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La otra procesión: además de parecerlo, hay que serlo

28 marzo, 2018 08:51

Martes Santo. Se acercan los días centrales de la Pasión de Jesucristo, esos en los que abundan las películas de romanos en todas las cadenas de televisión. Y aludiendo a la tradición, según cuenta Plutarco en sus ‘Vidas paralelas’, un patricio romano estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César, llegando a colarse en una fiesta, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado. César reprobó a su esposa, pese a que no le había sido infiel, porque no basta que la mujer del César sea honesta, también tiene que parecerlo. En la Semana Santa de Salamanca hay algunos aspectos que, además de parecerlo, deben serlo.

Ser correcta era lo mínimo que se pedía a la guía editada por la Junta de Semana Santa para los miles de turistas que estos días abarrotan los hoteles y casas de alquiler de la capital del Tormes. Pero los 20.000 ejemplares editados contenían errores de parvulario, como palabras en inglés inexistentes, más escritas, horarios de aperturas de iglesias del año pasado y recorridos de las procesiones sin actualizar. La chapuza ha obligado a retirar la guía de las oficinas de turismo. En los corrillos previos a la procesión de la Hermandad Universitaria, dentro de la Clerecía, se comentaba, y mucho, el silencio con que se ha llevado esta pifia.

¿Quién es el responsable? ¿Cómo nadie se ha dado cuenta antes de repartir la guía? ¿No hay nadie que la revisó antes? ¿Nadie la corrigió? ¿Cuánto ha costado este fallo monumental? ¿Quién ha cobrado ese dinero por un trabajo chapucero? ¿Le obligarán a devolverlo? ¿Habrá consecuencias en la Junta de Semana Santa? Eran algunas de las preguntas que pululaban por la Clerecía sin respuesta. Silencio.

El mismo que después era protagonista de la promesa en el Patio de Escuelas con el Cristo de la Luz y la Virgen de la Sabiduría como testigos. Silencio que se solicitaba guardar en múltiples carteles colocados en las vallas que separaban al público de la comitiva. Silencio roto por la cantinela de algunos teléfonos móviles. Se supone que si alguien va a profesar su fe, debería guardar un mínimo de respeto, y qué menos que dejar en silencio o al menos en vibración el terminal. Porque cuando se acude a una procesión, es para sentirla en el alma, para disfrutarla por la vista o para gozarla por la emoción. Unos por fe, otros por devoción, otros simplemente por arte. Pero todos en silencio.