Adolfo del Caño con alguno de sus trabajos.

Adolfo del Caño con alguno de sus trabajos. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Adolfo, de un especial viaje a tener 100 m² de Egipto en casa: “Es mi pasión, pero tengo a mi mujer e hijo hasta la coronilla”

Una escapada con su mujer le llevó a escribir un libro sobre el país y a elaborar piezas de valor incalculable y maquetas que llegan a pesar 120 kilos.

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Adolfo del Caño es un hombre que nació en la localidad vallisoletana de Villamarciel. Tiene 70 años y un viaje, junto a su mujer, allá por el año 1999, le marcó para siempre y de él no se va a olvidar jamás.

El destino: Egipto. Tras esto escribió un libro centrado en el país y comenzó a elaborar figuras y maquetas, de hasta 120 kilos de peso, que guarda en un espacio de 100 metros cuadrados en su casa.

“Es mi pasión, pero tengo a mi mujer y a mi hijo hasta la coronilla de Egipto”, señala el vallisoletano.

Cuenta a EL ESPAÑOL de Castilla y León lo que hace y cómo lo hace con el sueño de que sus trabajos consigan ser vistos por el máximo número de personas posible.

Una de las maquetas de Adolfo del Caño.

Una de las maquetas de Adolfo del Caño. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

La vida de Adolfo

Soy el tercer hijo de una familia humilde. Mi madre fue labradora y mi padre guarnicionero. Soy una persona de ideas fijas. Perseverante, creativo, ordenado, cariñoso y temperamental, si se da el caso”, asegura a este periódico Adolfo del Caño.

Nuestro protagonista tiene 70 años. Cuenta con Bachillerato y es mecánico de automóviles. Nació en Villamarciel, en la provincia de Valladolid, y con dos años, junto a sus padres y hermanos, se marcharon a vivir a la ciudad del Pisuerga, en concreto al barrio de San Pedro Regalado.

“Recuerdo que en mi infancia tenía una gran falta de todo, pero nuestros padres siempre se las apañaban. Mi niñez no la recuerdo con traumas. A los 12 años me internaron en un seminario en Dueñas y nunca tuve claro lo que ser de mayor”, explica nuestro entrevistado.

Realizó sus estudios primarios en la escuela de San Pedro Regalado (Costanza Martín) y más tarde completó el Bachillerato para acabar Cuarto y Reválida en el Seminario de Dueñas.

Con 16 años comencé a trabajar en una tienda de recambios para automóvil. Con 19 hice el servicio militar y me alisté en el Primer Tercio de La Legión en Melilla. Con 21 monté, junto a mis hermanos, un taller multimarca de automóviles”, explica.

Todo, hablando de su vida.

Adolfo del Caño trabajando con sus piezas dedicadas a Egipto.

Adolfo del Caño trabajando con sus piezas dedicadas a Egipto. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Su viaje a Egipto y el comienzo de todo

Realicé un viaje a Egipto, junto a mi mujer, en el año 1999. Fueron 11 días y, en un principio, no hubo nada especial. Es cierto que era nuestro primer viaje al extranjero, hicimos muchas amistades y escribí un diario. Nos llamó mucho la atención la majestuosidad de las construcciones, todo”, afirma.

Fue años después, sin nada planeado, y cuando trabajaba como mecánico de automóviles, cuando a raíz de dicho viaje, nuestro entrevistado escribió un libro titulado: ‘Egipto ¡Se acabó el misterio!’.

“Después, comencé a hacer un obelisco y cuatro cosillas de madera para apoyar mis presentaciones del libro. Poco a poco, hacía mis maquetas, pirámides, templos, barcos y así hasta ahora. Cuando quise darme cuenta, ya tenía la parte de debajo de mi casa llena de representaciones de todo tipo”, señala.

Adolfo del Caño afirma, de forma sabia, que las cosas “comienzan sin esperarlo y finalmente se convierten en una pasión”.

Egipto en casa

Con el tiempo voy cambiando. A veces me da por aprovechar maderas de desecho y hago barcos. Otras busco piedras e imito una cantera y diseño un artilugio para elevar los bloques. Hago pequeños carros de guerra hititas o egipcios. Todo con cientos de detalles”, añade.

Cuando le preguntamos sobre cómo hace sus piezas afirma que a veces piensa que en otra vida anterior formó parte de “algún equipo de trabajadores en la Gran Pirámide”. Se imagina cómo hicieron esas grandes construcciones y consigue completar una maqueta que le convence o no. Todo está en el “prueba error”.

Ahora tendré unas 40 maquetas de todos los tamaños. Algunas figuras de pocos gramos y grandes mesas de territorio que pesarán unos 120 kilos cada una”, nos explica.

Un hombre que tiene a Egipto en casa, concretamente en su domicilio del barrio de Pajarillos, donde vive.

En unos 100 metros cuadrados

“Por suerte tengo un amplio local en la parte inferior de mi casa y la exposición la tengo un tanto apiñada en unos 100 metros cuadrados. Bien colocadita y espaciada llenaría una sala de 300 metros”, explica.

Otro de los trabajos de Adolfo del Caño dentro de su gran exposición.

Otro de los trabajos de Adolfo del Caño dentro de su gran exposición. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Son muchas las personas que han visto esta espectacular muestra y asegura que “no le importaría” que la gente pudiera ver esta pequeña muestra del país de los faraones sin salir de Valladolid, aunque “sin ayuda de las administraciones lo ve complicado”.

“Es mi pasión, pero tengo a mi mujer y a mi hijo hasta la coronilla de Egipto. Pero ellos me entienden y saben que disfruto haciéndolo”, añade.

Su creatividad, en la actualidad, está a la espera porque señala que “después de 27 años creando escenas, no tiene sentido que nadie las pueda valorar”.

Una gran exposición

“El futuro lo veo bien siempre y cuando a alguien le interese hacer una gran exposición con mis piezas. Sé que eso cuesta mucho dinero y que puede que mis trabajos no tengan el valor cultural y divulgativo que yo les doy, pero no pierdo la esperanza”, añade.

El vallisoletano quiere “encontrar a alguien que le encante la egiptología” con el fin de que vea sus trabajos y los someta a estudio con el fin de “poder llevar el proyecto a una gran sala”.

Ojalá que lo consiga porque su trabajo bien lo merece.