfica y modelos de inteligencia artificial.

De esta manera, los responsables de una emergencia pueden consultar, sobre el territorio, variables como la probabilidad de incendio o las condiciones meteorológicas previstas.

La herramienta está diseñada para ayudar en tres momentos: prevención, preparación y recuperación.

Uno de sus objetivos es anticipar si un incendio puede terminar convirtiéndose en un gran incendio. Los modelos permiten estudiar distintos escenarios y comprobar cómo determinadas decisiones pueden modificar su evolución.

Por ejemplo, se puede simular cómo cambiar la vegetación de una zona para dificultar que las llamas alcancen las copas de los árboles.

También es posible calcular la capacidad de respuesta disponible y estudiar las rutas más rápidas para que los medios terrestres lleguen hasta el fuego.

Menos biomasa para reducir el riesgo

La colaboración con Portugal tampoco es nueva para CARTIF. El centro participó en FIREPOCTEP, un proyecto centrado en reducir el riesgo de grandes incendios en las zonas fronterizas.

Una de las claves fue la identificación de Zonas Estratégicas de Gestión. En ellas se planteaba una planificación agrosilvopastoral del territorio, combinando agricultura, ganadería y gestión forestal para reducir la cantidad de biomasa inflamable.

La idea parte de una premisa sencilla: el territorio también puede convertirse en una herramienta de prevención.

Mantener determinadas áreas gestionadas puede dificultar la propagación de las llamas y reducir la posibilidad de que un incendio termine alcanzando grandes dimensiones.

Las herramientas digitales no son soluciones cerradas. CARTIF adapta cada proyecto a las necesidades de quienes tendrán que utilizarlo: administraciones, empresas, organismos públicos o equipos de emergencia.

La finalidad es que la tecnología termine convirtiéndose en una herramienta práctica sobre el terreno y no se quede únicamente en un proyecto de investigación.

Iván Ramos, director adjunto del área Ciudad, Territorio y Clima de CARTIF, advierte de que el escenario también está cambiando.

Las condiciones climáticas son cada vez más adversas para la extinción y la gestión forestal no ha aumentado al mismo ritmo que las necesidades.

En Castilla y León, ese cambio se suma a inviernos más suaves, veranos más largos y calurosos y una creciente despoblación de las áreas rurales.

Por eso, la prevención ya no pasa únicamente por disponer de más medios cuando aparece el fuego. También requiere saber dónde existe riesgo, cómo puede evolucionar y qué actuaciones pueden reducirlo antes de que comience la emergencia.

“O mejoramos la gestión de nuestro territorio y planificamos para lo que pueda ocurrir, o será casi imposible disponer de la capacidad para controlar incendios que cada vez son más devastadores”, resume Ramos.