Pedro Sánchez en un momento de la entrevista que ha concedido en 'Mañaneros 360'.

Pedro Sánchez en un momento de la entrevista que ha concedido en 'Mañaneros 360'. TVE

Opinión

Sánchez se enfada

"Refugiarse en tópicos manidos cuando los hechos, huellas, las llama Sánchez, hablan por sí solos, no sirve de mucho, más bien al contrario, resulta contraproducente".

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Estos días Pedro Sánchez ha concedido entrevistas radiotelevisivas en las que ha demostrado su enojo, especialmente cuando se refiere a los procesos seguidos a su hermano y a su esposa; el primero condenado por la Audiencia de Badajoz y la segunda a punto de ser juzgada por un tribunal del jurado en Madrid. Enfado que le lleva a hacer afirmaciones hiperbólicas, como él llama, a las de la oposición.

Y más aún cuando se refiere a nuestro castellano y leonés Rodríguez Zapatero, imputado en causa penal.

Ya sabemos que para ser presidente del Gobierno no hace falta ser jurista, aunque todos los de la democracia lo han sido excepto Calvo Sotelo y el propio Pedro Sánchez, ya que lo fueron Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, Mariano Rajoy y el propio Rodríguez Zapatero.

Por ello, no es extraño que Sánchez diga cosas como que su hermano es inocente a pesar de haber sido condenado y que su esposa también lo es a punto de sentarse en el banquillo, por aquello del burladero de la presunción de inocencia, como lo define el jurista y exmagistrado del Tribunal Constitucional, Andrés Ollero, en una reciente e ilustrativa obrita titulada ¿Qué es el Derecho? (Senderos, 2025), de recomendable lectura.

Pero donde a mi juicio desbarra Sánchez es con su citado amigo José Luis Rodríguez Zapatero, con el que incluso quiere contar para su campaña electoral, lo que nadie entiende.

Y es que los políticos, y Zapatero lo es o ha sido en grado sumo, lo que según Ollero deben tener es una presunción de responsabilidad más que de inocencia, que también. Y ello por cuanto hay otro tribunal, además del de la justicia, que es el de la opinión pública, siguiendo a Ollero, que también juzga y que está avalado por los medios de comunicación que ejercen o deben ejercer su función con base a la verdad.

Por ello, no puede decirse, como hace Pedro Sánchez, que la denuncia contra su hermano fue promovida por medios de extrema derecha, ya que la primera fue presentada por Podemos de Extremadura, que no es sospechoso de derechismo.

A ambos no los han encausado por ser el hermano y la esposa del presidente, como él dice, sino por haber cometido actos delictivos según resoluciones judiciales. Además, en el caso del hermano, Sánchez dijo que la sentencia no era firme “y vamos a recurrirla (sic)*”, con lo que se siente concernido y da la razón a quienes, empezando por los jueces, consideran que su hermano se ha beneficiado de serlo del presidente.

En fin, saber lo que se dice cuando se tienen responsabilidades tan importantes exige no solo rigor sino también un cierto sentido del conocimiento de los fenómenos jurídicos esenciales, además de sentido común, como es sabido.

Por lo tanto, refugiarse en tópicos manidos cuando los hechos, huellas, las llama Sánchez, hablan por sí solos, no sirve de mucho, más bien al contrario, resulta contraproducente.

Un último pufo fue decir que se siente con fuerzas para volver a presentarse candidato y que “les volveremos a ganar”, cuando nunca ha ganado, como es de sobra sabido. Esta, como otras afirmaciones no correctas, me recuerdan lo que decía el general Santamaría, de grato recuerdo, que afirmaba con sorna que en política “hay cosas que no deben hacerse y si se hacen no deben decirse y si se dicen hay que negarlas”. Parece que nuestros gobernantes lo practican con demasiada frecuencia.