Castilla y León

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De profesión, Hombre de Musgo en Béjar

23 junio, 2019 18:08

Cuenta la leyenda que, allá por el siglo XII, los bejaranos libraron a su ciudad de la ocupación emboscando a los musulmanes camuflados con el musgo de la montaña. Hoy, en el día del Corpus, la ciudad textil rememora aquel hito con el recuerdo de aquellos hombres. Bajo trajes de unos 15 kilos de peso, que dificultan sobremanera la movilidad, seis bejaranos y bejaranas henchidos de orgullo.

Vanesa Barrios tiene 29 años. Lleva siete esperando vestirse, un sueño que sus dos abuelos, “ya en el cielo” no pudieron cumplir y eso le hace sentir un “orgullo tremendo”. Sigue los pasos de su madre. Como de familia le viene a Javier Tejeda, de 32 años, y a Pablo Hernández, de 27. El padre de Javier apuntó a sus hijos y a los hijos de sus amigos y, poco a poco, han ido saliendo todos. Lo llevan con cierta “angustia” y “presión”, pero con mucha “ilusión”.

Cuestión de familia también es para José Antonio Heras, de 50 años, y Rosario Heras, de 45. Son hermanos y llevan ocho esperando poder cumplir juntos este sueño. Ya lo han conseguido. Desfilarán junto al último valiente, Eduardo Sánchez, de 46 años, el primero en vestirse. Aguantando estoicamente enfundado en el traje desde poco más de las 9:00 horas. Quería salir con su hijo cuando hizo la comunión, aunque al final ha habido tres años de desfase. La lista de espera es larga.

Como buenos hombres, aunque de musgo, se visten por los pies. Tres operarios municipales, Alejandro Romero, Julián García y Remigio Barrios, se afanan en envolver con esta planta cada centímetro de sus cuerpos, bien ataviados, eso sí, con un mono de trabajo y una gorra. Con los brazos estirados y los andares "de un pingüino" el día será largo. Además, mazo en un brazo y 'escafandra sobre la cabeza'. Si alguna rama sobresale se le cortan las puntas y listo.

El traje pesa entre doce y quince quilos e impide casi al completo la movilidad. Uno de los mayores enemigos, según sus testimonios, es el sol. Y esta mañana de domingo le ha pegado bien en Béjar. La brisa serrana ha sido un alivio intermitente para los vecinos, pero apenas ha servido a los Hombres de Musgo con semejante armadura. Agua ingerida, no demasiada para evitar otras necesidades, y, sobre todo, agua 'de riego', para estar fresquitos. Al paso de la banda, el camino será largo.