Región

Serrat, un 'Mediterráneo' de emoción y recuerdos

1 mayo, 2018 02:03

Para la libertad sangro, lucho, pervivo./ Para la libertad, mis ojos y mis manos, / como un árbol carnal, generoso y cautivo,/ doy a los cirujanos». Joan Manuel Serrat cumplirá 50 años desde que publicó 'Mediterráneo', se editó en 1971, mejor "se cumplen 47 años ya. Algunas voces me aconsejaban que esperara a los 50, pero… ¡para esperar estoy yo! Así que he preferido ser prudente y anticipar los acontecimientos", explicó a un entregado auditorio en Salamanca. Fue esta noche fría y lluviosa de finales de abril. Domingo y puente, cuando Serrat subió al escenario del Multiusos Sánchez Paraíso para presentar su gira Mediterráneo da capo.

Casi parece que fue ayer cuando el ‘noi del Poble Sec’ entonaba Mediterráneo, Barquito de papel o Pueblo Blanco, son canciones por las que parece que no pasa el tiempo. El público salmantino, fiel siempre a El Nano -dice Sabina- aplaudía cada estrofa, rememorando vivencias. Serrat cantaba con la rabia debida para marcarse un vals con Tío Alberto e iniciar su recorrido romántico con La mujer que yo quiero y Lucía. Un rincón apartado para Aquellas pequeñas cosas y regresa a Mediterráneo para concluiar la primera parte.

Serrat se presentó, en esta ocasión, con un sexteto liderado a izquierda por Ricard Miralles (piano) -su alma gemela- y a derecha por Josep Mas Kitflus (teclados). Lo completan David Palau (guitarra), Vicente Climent (batería), Tomás Merlo (bajo) y Uxia Amargós (viola). Cada uno en una autonomía ideada y fundida, con espacio para el lucimiento individual y una delicadeza extrema a la hora de acompañar el liderazgo de Serrat, como bien recordaba el compañero de localidad, el compositor y cantante Juan Mari Montes.

Recuerdos

En junio de 1981 asistí por primera vez a un recital de Serrat, que reaparecía en Madrid después de una larga ausencia, en la noche de San Juan -no podía faltar esta noche, también, Fiesta, como una noche de San Juan-. Las entradas agotadas con antelación y los recitales de prórroga también. Aquella noche fue mágica para mí -cuando se tienen ansias de libertad todas las noches son mágicas-. Han pasado 37 años y sigo sintiendo la misma emoción cada vez que veo a este ‘ruiseñor’ encima de un escenario. Para todos aquellos que nacimos en los sesenta las canciones de Serrat han sido algo así como nuestro ‘libro de estilo’. Es cierto que para los más ‘encendidos’ de aquellos tiempos sus textos resultaban poco ‘revolucionarios’ si se comparaban con los de Raimon o Lluis Llach pero, ¿qué importa eso cuando te ayudan a soñar?

Por la mañana rocío/ al mediodía calor... Así empieza Serrat  sus conciertos. Luego dice que, por la noche, conviene saber con quién te acuestas, o al menos cual es su nombre. Pero nosotros lo sabemos de sobra. Su nombre es Joan Manuel, “nació en España/ su casa era de barro/ de barro y caña». Y él, Serrat, es el mismo de siempre, el que alentó nuestros sueños en la primera juventud, cuando ella era menuda como un soplo y le gustaba andar por las ramas; el que marcó nuestro destino con sus Palabras de amor, sencillas y tiernas; el que se puso detrás de los cristales para decirnos que llovía “sobre los chopos medio deshojados/ sobre los pardos tejados»; el que ha ido poniendo las hojas de la vida sobre un suelo que, poco a poco, se va vistiendo de otoño...

Un otoño digno y elegante; un otoño fructífero, porque ninguna pulmonía le ha podido matar, como a Don Guido, sino que, como Miguel Hernández, es un árbol que retoña y aún tiene la vida. Con independencia de los caprichos del azar, él sigue jugando en tu playa. No logra hacer otra cosa que pensar en ti, que es la canción, que es la música, que eres tú, que soy yo, que somos todos nosotros, los que habitamos los espacios definidos por el sueño, por la libertad, por Machado, por Hernández...

Siempre lúcido y guasón, alegre y coherente, siguió su embrujo con Algo personal, recordó los Cantares de Machado -en un éxtasis de comunión con el público- y trajo a Miguel Hernández en Para la libertad -el himno, mi himno en días poco felices allá por donde se habla el catalán- y Menos tu vientre. Entonó el Romance de Curro el Palmo, y nos despidió con la esperanza de que Hoy puede ser un gran día tras pasar una inmensa Fiesta.

El vacío de esta sociedad requiere parar el tiempo, detener la caída de hojas del calendario y recapitular quién es cada uno en esta pequeña parcela que nos ha tocado cultivar, como esa Penélope que teje y desteje a la espera de que un soplo lleve nuestra existencia. "Para esperar estoy yo", remarca Serrat.

Recapitulo la primera incursión en la música de Serrat gracias a esa poesía llena de sentimientos, dolor y dulzura de Miguel Hernández, Nanas de la cebolla. Como una flecha en los ímpetus juveniles, penetró la música sosegada, la tragedia de un niño que comenzaba a vivir y comenzaba a morir.

Desde ese momento inicial, allá por mediados de los 70, Serrat fue un espejo en que se reflejaba la lucha, la realidad y el sentimiento que venían también de la mano de Paco Ibáñez que como a escondidas llegaba del Olimpia parisino; Pablo Guerrero cuando llovía a cántaros; Aute que cantaba al alba; Víctor con su carga revolucionaria entre minas y curas de aldea y un primerizo Sabina, envuelto en jeringuillas, putas y manos sueltas en el Carretas. Joan Manuel, en su nueva incursión salmantina, trajo Esas pequeñas cosas, como el recuerdo, las ansias de libertad y la fe en nuestros mayores, cachis!