El consejero de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, Alejandro Vázquez, en una imagen de archivo

El consejero de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, Alejandro Vázquez, en una imagen de archivo ICAL

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Alejandro Vázquez, el nefrólogo que inició su carrera en Ibiza y pilota el 43% del presupuesto de Castilla y León en Sanidad

El titular del departamento, en el cargo desde diciembre de 2021, tiene como prioridades pactar soluciones a la falta de profesionales sanitarios, reducir las listas de espera y garantizar la atención médica presencial en el medio rural.

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El pasado 11 de junio, Alfonso Fernández Mañueco pronunció su nombre y el rostro sereno de Alejandro Vázquez Ramos apenas se inmutó.

El presidente de la Junta de Castilla y León acababa de confirmar lo que ya era un secreto a voces: el burgalés repetía al frente de la Consejería de Sanidad, cargo que ostenta desde diciembre de 2021. Pero esta vez llegaba con una novedad de enorme calado.

La cartera ya no es solo Sanidad. Ahora se llama Sanidad y Bienestar Social. Vázquez hereda también la dependencia, los servicios sociales y las políticas de familia.

En un solo departamento concentra más de 6.500 millones de euros −5.500 de sanidad y el resto de asuntos sociales−, el 43% del presupuesto total de la Comunidad. Es, sin discusión, el 'superconsejero' del nuevo Ejecutivo de coalición entre PP y Vox.

El origen de un médico

Nacido en Burgos en 1963, Alejandro Vázquez Ramos se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid. Especialista en Nefrología, su primera etapa profesional transcurrió entre Castilla-La Mancha y las Islas Baleares.

En 1990 entró como funcionario de la Escala Superior de Sanitarios Locales en la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Ejerció como médico general en Valladolid y Talavera de la Reina.

Pero fue en Ibiza donde dio el salto a la gestión: entre 1995 y 2003 fue facultativo especialista de Nefrología en el Hospital Can Misses y, entre 2003 y 2007, director médico del Área de Salud de Ibiza y Formentera.

Aquellos años en el archipiélago le enseñaron a gestionar recursos escasos en un territorio fragmentado, una lección que años después aplicaría en la España interior más dispersa de Europa.

La llamada de la gestión

El regreso a Castilla y León fue natural. En 2008 asumió la subdirección médica del Complejo Asistencial de Zamora y poco después la dirección médica. En 2011 llegó al que sería uno de sus grandes escenarios: el Complejo Asistencial Universitario de Burgos (HUBU).

Como director médico hasta 2013 conoció de primera mano las fortalezas y las carencias del sistema sanitario autonómico: hospitales de referencia con tecnología punta conviviendo con consultorios rurales donde un solo facultativo atiende a decenas de pueblos.

En paralelo, Vázquez fue dando los primeros pasos en política. Desde la IX Legislatura fue procurador del Partido Popular en las Cortes de Castilla y León y portavoz de Sanidad del grupo.

Allí afinó el discurso y comprendió que las decisiones que se toman en un despacho ministerial tienen consecuencias directas en la vida de miles de pacientes.

El salto al Gobierno

El salto definitivo llegó en diciembre de 2021. En un momento convulso −tras la ruptura del pacto con Ciudadanos, el adelanto electoral y la salida de Verónica Casado−, Mañueco lo nombró consejero de Sanidad en funciones.

Muchos lo veían como una solución temporal. Se equivocaron. Vázquez demostró solvencia, conocimiento técnico y capacidad de diálogo con los profesionales.

En abril de 2022 fue confirmado en el cargo tras las elecciones y ahora, en junio de 2026, Mañueco le renueva la confianza y le entrega la cartera más grande del Gobierno autonómico.

Su estilo es el de un médico que gestiona: tranquilo pero firme, poco dado a la pirotecnia verbal, más pendiente de los datos que de los titulares.

Un legado de gestión

"El balance es positivo, aunque no soy autocomplaciente", aseguraba en 2024.

Y enumeró logros concretos: la reducción de la demora media en lista de espera quirúrgica, que llegó a rozar los 144 días al inicio de su mandato, la mejora del clima con los profesionales y un plan de fidelización que ha permitido retener y atraer médicos.

También la reacreditación del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca y el impulso al Plan Integral de Enfermedades Raras.

En tecnología sanitaria ha dejado huella: ha pasado de dos a cinco PET-TAC, ha incorporado secuenciadores masivos para diagnóstico clínico, ha instalado nuevos aceleradores lineales y ha puesto en marcha la primera unidad satélite de radioterapia en Ávila.

"Vamos dando pasos para que Castilla y León tenga una sanidad moderna", resumía.

Financiación y falta de profesionales

Pero los retos que heredó y que aún persisten son de envergadura estatal. La falta de especialistas, especialmente en Medicina de Familia, es "un problema de Estado", repite.

Castilla y León ha aumentado plazas MIR, ha aprobado un decreto para facilitar que los profesionales que llegan a los 65 años sigan voluntariamente, ha subido el presupuesto de formación de 75 a 120 millones de euros y ha abierto una nueva Facultad de Enfermería en Segovia.

Aun así, la escasez de profesionales lastra la Atención Primaria y obliga a esfuerzos constantes de autoconcierto y conciertos externos para mantener las listas de espera bajo control.

El otro gran desafío es estructural: el sistema de financiación autonómica no cubre el coste real de prestar servicios sanitarios en una comunidad tan extensa, envejecida y dispersa como Castilla y León.

"Si se quiere mantener una equidad entre todos los españoles habría que pagar el coste real", ha reclamado en múltiples ocasiones.

Salud y bienestar social

Ahora, con la fusión de Sanidad y Bienestar Social, Vázquez tiene una herramienta poderosa para atacar uno de los grandes problemas del futuro inmediato: la integración sociosanitaria.

En una comunidad donde la población envejece a ritmo acelerado, coordinar mejor la atención médica con los servicios de dependencia y los cuidados de larga duración puede marcar una diferencia real en la calidad de vida de miles de personas.

El 'superconsejero' lo sabe. Su experiencia como nefrólogo, una especialidad que exige seguimiento continuo y coordinación con otros niveles asistenciales, le da una perspectiva privilegiada para liderar esa integración.

En sus visitas a hospitales, como la reciente a la Unidad de Afrontamiento Activo del Dolor Crónico del Hospital de El Bierzo o la presentación del V Plan de Salud de Castilla y León 2032, se le ve en su elemento: recorriendo pasillos, hablando con profesionales y pacientes y, ante todo, escuchando.

Es el mismo hombre que un día operaba riñones en Ibiza o dirigía el HUBU y que ahora tiene bajo su responsabilidad el destino sanitario y social de 2,4 millones de castellanos y leoneses.

Curar el sistema entero

El peso es enorme y es que gestionar el 43% del presupuesto autonómico no es solo una cifra.

Es decidir cómo se atiende a un anciano en un pueblo de Soria, cómo se reduce la espera para una prótesis de cadera en León o cómo se coordina la atención de un paciente crónico complejo entre hospital, centro de salud y servicios sociales.

Vázquez lo afronta con la misma serenidad con la que afrontaba una guardia de nefrología: con datos en la mano, diálogo constante y la convicción de que la política, al final, también es una forma de curar.

En un momento en el que la sanidad española atraviesa una de sus mayores crisis de recursos humanos y en el que la despoblación y el envejecimiento dibujan un horizonte exigente para Castilla y León, Mañueco ha apostado por la continuidad y por la experiencia.

Alejandro Vázquez tiene ahora la oportunidad, y la responsabilidad, de demostrar que la unión de Sanidad y Bienestar Social no es solo un cambio de organigrama, sino el principio de una nueva forma de cuidar a las personas en la comunidad más extensa de España.

El tiempo dirá si el nefrólogo que un día salvaba riñones consigue ahora sanar un sistema entero. De momento, el presidente le ha entregado las llaves del mayor departamento de la Junta. Y él, con su habitual calma, las ha aceptado.