José Manuel junto a su familia, su mujer Carmen, y sus hijos Sofía y José Manuel durante un día de trashumancia.

José Manuel junto a su familia, su mujer Carmen, y sus hijos Sofía y José Manuel durante un día de trashumancia. David Bernal

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José Manuel, el pastor superviviente que cruza España con su familia y sus 1.700 ovejas durante 40 días y ahora es actor

El documental ‘Generación trashumante’ sigue durante cinco semanas a una de las últimas familias que aún cruza España a pie con su rebaño realizando la trashumancia. "Esto se va acabando poco a poco”, lamenta.

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Estamos en Huertas de Ánimas, pedanía de Trujillo (Cáceres). El pueblo entero sale a ver cómo Carmen, José Manuel y sus hijos (Cristina y José Manuel Jr.) vuelven a emprender camino por la Cañada Leonesa Occidental.

No es la primera vez. Vuelven los abrazos, los coches que pitan al paso del rebaño y los vecinos que se acercan para desear suerte antes de que las ovejas devoren kilómetros y las montañas de León.

No es una excursión ni un viaje de placer. Son cuarenta días andando, más de seiscientos kilómetros y 1.700 ovejas marcando el ritmo de una vida. Lo hacen como lo hicieron antes el padre y el abuelo de José Manuel. Una herencia recibida.

Ahora bien, lo hacen sabiendo que cada año quedan menos. Y lo hacen conscientes de que el futuro de esta tradición sigue siendo una incógnita.

Ese viaje es el corazón de Generación trashumante, el documental dirigido por Raúl González y producido por Basic Films que acompaña a una de las últimas familias trashumantes que todavía cruzan España a pie con su ganado.

Pero más allá del paisaje, de la épica del camino o de la belleza de las cañadas, la película pone el foco en algo más profundo, que es la intimidad de una familia que vive una de las profesiones más duras, la de pastoreo.

José Manuel tiene 46 años. Desde pequeño soñaba con llegar a Riaño (León) porque escuchaba a su padre y a su abuelo hablar de aquellas montañas como un lugar casi mítico.

José Manuel y su hija durante un día de rodaje

José Manuel y su hija durante un día de rodaje David Bernal

“Algunos me dicen que estoy loco y otros que tengo un par de huevos”, comenta entre risas mientras hace una pausa en mitad del trayecto para atender a EL ESPAÑOL Castilla y León.

La trashumancia, para él, es trabajo y una forma de entender la vida. Cada jornada comienza temprano, muchas veces antes del amanecer.

Desde las 7 de la mañana

Caminan desde las siete hasta media mañana, descansan, comen juntos y vuelven a retomar la marcha hasta que cae el sol. Duermen al raso o en refugios improvisados, igual que se hacía hace siglos.

“Hay días buenos y otros no tan buenos”, resume. Y en esa frase cabe todo: el cansancio, el calor, la lluvia, las ovejas enfermas, los trámites interminables, las carreteras, el miedo a que una tradición entera desaparezca.

Generación trashumante es un reportaje para reflexionar. José Manuel insiste en ello. “Se muestra todo: lo que hacemos, lo bueno y lo malo. No todo es bonito”, explica.

“La gente ve pasar las ovejas por el pueblo y piensa qué bonito, pero detrás hay mucha dureza”.

La dureza empieza mucho antes de echarse al camino. “Esto se va acabando poco a poco”, lamenta.

Las razones son muchas: la burocracia, la falta de ayudas suficientes, el abandono de las vías pecuarias y un oficio cada vez menos atractivo para los jóvenes. “Hay demasiados papeles, demasiadas trabas. Y luego económicamente también es complicado”.

Aun así, él sigue adelante. Y no lo hace solo.

En el documental aparece toda su familia. Carmen, los hijos, los abuelos, tíos y amigos forman una pequeña comunidad itinerante que convierte el viaje en algo colectivo.

“La familia sale toda”, cuenta orgulloso. “Tengo mucha suerte porque me acompaña mucha gente. Amigos, familia, gente del pueblo… incluso vienen a arroparme durante el recorrido”.

Eso fue precisamente lo que más impactó al director del documental. Raúl González, valenciano y acostumbrado a otros mundos audiovisuales muy distintos, descubrió durante el rodaje una realidad que desconocía casi por completo.

“Pensaba que iba a salir escandalizado y fue todo lo contrario”, reconoce. “Me encontré una familia maravillosa y una comunidad increíble”.

Lo que más le sorprendió no fue solo la relación entre los pastores y el ganado, sino el vínculo emocional que existe alrededor de la trashumancia. La salida del pueblo, explica, parecía una celebración colectiva.

“Yo pensaba que iba a ser algo íntimo, familiar. Pero no. Todo el pueblo sale a despedirles. Y luego durante el camino siempre aparece alguien.

Los vecinos se organizan, cogen el coche y se van a pasar un día andando con ellos. Es como visitar a alguien de tu familia”.

Ese sentimiento de pertenencia atraviesa toda la película. También la relación entre generaciones. En el documental aparecen José Manuel hijo y Cristina creciendo entre dos mundos, el de una tradición heredada y el de una sociedad que avanza en otra dirección.

La gran pregunta planea constantemente sobre el camino: ¿querrán continuar ellos algún día?

No hay respuesta cerrada y quizá ahí reside una de las mayores honestidades del documental.

La trashumancia no aparece como un cuento romántico condenado a sobrevivir eternamente, sino como una forma de vida real que necesita relevo para seguir existiendo.

Raúl González quiso alejarse deliberadamente del tono clásico de reportaje televisivo. No hay voz en off que explique al espectador qué debe sentir.

“Queríamos contar la historia sin forzarla”, explica el director. “Lo difícil era construir una narración solo con lo que iba ocurriendo delante de nosotros”.

Eso obligó al equipo a convivir con la familia durante semanas y a integrarse en el viaje. “Al final éramos uno más”, recuerda.

“Con José Manuel hablábamos de todo mientras caminábamos. Se nota cuando preguntas algo por curiosidad de verdad y no porque buscas una declaración”.

Proyección del documental Generación Trashumante en Trujillo

Proyección del documental Generación Trashumante en Trujillo David Bernal

Esa cercanía permitió capturar momentos pequeños, como una conversación junto al fuego, el cansancio reflejado en un gesto, el silencio del amanecer antes de volver a caminar.

Uno de los momentos más brillantes del documental es su banda sonora con la cantautora María José Llergo, que se incorpora a la ruta buscando algo difícil de encontrar en otros lugares: conexión, calma y autenticidad.

Su presencia sirve de puente entre el mundo rural y nuevas generaciones alejadas de esa realidad.

Allí se quedará todo el verano, en el lugar donde podrán pastar y pasar los meses más terribles de calor en Extremadura, donde sus ovejas no tienen qué beber ni qué comer.

Después volverán a finales de septiembre, por supuesto también a pie. Sánchez reconoce que las ovejas van a notar el cambio pero a mejor. “Allí van a estar muy bien, ya te lo digo yo”, responde con una tremenda simpatía y sinceridad.

La pasada semana se celebró el estreno en el estanque del parque San Lázaro de Trujillo que se quedó pequeño para acoger a tanta gente, y, sobre todo, tanto cariño.

Todo un baño de masas para la familia que se han convertido en unos grandes actores, aunque en este caso no han tenido que actuar, solo era cuestión de ser ellos mismos.

Música y Maxi

La otra es Maxi, un pastor alemán fascinado por la trashumancia española y por una forma de vida que en muchos lugares de Europa prácticamente ha desaparecido.

Ambos llegan como observadores, pero terminan transformados por la experiencia.

“La participación de María José Llergo ayudaba a acercar este mundo a gente que quizá nunca se habría interesado por él”, explica González. “Pero ella aceptó porque realmente le gusta este entorno. Hay una conexión emocional auténtica”.

La película incorpora la canción Rueda, rueda, compuesta por la artista junto a Carlos Rivera, como una prolongación emocional del viaje.

Sin embargo, por encima de cualquier cosa, el documental insiste constantemente en la dimensión humana de la trashumancia. En cómo el camino moldea a quienes lo recorren.

José Manuel aparenta dureza, pero quienes convivieron con él durante el rodaje descubrieron otra cosa. “Va de duro, pero tiene un corazón enorme”, dice Raúl González entre risas. “Es muy cabezón, eso sí”.

El director habla del proyecto con una mezcla de orgullo y responsabilidad. “Sentía que estaba grabando algo que puede desaparecer”, admite. “Y al mismo tiempo me sentía un privilegiado”.

Durante el rodaje coincidieron además con los incendios que arrasaron parte de los montes por donde había pasado el rebaño en 2025.

Aquello reforzó todavía más el mensaje de la película, es decir, que la ganadería extensiva y la trashumancia también cumplen una función ecológica clave.

“La gente piensa en incendios y piensa en hidroaviones o bomberos”, reflexiona González. “Pero no somos conscientes de que durante siglos hubo montes y no existían incendios así. Las ovejas limpian el monte, mantienen vivos los caminos y ayudan a conservar el paisaje”.

Esa idea recorre el documental sin necesidad de grandes discursos. Basta ver avanzar lentamente al rebaño entre encinas, caminos de tierra y montañas para entender que allí hay algo más que ganado.

Al final del viaje, algo cambia en todos. En quienes caminan y en quienes observan.

José Manuel volverá a Extremadura con el cansancio acumulado y con la satisfacción de haber completado otra vez una ruta que muchos consideran imposible. Pero también con la incertidumbre intacta sobre el futuro.

Mientras tanto, en Huertas de Ánimas, el pueblo sigue esperando cada año el mismo momento: ver salir a las ovejas y despedir a una familia que todavía mantiene viva una tradición de más de cinco siglos.