Santiago Hernández de la Fuente (23 años, estudiante de máster) y Manuel Martinez Redondo (52 años, autónomo), posan en la Plaza Mayor de Valladolid

Santiago Hernández de la Fuente (23 años, estudiante de máster) y Manuel Martinez Redondo (52 años, autónomo), posan en la Plaza Mayor de Valladolid JIF

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Los 'no candidatos' de Escaños en Blanco a las elecciones del 15-M: "Evitamos que un político cobre sueldo y dádivas"

El hartazgo ciudadano se refleja en este partido político que se presenta en las nueve provincias de Castilla y León con la idea de rechazar el acta de procurador si salen elegidos: "No buscamos gobernar, sino hackear el sistema desde dentro de la legalidad".

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El hastío ciudadano con la política suele manifestarse en quejas de bar o ahora en redes sociales. “Echaba a todos”, "no se merecen lo que ganan" es alguna de las frases más empleadas. A la hora de votar esto se puede resumir con el clásico voto en blanco, un sobre vacío, una papeleta tachada o, simplemente, la decisión de no acudir al colegio electoral.

Sin embargo, para Santiago Hernández de la Fuente (23 años, estudiante de máster) y Manuel Martínez Redondo (52 años, autónomo), estas opciones son "invisibles" para el sistema y no son suficientes para explicar la situación de unos votantes que “han dicho basta” porque están “hartos” de todos los políticos.

Ellos representan a Escaños en Blanco, una formación que no busca gobernar, sino "hackear" el sistema desde dentro de la legalidad.

En este caso no podemos hablar de candidatos, ya que son todo lo contrario, son “los no candidatos”, ya que su elección significaría que no aceptaran ser procuradores en las Cortes de Castilla y León.

Por primera vez, la joven formación se presenta en las nueve provincias de la comunidad, solo nueve partidos lo hacen, para las elecciones autonómicas del 15 de marzo. Su propuesta es tan radical como sencilla: si salen elegidos, no tomarán posesión, dejando el asiento vacío y ahorrando su sueldo a las arcas públicas.

Escaños en Blanco nació en 2010 en Cataluña y, desde entonces, ha mantenido su compromiso de disolverse el día en que la ley electoral reconozca el derecho a dejar asientos vacíos mediante el voto en blanco.

La candidatura es un reflejo de la sociedad civil. Hay desde un joven salmantino, número 1 en la lista de su provincia, preocupado por el futuro de la vivienda hasta un autónomo vallisoletano (número 1 por Ávila) que vive en primera persona la presión fiscal. "Confluimos en diferentes ideologías", explica Santiago.

"No somos un partido al uso con un programa sectorial; somos una herramienta para que el descontento tenga efectos mecánicos", apunta Manuel.

El perfil de sus integrantes rompe el mito del "antisistema" clásico. Se definen como ciudadanos motivados que han encontrado una brecha en la LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General). Su argumento es directo y claro, y es que si la ley permitiera que el voto en blanco se tradujera en asientos vacíos, ellos no tendrían razón de existir.

A diferencia de otros partidos, Escaños en Blanco tiene un solo punto programático que nunca han incumplido en las 14 concejalías que ya han dejado vacías en España:

Los candidatos elegidos no juran ni prometen el cargo. Al no tomar posesión, el asiento queda físicamente vacío durante toda la legislatura. Al no haber representante, no hay sueldo, ni dietas, ni asesores, ni subvenciones por ese escaño. El dinero se queda en el presupuesto público sin gastar.

"Si tú no juras el cargo, no tienes derecho al cobro de nada. Es un tirón de orejas real, no solo estadístico", afirma Manuel, que tiene claro que "si conseguimos un escaño, seguramente cambien las leyes para que no podamos volver a hacerlo. Y ese sería el mayor éxito: demostrar que les hacemos daño donde les duele".

Políticas en CyL

El desembarco de Escaños en Blanco en las nueve provincias de la Comunidad no es casualidad. Se produce en un momento en que la comunidad atraviesa una "tormenta perfecta" de desafección.

Tras décadas de políticas que no han logrado frenar la sangría demográfica ni el éxodo de los jóvenes, el sector primario, motor de la región, “ha dicho basta”, en su opinión.

"Nos ponen autobuses gratis para frenar la despoblación, pero no hay medidas estructurales. Los políticos rompen pactos para forzar elecciones y nos vuelven a costar dinero", denuncian los candidatos, señalando que el hastío ya no es apatía, sino una indignación total.

Muchos votantes confunden el voto en blanco tradicional con esta propuesta. La diferencia es fundamental para el reparto de poder. En su opinión, el voto en blanco: “Se suma al total de votos válidos. En circunscripciones pequeñas, puede elevar el umbral mínimo (3%) y perjudicar a partidos minoritarios”.

La abstención es ignorada por el sistema. “El hemiciclo se llena igual y los políticos cobran lo mismo”. Mientras que votando el próximo 15 a su opción, “Si logran los votos suficientes, restan un asiento a los políticos. El hemiciclo se vacía proporcionalmente al descontento”, argumentan ambos.

El boom de los Streamers

La formación reconoce que este año juegan con ventaja gracias a la visibilidad en redes sociales. Mencionan apoyos de figuras como Juan Soto Ivars, que han "catapultado" su mensaje entre los más jóvenes y los sectores más críticos con la polarización actual.

A pesar de contar con un presupuesto minúsculo, apenas 3.000 euros anuales provenientes de afiliados y donaciones, han logrado completar las listas en toda la comunidad, superando obstáculos como la recogida de avales.

Ante la crítica de que "los problemas se arreglan desde dentro", Santiago y Manuel son tajantes. Consideran que los partidos tradicionales se han convertido en órganos del Estado y no de la sociedad civil.

"Llevamos 30 años con los mismos problemas en Castilla y León: despoblación y crisis agraria. Los políticos rompen pactos y repiten elecciones que nos cuestan dinero. Nuestra labor es demostrar que una parte de la población no les otorga su consentimiento", concluyen.

Sus votantes

Lo que más sorprende de esta formación es la transversalidad de su base. Lejos de responder a un perfil ideológico concreto, en sus asambleas conviven desde estudiantes de 20 años hasta jubilados, pasando por autónomos y funcionarios.

Para ellos, Escaños en Blanco es un voto de "conciencia", no de castigo ciego. Su votante potencial es aquel que, sintiéndose de derechas o de izquierdas, decide retirar el apoyo a su partido tradicional sin "traicionar" sus principios ni regalar su voto a la oposición.

"Es un voto inteligente porque requiere entender que, tal como está montada la ley, tu silencio en las urnas hoy solo beneficia a los grandes", explica Santiago, que defiende que "ojalá no existiéramos, porque eso significaría que todo funciona bien, pero no es así".

Al final, proponen un refugio para el voto útil del descontento: ciudadanos que prefieren un asiento vacío a un representante que perciben como desconectado de la realidad de los campos y las ciudades de Castilla y León.

El próximo 15 de marzo, los ciudadanos de Castilla y León tendrán en sus manos una papeleta que, paradójicamente, promete silencio en las instituciones.

Para Escaños en Blanco, ese silencio es el grito más fuerte que la democracia puede dar hoy en día. Su mensaje a los electores de Castilla y León es una invitación a romper con lo que ellos llaman la "complicidad" del voto tradicional: "Si sigues votando lo mismo, estás dando tu consentimiento a un sistema que ya te ha fallado".