Portugal

Miranda do Douro celebra la Vida que llega con el nuevo año

2 enero, 2017 21:23

En época de solsticio, en el paso de año se celebra la muerte de lo que es viejo, exaltándose el sortilegio del renacimiento de la vida después de un tiempo de oscuridad y de muerte de la naturaleza que suponen los último meses del año y, más concretamente, toda la celebración -con la singularidad de cada sociedad- de la Nochevieja. En este ritual de exaltación de lo nuevo -como es el paso de año-, la luz anticipa la primavera redentora, propiciando el retorno de la exuberancia de la vida. En Miranda do Douro, en las calles el fuego enciende dentro de cada uno de nosotros la esperanza de un Año Nuevo bajo la premisa de que lo que se haga el primer día del año se hace todo el año.

El viajero, mientras el mundanal ruido se clava en las entrañas nocturnas de las ciudades de este lado de la Raya, vive el paso de año en el otro lado. Noche fría -aunque al calor de la lumbre en la 'catacumba' de la Casa Sons da Terra de Sendim entre amigos- envuelta en una espesa niebla de la que parecen surgen los espíritus y duendes.

Tras la cena, dibujada por ese variopinto puzzle de la gastronomía portuguesa, y sin uvas, porque por estos lares aún no ha llegado la inmundicia del atroz consumismo llegado de ni se sabe dónde, la hora de paso de año se celebra en Miranda do Douro. Una despedida distinta, por no decir diferente, aunque suene parecido, porque hacerla distinta marca la diferencia. Es la recuperación del ‘Enterro do ano velho’, una tradición solsticial de invierno perdida hace muchos años, pero recuperada en estos días en que Portugal vuelve la mirada hacia sus raíces.

La inciativa parte del Museo da Terra de Miranda (MTM) –perteneciente al Gobierno de Portugal-, pero que cuenta con todo el apoyo de la Cámara Municipal de Miranda do Douro que preside Artur Nunes, quien, por cierto, vela en mano se puso en cabeza del sepelio bufo, para dar ejemplo. Además, cabe decir que esta recuperación también tiene mucho que ver con algunos vecinos de la ciudad que, por edad, ya la vivieron en sus años de mozos, tales como Armenio García, Abilio Barral o, cachis, las pompas fúnebres mirandesas Fernández. Para que no faltara ingrediente alguno como esas decenas de visitantes que, como el viajero, buscan algo más que cava, mazapán, cotillón y ruido mucho Ruido como sables,/ Ruido enloquecido,/ Ruido intolerable,/ Ruido incomprendido.// Ruido de frenazos,/ Ruido sin sentido,/ Ruido de arañazos,/ Ruido, ruido, ruido -suena Sabina-.

La bufa

En el Largo do Castelo, en la explanada de acceso al casco viejo, comienza ‘O enterro do Velho’, en la noche del 31 de diciembre. Son dos muñecos de paja y trapo, uno como símbolo del año viejo, que se pasea por las calles, y el otro, el nuevo que se erige –menino- en la plaza de la Cámara. Allí, en el Largo, los más mayores, como Armenio y Avilio, llegan con el muñeco en la clásica camioneta. Comienzan los preparativos, con un frío húmedo –típio del Planalto Mirandés- que corta los rostros. Encienden velas que entregan a los cientos de participantes que acompañarán el cortejo, se ponen las máscaras blancas –aseguran que antaño se cubrían los rostros con pañuelos blancos-, son las almas que acompañan a los difuntos-. Y también ‘o bispo’, figura principal que reparte bendiciones, comienza las oraciones y, cómo no, bendice con agua ‘bendita’, todo en una representación bufa.

El muñeco es colocado en unas andas para salir en procesión por las calles de la ciudad, acompañado por un falso padre, dos acólitos, todos vestidos de rigor, portando velas metidas en calabazas cortadas a la mitad. Detrás marcha la banda de música que toca una marcha fúnebre, y el pueblo con velas en la mano. El desfile, si antes regresaba al punto de partida, porque salía de la misma plaza del Municipio, ahora finaliza en este lugar, donde se ha montado una sepultura. A eso de las 12 de la noche, cuando aquí las campanadas desbordan burbujas de cava por aires y portes galanes, en Miranda do Douro comienzan las ceremonias fúnebres finales, con la bendición del padre. O Velho yace en la sepultura y, cuando las manecillas de los relojes –públicos hay pocos en Portugal- marcan las 12.00 explota una bomba en el interior do Velho y o Novo es finalmente alzado para alegría de los presentes. Como dice el refrán, allí y acá, ‘Rei morto, rei posto / A rey muerto, rey puesto’.

Ahora sí, comienza la fiesta con brindis de vino y espumante de Figueira y Murganheira, ambos de Portugal. La Banda de Música de Miranda toca alegres melodías mientras los vecinos bailan y se regocijan del nuevo año. La Banda se retira, por donde vino, a ritmo de marcha y, cómo no, comienza la fiesta con las gaitas de foles, bombos y cajas que recorren todas las bodegas de las casas hasta el amanecer, cuando el viajero emprende camino a Vila Chã de Braciosa… pero eso es harina de otro costal.

Mientras sube las escaleras de la fonda a reposar al menos un par de horas, piensa que el año viejo y el año nuevo no es más que el eterno retorno del universo. El compás marcado del ciclo estacional porque, el paso de un año a otro no es más que arrancar una hoja de calendario. Hago mío, no podía ser de otra manera, a Pessoa para estos días de invierno:

Coração oposto ao mundo, / Como a família é verdade! / Meu pensamento é profundo, / Estou só e sonho saudade. // E como é branca de graça / A paisagem que não sei, / Vista de trás da vidraça / Do lar que nunca terei! /

Corazón opuesto al mundo, / ¡Cuán verdadera es la familia! / Mi pensamiento es profundo, / estoy solo y sueño saudade. // Y, ¡cuán blanco de gracia / es el paisaje que desconozco, / visto al través de la vidriera / del hogar que nunca tendré!

FOTOS LUIS FALCAO