Inmigrantes en una Oficina Municipal de Atención Ciudadana. Europa Press
La inmigración divide
En la última oleada CIS de febrero de 2026, la inmigración se consolida como segundo problema ciudadano de España, en esta ocasión por detrás de la vivienda.
Sin atisbos de xenofobia, la inmigración masiva es una causa de división ideológica en España, que ha abierto ya una sima social. Incluso el CIS de Tezanos ha recogido en sus recientes barómetros una importante preocupación de los españoles por el fenómeno migratorio que nos afecta, hasta llegar a situarlo en un nivel récord como problema nacional.
En la última oleada CIS de febrero de 2026, la inmigración se consolida como segundo problema ciudadano de España, en esta ocasión por detrás de la vivienda. En el barómetro de septiembre 2024 la cuestión migratoria saltó bruscamente hacia el primer lugar de las preocupaciones de la ciudadanía española.
La reciente aprobación por el gobierno de España de medidas facilitadoras de la regulación de la inmigración irregular ha elevado la temperatura de la olla a presión de la política española, desgraciadamente polarizada en extremo. La oposición a Sánchez cree firmemente que tras la decisión se esconde sin ambages una pretensión de engordar burdamente los censos electorales, para en el rio revuelto tratar de “pescar” unos votos que el gobierno socialista y sus coaligados necesitan como el comer de cara a los comicios generales.
Los recientes acuerdos de gobierno entre PP y Vox para gobernar Extremadura, dedican un apartado entero a la política migratoria. Como medida para abrir boca la Junta de Extremadura solicitará al gobierno la inadmisión en España de menores extranjeros no acompañados (MENAS). Instarán al gobierno de Sánchez para adaptar inmediatamente el nuevo Reglamento Europeo de Retornos, que endurece la admisión de migrantes que hayan entrado de forma irregular en la UE. Igualmente se requiere a acrecentar el régimen disciplinario para los MENAS, se alojen o no en centros de acogida.
Otras medidas aluden directamente a la inmigración de origen islámico – no cabe poner cara de haba, porque este y no otro es el verdadero “problema identificado” de la preocupación de los españoles ante la inmigración – como son la prohibición del burka y nicab en espacios públicos, por “invisibilizadores” de la dignidad de la mujer. También en Extremadura se suprimirán los programas públicos de apoyo a la enseñanza de lengua árabe y cultura marroquí.
En Castilla y León, el PP de Fernández Mañueco está pendiente de conformar gobierno para esta Comunidad. Como las cuentas de la mayoría absoluta no les fueron regaladas a los populares en las últimas elecciones regionales, solo el acuerdo con Vox podrá investir un nuevo ejecutivo. Dice el refrán popular “Ves Sevilla, ves tu villa”, que en román paladino sería “Ves Extremadura, verás Castilla y León”.
Santiago Abascal ya ha lanzado a Mañueco el aviso a navegantes “va a tener que pactar con quienes acusó de querer tirar seres humanos al mar”. La hemeroteca es demasiado maligna y Vox aprovecha para poner ante el espejito mágico de Mañueco la frasecita de marras que aduce Abascal.
En medio de la cruda batalla de la política española ante la cuestión migratoria, surge la voz de la iglesia. La Conferencia Episcopal Española dice lo que tiene que decir y procede en consecuencia. La defensa del Evangelio no admite matices para el órgano colegiado del episcopado, ni debería tenerlos para todo católico. Pero la fe del catolicismo, su qué y cómo es una vivencia personal y propia de cada cual.
Monseñor García Magán, secretario general de la CEE, rechaza la idea de “prioridad nacional” que sostiene Vox. Las relaciones del episcopado con los de Abascal pasan por momentos turbulentos. Especialmente ante el nudo gordiano de la inmigración. Luego confirma que en la sociedad española el asunto divide y no une.
El arzobispo de Valladolid, monseñor Argüello, una de las cabezas mejor amuebladas con las que podemos encontrarnos dentro y fuera de la iglesia, clavó la síntesis del fenómeno migratorio en España ya en 2024, en una intervención en el pleno de la Conferencia Episcopal.
Merece la pena reflejar la cita textual del prelado vallisoletano sobre los inmigrantes: “ Su presencia es controvertida y paradójica: la demografía de nuestra sociedad los necesita, pero generan rechazo; el mercado laboral los reclama, pero tiran de las condiciones laborales hacia abajo; viven en nuestros pueblos y barrios y participan en los servicios del estado del bienestar, gracias a sus hijos se mantienen escuelas que sin ellos cerrarían, pero la sanidad y los servicios sociales experimentan límites; a veces, se generan guetos y se pone de manifiesto la dificultad real del multiculturalismo”.
Sin salir de la linde del Evangelio, que exige acoger y ayudar al prójimo, Argüello es consciente de la dificultad real del multiculturalismo. Ya se ha probado sobradamente en Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica o Italia. El “multiculturalismo islámico” – que en nada se asemeja al hispanoamericano- ha generado problemas muy serios. Llámese al pan, pan y al vino, vino. España necesita un gran pacto político y de los entes sociales ante la inmigración. En esta gran nación con tantas de sus gentes “echadas al monte”, ahora es misión imposible. Pena, penita, pena.