Una jornada electoral en Valladolid

Una jornada electoral en Valladolid Miriam Chacón ICAL

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Los nueve partidos que dominan el mapa de Castilla y León: la odisea de llegar a todas las provincias antes del 15-M

Las formaciones políticas y coaliciones deben cumplir una serie de requisitos para presentar sus listas que son de fácil alcance para las mayoritarias pero una auténtica hazaña para las más pequeñas.

Más información: Castilla y León elige entre 25 partidos el 15-M: de Falange a los restos de Ciudadanos o Escaños en Blanco

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A solo dos semanas de las elecciones autonómicas del 15 de marzo, Castilla y León ya ha dictado sentencia en las candidaturas. De las 26 formaciones que compiten, solo nueve han conquistado el mapa completo. Se trata de partidos y coaliciones que han culminado una tarea mayúscula al lograr presentar listas válidas en las nueve provincias de una Comunidad inmensa, despoblada y llena de recovecos.

Un objetivo que tan solo han alcanzado el Partido Popular (PP), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Vox, la coalición Podemos-Alianza Verde, la coalición Izquierda Unida-Movimiento Sumar-Verdes Equo (En Común), Se Acabó la Fiesta (SALF), el Partido Animalista con el Medio Ambiente (Pacma), el Partido Castellano-Tierra Comunera (PCAS-TC) y Escaños en Blanco.

En una comunidad que abarca más de 94.000 kilómetros cuadrados y donde la población se diluye en cientos de pueblos pequeños y comarcas aisladas, el logro de estas formaciones no se limita a un mero trámite administrativo y es una demostración de músculo organizativo, recursos y tenacidad que separa a los que realmente juegan en serio de los que se quedan en el intento.

Un campo de batalla provincial

El sistema electoral autonómico convierte cada provincia en un campo de batalla independiente. Valladolid reparte 15 procuradores, León 13, Burgos 11, Salamanca 10; Ávila, Palencia, Segovia y Zamora otorgan 7 cada una, y Soria cierra con solo 5. Para entrar en el reparto de escaños por la Ley D’Hondt, cualquier formación necesita superar el 3% de los votos válidos en esa circunscripción concreta.

Pero antes de soñar con procuradores hay que superar el filtro previo y presentar en cada provincia una lista ordenada con suficientes titulares y suplentes, cumplir con la reciente imposición de las listas cremallera entre hombre y mujer, adjuntar las aceptaciones firmadas de cada candidato con copia del DNI y designar un administrador electoral provincial. Las juntas electorales provinciales revisan cada detalle y rechazan sin contemplaciones cualquier error formal. El calendario no da respiro.

La convocatoria se publicó el pasado 20 de enero. Los partidos tuvieron que nombrar un representante general ante la Junta Electoral de Castilla y León antes del 28 de enero, y el plazo para entregar candidaturas se abrió del 4 al 9 de febrero. Las proclamaciones definitivas se publicaron el 17 de febrero en el Boletín Oficial de Castilla y León, dejando apenas diez días para preparar el arranque de campaña, este viernes, 27 de febrero.

En ese margen tan estrecho, coordinar nueve listas perfectas exige una maquinaria que funcione a la perfección, especialmente en las provincias más despobladas donde convencer a alguien para figurar en posiciones bajas, con casi cero opciones reales de salir elegido, se convierte en una tarea de persuasión casi diaria.

La ventaja de los mayoritarios

Los partidos con estructura consolidada y que ya cuentan con grupo parlamentario en las Cortes, PP, PSOE y Vox parten con una ventaja evidente. Estas tres formaciones disponen de sedes provinciales activas, concejales, militantes y una red de contactos que permite confirmar nombres y ajustar la paridad en cuestión de horas. Para el resto, el camino ha sido mucho más áspero.

Las dos coaliciones de izquierda Podemos-Alianza Verde, con Miguel Ángel Andrés Llamas por Valladolid, y En Común (IU-Sumar-Verdes Equo) han tenido que negociar cuotas internas de puestos por provincia y movilizar simpatizantes en entornos donde figurar en una lista minoritaria puede generar reticencias sociales.

Se Acabó la Fiesta (SALF), la formación de Alvise Pérez, ha aprovechado su viralidad en redes para reclutar a toda velocidad, incorporando incluso a exmiembros de otras siglas, como exprocuradores de Vox. Pacma, por su parte, tejiendo una red de activistas en granjas, protectoras y zonas de caza y su constancia les permite cubrir el mapa pese a presupuestos modestos.

El Partido Castellano-Tierra Comunera (PCAS-TC), con Luis Antonio Marcos Naveira como figura principal, aprovecha su arraigo rural y Escaños en Blanco ofrece el caso más singular ya que sus candidatos aceptan figurar sabiendo que, si ganan, renunciarán al acta para dejar el escaño vacío como protesta simbólica.

Convencer a personas con ese perfil de hartazgo radical y cero ambición personal requiere un mensaje muy concreto, pero lo han logrado en las nueve provincias. Aunque no hay fianza económica en estas autonómicas, el coste real es altísimo en tiempo, kilómetros recorridos y esfuerzo humano. Cada lista exige coordinadores provinciales, digitalización de documentos y ajustes constantes para cumplir la normativa.

Los pequeños, en dificultad

Un caso que ejemplifica bien la dificultad de configurar listas es el del Partido Demócrata Social Jubilados por Europa (Pdsje). Esta formación minoritaria que basa su programa en la defensa de las personas mayores y vulnerables consiguió que su lista por la provincia de Ávila fuese publicada en las listas provisionales pero, en cambio, no fue proclamada en las listas definitivas.

Los que iban a ser número uno y tres de la candidatura, Luis Miguel Sáenz y José María Martín, aseguran a EL ESPAÑOL de Castilla y León que el motivo de su exclusión fue el hecho de que "se cayeron dos suplentes", al encontrarse empadronadas en Madrid y no en la provincia abulense. Un ejemplo ilustrativo de que los partidos pequeños no lo tienen fácil a la hora de configurar sus listas electorales.

Además, en provincias como Soria o Zamora, donde el censo es bajo y las distancias enormes, encontrar voluntarios para posiciones bajas, y a menudo estigmatizadas en pueblos pequeños, resulta especialmente duro. Los grandes partidos cubren gastos con presupuestos institucionales; los pequeños dependen de cuotas, donaciones pequeñas y mucho trabajo voluntario.

Estar en las nueve provincias importa porque asegura visibilidad total en una comunidad donde el voto rural pesa de forma desproporcionada: Soria, Zamora y Ávila suman 19 procuradores pese a representar solo alrededor del 12% de la población. Un partido ausente en una papeleta provincial desaparece para esos electores.

Un signo de fuerza

Además, solo los partidos que cubren todo el territorio pueden aspirar a sumar fuerza global y negociar en unas Cortes de Castilla y León fragmentadas.

Las encuestas sitúan al PP y al PSOE con en torno al 30-35% de los votos, a Vox entre el 15 y el 20% y el resto repartido entre formaciones provinciales y minoritarias. Con la campaña ya en marcha, los nueve 'completos' inician quince días de actos intensos por carreteras secundarias y pueblos remotos.

Mañueco defenderá su gestión, Martínez reclamará apoyo al cambio, Pollán endurecerá el discurso, las izquierdas pondrán el acento en la ecología y la justicia social, SALF en la lucha anticorrupción, Pacma en los derechos animales, PCAS-TC en la identidad castellana y Escaños en Blanco en su protesta simbólica. Pero antes de cualquier promesa, ya han superado la prueba más dura: conquistar el mapa administrativo entero.

En Castilla y León, presentar lista en las nueve provincias no es solo burocracia. Es la prueba de que una formación tiene estructura suficiente para llegar hasta el último rincón de una comunidad vasta y despoblada, donde la política se construye en contactos personales, Excel compartidos a medianoche y determinación inquebrantable. Solo nueve han llegado hasta aquí.

El próximo 15 de marzo, cuando los electores abran la papeleta, verán nueve opciones que cubren todo el territorio. Detrás de cada una hay una historia de esfuerzo silencioso que explica por qué, en esta tierra de largas distancias y comarcas despobladas, llegar a todas partes ya es, en sí misma, una victoria.